
Caos permanente y movimiento eterno, el océano nos muestra desde los albores de la Humanidad todas sus facetas: salida a la aventura, llegada desde lo desconocido, lugar de disfrute, ensoñación y reflexión.
Esta esencia en toda su diversidad es la que se celebra en el Día Internacional de los Océanos, una fecha que nos convoca cada 8 de junio a admirar esos gigantes silenciosos que cubren el 70% de la superficie de nuestro planeta.
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Pero la imagen romántica del océano tiene su contracara, que se ve reflejada en toda su riqueza y potencial. Hace algunas semanas participé en una conferencia sobre la gobernanza de los océanos en Panamá, donde fui invitada como miembro de Argentina Global. Este encuentro convocó a una extensa red de expertos en el entorno marítimo como asunto estratégico, bajo la premisa de que es necesario garantizar el futuro sostenible para las próximas generaciones: hoy, buena parte de ese futuro se juega en los océanos.
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Para dimensionar su importancia sirve entender al Océano como un país: medido por la riqueza que produce, sería la séptima economía del mundo. Se trata, por cuestiones evidentes, de una de las opciones para el desarrollo más importantes que hoy tiene la Argentina. La posición de nuestro país, como cuña del Atlántico Sur y territorio más próximo a la Antártida, hace que la gobernanza marítima tenga que ser una política de Estado.
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El Día Internacional del Océano está precedido por el Día Internacional contra la Pesca Ilegal, que se celebra todos los años el 5 de junio. El de la pesca no reglamentada es un flagelo íntimamente relacionado con ese futuro que necesitamos alcanzar y proteger. La extinción de especies oceánicas por la pesca predatoria y sin control es el problema más importante, aunque también tiene un costado socioeconómico, al atentar de forma directa contra el sustento de miles de familias de pescadores responsables. Es que hoy la proteína animal más consumida proviene del mar, pero se estima que la pesca ilegal, no declarada ni reglamentada representa el 20% de ese negocio global.

Prueba de esta importancia son los 90.000 buques mercantes que actualmente navegan por sus aguas, verdadero motor de la economía mundial. El papel del océano como generador de oportunidades no puede soslayarse. Su actividad primaria comprende el funcionamiento de puertos, la industria de los contenedores, los seguros y una amplísima gama de servicios que proporcionan sustento a millones de personas alrededor del mundo. Incluso la posibilidad de que podamos estar leyendo estas palabras desde una computadora o un celular también tiene que ver, aunque suene extraño, con los océanos. Es que por su lecho se apoyan los cables submarinos que nos comunican con el mundo a través de internet, y sin los cuales la economía abierta del mundo globalizado no podría existir. También en ese lecho existen minerales que son esenciales para la industria, como los hidrocarburos (e incluso otros que todavía no conocemos), y cuya explotación responsable podría triplicar en la próxima década lo que produce la Argentina anualmente.
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Más allá de las actividades económicas relacionadas con la pesca, la explotación de vegetales y la biotecnología, el océano, en su inmensidad, es también uno de los campos de investigación científica más prometedores. La búsqueda de nuevas formas de vida marina, desconocidas hasta ahora, podrían proporcionar la respuesta y cura a enfermedades a través de nuevos medicamentos. Este es uno de los desarrollos potenciales donde, quizás literalmente, podría encontrarse el futuro de la Humanidad.
Hoy la Argentina y el mundo celebran al océano en todas sus facetas: como condición indispensable para las playas, los deportes y el turismo que hacen que millones de argentinos puedan disfrutar de un merecido descanso; como motor económico del que dependen millones de trabajadores de todo el mundo; y, fundamentalmente, como sustento de la vida del futuro.
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Es esta necesidad de un buen ordenamiento en los asuntos relativos a los océanos lo que nos obliga a contar, sin más demoras, con una Estrategia Marítima Nacional. Es indispensable una política de Estado integral que asegure el desarrollo de los intereses nacionales en el entorno marítimo y que provea los medios necesarios para preservar su carácter pacífico, estable, sostenible, seguro y protegido. Pero sobre todo, que garantice el derecho de las generaciones futuras a disfrutar de todo lo que hoy el océano tiene para ofrecernos.
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