La corrida cambiaria finalmente hizo reaccionar al Gobierno. Durante los primeros días de las tensiones cambiarias la inacción oficial fue absoluta, aunque finalmente la intervención en el mercado de bonos para controlar los dólares financieros, la suba de la tasa de interés de referencia de la política monetaria y algunos “llamados” para intentar contener la situación hicieron lo suyo logrando que el dólar no traspase la barrera de los 500 pesos por unidad.
Todo resulta cortoplacista. La intervención en el mercado de bonos no es más que dilapidar activos por la nada misma, o en tal caso es simplemente agrandar los problemas de hoy para lograr ganar solo un poco más de tiempo.
El Banco Central de la República Argentina finalmente confirmó la suba de la tasa de referencia. Los instrumentos con los que la entidad cuenta para esterilizar los pesos de la economía e intentar contener la inflación pasaron de rendir un 81% nominal anual a un 91% (lo que implica ahora una tasa efectiva anual cercana al 140%).
Este nivel de tasa de interés no se veía desde el año 2002 cuando la salida de la convertibilidad obligó al BCRA a ofrecer tasas astronómicas para contener la estampida hacia el dólar, tiempos aquellos donde nadie sabía bien como vivir sin las bondades del 1 a 1 que aún estaban muy presentes en la mente de todos los argentinos, situación que generaba aún más apetito por resguardarse de los primeros brotes devaluatorios del peso argentino.
Independientemente de lo que pueda preocupar en el imaginario popular el paralelismo entre el hoy y lo que ocurría en la Argentina dos décadas atrás lo cierto es que la suba en las tasas de interés implican una emisión futura en torno a los 18,2 billones de pesos ($18.200.000.000.000) anuales solo en intereses de las Leliqs y Pases. Esto equivale a emitir 1,5 billones de pesos por mes ($1.500.000.000.000), algo así como 50.000 millones de pesos por día.
Siendo más gráficos: solo en intereses emitiremos más de 500.000 pesos por segundo. Los números resultan astronómicos pero por sobre todo, preocupantes en materia inflacionaria: se estará emitiendo el equivalente a todo el actual circulante de billetes y monedas de la Argentina cada tres meses.
La Argentina sufre desde hace más de 20 años una sistemática destrucción de su moneda. El alza en las cotizaciones del billete verde y la inflación cada vez más elevada no son más que la pérdida de valor permanente del peso argentino.
Hasta que la política no entienda que la inflación y el valor del dólar son solo los síntomas de una economía enferma y terminal, no habrá manera de dejar atrás estos tiempos de crisis que no tienen como resultado otra cuestión que no sea el empobrecer cada vez más a cada uno de los argentinos.
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