
Lo único que queda del peronismo son los gorilas, gente que nunca soportó ni la democracia ni la revolución industrial, y mucho menos a los pobres. Y los infiltrados, algunos de izquierdas fracasadas y otros, muchos, hábiles jinetes de la era del oportunismo. Ideas, pocas y en patrullas perdidas. Quizás tengan razón, era una etapa de la conciencia de la patria difícil de acomodar a la actual vocación colonial. En nombre del peronismo, Menem exagerando el liberalismo vendió todos los bienes del Estado y los Kirchner agredieron en versión socialista. Fueron dos variantes del oportunismo que hicieron ricos a miles de vivos de todo tipo, eso sí, condenando a la pobreza a casi la mitad de la sociedad. Cuando se alaba la estabilidad de la democracia se olvida o niega que esos miles que cortan las calles fueron engendrados en ese mismo rescatable proceso.
Lo malo de las ideas de pura coyuntura, como todas hasta hoy, es que sus portadores terminan con prestigios tan pasajeros como las mismas teorías que acompañaron en nuestra imparable decadencia. Menen terminó escondido en el Senado, pareciera que a Cristina le corresponde un destino similar. Las lealtades del poder son al poder, casi nunca a la persona. Para el actual ocupante del sillón el mejor de los regalos solo sería el olvido. Sin embargo, la referencia al peronismo la abrazan todos, tanto quienes lo odian como los que dicen amarlo. Es como el recuerdo de la juventud, tiempos de omnipotencia exagerados por la memoria, tiempos que terminan abarcando lo más digno de ser recordado. Al menos ese momento glorioso se impuso en la memoria colectiva, por la alegría de los que se integraron a la sociedad y por el resentimiento de quienes vieron de golpe a demasiados compartiendo las riquezas colectivas.
Con el peronismo los obreros ingresaban a la clase media, en su nombre hace décadas que se los devuelve a la clase baja o a la misma marginalidad. Su nombre nos lleva al recuerdo de la última etapa de la revolución industrial, con fábricas y obreros, luego será el tiempo de los bancos, los importadores y las coimas, el intento de cambiar el esfuerzo por la renta. Y aquí nos detenemos, en la etapa de los parásitos, la más trágica imagen de la decadencia. Le pasó lo mismo a los radicales, partidos patriotas que no logran adaptarse a esta visión colonial actual. La diferencia entre los patriotas y los colonialistas es que nosotros tenemos un recuerdo glorioso, pleno de humildes gritos de alegría en cambio lo de ellos es ficción como recuerdo y gobierno militar reprimiendo como realidad. Inventaron una gloria que nunca tuvieron, derrocaron a todos los gobiernos democráticos y asesinaron miles de argentinos.
Radicales y peronistas expresaron la democracia mientras los otros, casi todos, tuvieron los golpes de Estado para imponer su cruel visión del mundo y de la economía. Como buenos herederos siempre que se les agotaban los recursos recurrían al endeudamiento. Para importar dejaron a miles en la calle y ahora se quejan de los cortes. Esos son los caídos de la democracia que antes no existían, tampoco los imbéciles que predicaban que es lo mismo producir que importar, los caídos son el cruel fruto de esa atroz demencia. Ni el ajuste ni la represión son un destino, imaginar que hay un solo modelo económico para todas las opciones políticas es una propuesta de alcahuetes rentados.
Hoy nos ofrecen oportunismos varios, casi todos recorrieron los mismos lugares del poder que no eran partidarios. Por eso carecen de rumbo y de mística, necesitan contratar expertos de mercado que les suministren lujosos envoltorios para ocultar la pequeñez de su mirada. Necesitan asesores de imagen ya que la propia no dice nada, se les nota que les da lo mismo, que abrazan el sueño del poder sin hacerse cargo de las consecuencias de su ambición.
Nuestra decadente política no detiene su marcha, enriqueciendo dirigentes a cambio de empobrecer a la misma sociedad. Antes de la democracia no había caídos, ahora son millones, es hora de asumir la autocrítica y reconocer que todos somos responsables, el que se considere libre de pecado que arroje la primera piedra. Sólo asombra que las elecciones multipliquen la agresión sin asumir la necesidad de reflexionar juntos para no continuar la decadencia. Unos ofrecen ajustes, otros no tanto, pero política para recuperar un destino colectivo, eso, por ahora, no lo propone nadie. Si no nos animamos a debatir la ley de entidades financieras y limitar la concentración económica, sin tocar esos dos puntos centrales no estaremos debatiendo de nada. Asumamos que con este nivel de injusticia nuestra sociedad se vuelve inhabitable. La democracia ayudó a consolidar la injusticia que el golpe definió, es hora de revisar las consecuencias y revertir las causas. La política es eso, el resto, solo reparte cargos a indignos beneficiarios.
Seguir leyendo:
Últimas Noticias
La guerra es allá. El ajuste es acá
Las tensiones internacionales, especialmente en Medio Oriente, se traducen en presiones inmediatas sobre precios y salarios en la Argentina, evidenciando la fragilidad de una economía expuesta a shocks externos en escenarios de inestabilidad

Más allá del asistencialismo y la retórica electoral
Del análisis comparado de los 36 planes de gobierno, se evidencia niveles desiguales de desarrollo y coherencia, lo que refleja distintas concepciones sobre el rol del Estado, la protección social y la garantía de derechos

Interculturalidad: la ventaja de trabajar “entre diferentes”
Las organizaciones que logran integrar diferencias culturales (no sólo tolerarlas) toman mejores decisiones, innovan más rápido y ejecutan con mayor resiliencia

El efecto dominó del ducto
La recuperación tras el corte en el ducto de Camisea pone de relieve la importancia de contar con mecanismos de respaldo y soluciones ante la continua exposición a riesgos




