
No es noticia que el mercado viene atravesando semanas intensas. El escenario post PASO no estaba descontado en los precios y eso llevó a una creciente volatilidad en todos los instrumentos. Sin embargo, a pesar de las turbulencias, los activos que mejor funcionaron como cobertura, fueron las acciones.
Aquí, una breve guía con todo lo que el inversor debe saber a la hora de invertir en títulos de renta variable:
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Las acciones son valores que representan una porción del capital social de una empresa, por lo que se entiende que quien la compra se convierte en accionista o socio de esta. Su emisión permite a la compañía recaudar capital con la venta de las mismas para afrontar nuevas inversiones, y por lo tanto, constituye una forma de financiamiento.
Es importante destacar que las acciones se consideran activos de renta variable. Esto último implica que su rentabilidad no está preestablecida.
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Para hacerlo más gráfico, imaginemos una empresa familiar que está creciendo y piensan realizar una gran inversión. Los dueños de la empresa en este momento son tres hermanos, donde cada uno tiene 33,3% de propiedad sobre el capital social -es decir, cada uno es dueño de una parte igual de la empresa-.
Para llevar a cabo la inversión, necesita una gran cantidad de dinero con la actualmente no cuenta. Entonces se plantean dos alternativas: tomar un préstamo bancario o emitir acciones. Tomar un préstamo significa endeudar a la empresa y generar una obligación de pago a futuro. En cambio, emitir acciones es como vender un porcentaje del capital de la firma, pero manteniendo el control de la gestión y el negocio. Esto va a generar que ingrese dinero, sin endeudarse.
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Los hermanos deciden emitir acciones por un 25% del capital social. Esto significa que antes eran dueños del 100% de la compañía, divida en tres partes iguales del 33,3%; pero luego de la emisión de acciones, pasan a ser dueños del 75% (25% de propiedad para cada hermano) y el restante 25% pertenece a aquellos inversores que compren las acciones que emitió la empresa.
De esta manera, antes la empresa tenía sólo tres propietarios y hoy tendría muchos más (dependiendo la cantidad de accionistas que haya). Por ende, si antes las decisiones las tomaban solos los tres, ahora deben llamar a una junta de accionistas, en la cual todos aquellos que posean acciones de la propiedad pueden ir a ejercer su derecho a voto.
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Claro que esa es la teoría desde el lado de las empresas, pero cambiando la óptica, el inversor, generalmente no compra acciones pensando en tener una parte del capital social de la organización, sino que lo hace en búsqueda de una rentabilidad.
Ahora es importante tener en cuenta que debe haber un análisis previo que le permita prever si a la compañía le va a ir bien o no a futuro. Si compra una acción y a la empresa le va a bien, el valor de la acción va a subir, porque el capital social va a ser cada vez mayor. Por lo tanto, cuando la venda, lo hará a un precio más alto del que la compró, obteniendo una ganancia.
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Otro aspecto relevante a tener en cuenta es que las empresas que emiten acciones y cotizan en Bolsa están obligadas a cerrar estados contables e informar sus resultados al mercado de forma trimestral. Así, los inversores pueden conocer cómo le fue a la firma en los últimos tres meses y, a partir de allí, decidir comprar, vender o mantener las acciones.

Incluso cuando la empresa tiene resultados positivos (tiene ganancias) puede decidir repartirlas entre sus accionistas. Ese reparto de ganancias es conocido como pago de dividendos. El dividendo es la proporción de ganancias o beneficios que una compañía que se reparte entre sus accionistas. Cada accionista, cuando la empresa decida repartir dividendos, va a recibir un porcentaje de las ganancias que va a corresponder con la cantidad de acciones que posea.
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Supongamos que una empresa tiene 100.000 acciones emitidas que corresponden al 50% del capital social. El restante 50% corresponde a los dueños originales de la empresa. Como hay 100.000 acciones en circulación, cada acción va a representar un 0,0005% del capital total de la empresa (50/100.000). Es decir, que, si el inversor adquiere una acción de esa empresa, es dueño de sólo el 0,0005 por ciento.
Si la compañía en el último período registró una ganancia de $100.000.000 y desea repartirla entre sus accionistas, el inversor recibirá un dividendo de solo el 0,0005% de esa ganancia, ya que es lo que le corresponde por la cantidad de acciones en su poder. Es decir, va a recibir un dividendo de $500. Y es por esto que muchos inversores, arman carteras con acciones que pagan dividendos de forma regular, para lograr un flujo de ingresos constante.
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Por último, ¿cómo invertir en este tipo de activos? Desde cualquier ALyC se puede acceder a estos instrumentos, se compran con pesos y los montos de entradas son realmente bajos, ya que hay acciones que valen incluso menos de 100 pesos.
Por ende, son accesibles para todos los inversores. Sin embargo, la recomendación es consultar con un asesor financiero antes de tomar la decisión de invertir en renta variable, ya que, al ser instrumentos de renta variable, su riesgo y volatilidad pueden no ser aptas para aquellos más conservadores.
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