
Inmersos en un loop de crisis permanente, los argentinos nos preguntamos si desde el Gobierno nacional seguirán actuando como meros espectadores de la realidad que construyeron o si algún día finalmente se harán cargo de la situación.
El último informe del INDEC dio a conocer dos índices escalofriantes: la pobreza del segundo semestre del año pasado alcanzó el 39,2% y la indigencia, el 8,1%. Luego de estos anuncios, el kirchnerismo brilló por su ausencia. También lo hizo cuando en marzo se registró la inflación más alta de las últimas dos décadas. Al parecer, lo único que les preocupa en este momento es garantizar la impunidad de su principal referente y dueña del escaso capital político que aún ostentan.
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Mientras ellos sostienen el relato de la proscripción - e incluso se organizan para marchar bajo esa consigna -, la realidad sigue doliendo. Más de un tercio de los argentinos son pobres. El 54,2% de los menores de 14 años de todo el país son pobres. La plata no alcanza. La gente tiene hambre.
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Como si la inestabilidad económica con la que convivimos a diario no fuera suficiente presión para las familias argentinas, en un contexto en el que el dólar aumenta todos los días generando una escalada de precios sin control, además tenemos que lidiar con el flagelo de la inseguridad: la mayoría de los argentinos no pueden salir y volver tranquilos a su casa porque tienen miedo. Que te roben el celular, la billetera o incluso hasta tu propia vida lamentablemente son hoy episodios cotidianos de una realidad que angustia.
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En contraposición, en la Ciudad de Buenos Aires tenemos la tasa de delitos más baja de la que existe registro. Las tasas de homicidios dolosos cada 100 mil habitantes en 2020 y 2021 son las más bajas desde que se cuenta con estadísticas (1995). El promedio mensual de robos y hurtos de 2020 y 2021 también es el más bajo de las últimas dos décadas. Estos datos son ejemplos claros de que el trabajo, la convicción y la planificación marcan la diferencia. Y estos resultados podrían replicarse - si así lo deciden los argentinos - en todo el país.
A la cuenta regresiva del Gobierno nacional le quedan solo siete meses. El tiempo se les agotó. De los últimos 20 años, gobernaron 16. Háganse cargo, Presidente y Vicepresidenta, del daño estructural que generó su nefasto gobierno en la sociedad. La inflación desmedida, la caída del empleo genuino, un país que hace años solo crece en inseguridad… Esta es la verdadera realidad que construyeron, la consecuencia de sus desmanejos.
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Mientras el kirchnerismo se disputa el poder a costa de la vida de millones de argentinos, y actúan como si no fueran los responsables de la actual gestión, hay un equipo que se está preparando para cambiar - de una vez por todas - el rumbo de nuestro país. Que quiere hacer las cosas bien. Que viene demostrando, año tras año, su capacidad de gestión y planificación a largo plazo. Trazando un rumbo concreto y evidenciando que si dejamos atrás la improvisación, existe otra Argentina posible. Que podemos salir adelante. Que con esfuerzo, trabajo y visión vamos a volver a ese presente con futuro prometedor que nos merecemos.
Cada vez falta menos.
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