Juntos somos nada

La democracia se diferencia en acentos, no tiene vigencia entre enemigos, no soporta la alternancia de rumbos. No necesitamos que las elecciones nos den un candidato sino que nos devuelvan un destino

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Afiches que reclaman la candidatura
Afiches que reclaman la candidatura de Cristina Kirchner

Juan Domingo Perón decía que conducir era poner voluntades en paralelo. Sabía que en la Argentina de los egoísmos se confrontan los egos y se ignoran las ideas.

El gobierno es débil, demasiado. Los espacios de poder vigente no soportan que los votos los obliguen a volver al llano entonces se convocan y se juntan por temor a la derrota.

La idea de la proscripción frivoliza a aquel Perón prohibido en serio que en su retorno superó el 60% de los votos. Lo importante es que aquel poder incluía el diálogo, el encuentro, el abrazo con Ricardo Balbín que perdía las elecciones sin sentirse derrotado porque no lo era.

Las elecciones convocan a acumular ambiciones de ambos lados del mostrador, de ambas tribunas de la grieta. Candidatos sobran, ideas faltan. La pobreza crece a la par de la codicia, la sociedad sólo imagina el futuro en un sutil retorno al pasado. La idea alrededor de “Todo tiempo pasado fue mejor” no es real para todos, la mayoría de nuestros países hermanos han mejorado, nosotros no. Pedir la candidatura de Cristina o la de Macri desnuda carencia de ideas y de proyectos, y la pregunta atroz sería: ¿Qué le queda a la política argentina si sacamos los cargos y las prebendas?

La pérdida del respeto por el talento, el pensamiento, el proyecto o la idea representa la expresión más patética de la decadencia, se deleitan buscando la filosofía en la marginalidad. Sucede que razonar, el pensamiento de verdad, obliga, mientras que la provocación divierte, conforma, entretiene, no exige nada, engaña.

Nuestros mayores amaban el esfuerzo y nos legaron el progreso. Nosotros nos enamoramos de la pequeñez de la viveza y nos quedamos sin destino.

Los ricos fugan capitales y los pobres se niegan al esfuerzo, la excusa de los unos son los otros y su consecuencia es el dolor de un “sin salida”. Muchos de los que buscan trabajo emigran y por otro lado la oferta de trabajadores extranjeros es cada vez mayor.

La política debería devolvernos un futuro, jamás habrá estabilidad si se gobierna por turnos. La democracia se diferencia en acentos, no tiene vigencia entre enemigos, no soporta la alternancia de rumbos. Lo bueno de la izquierda es defender a los trabajadores jamás incitar a vivir sin trabajar. Lo bueno de la derecha es desarrollar la producción, jamás exiliar el capital. Sin el esfuerzo del trabajo y la inversión en ahorro no hay mañana. El resentimiento es enemigo del progreso. Hoy confrontan la codicia de los ricos con las prebendas de los cargos. No sabemos que es más dañino si el exilio de nuestros hijos o la fuga de nuestras riquezas.

Los que gobiernan fracasaron y solo les queda pegar el alarido sobre el riesgo de que gane la derecha. Que en una sociedad donde crece la pobreza se vote a los conservadores es la peor demostración que del otro lado no queda nada que valga la pena.

Candidatos sobran, proyectos faltan.

Sólo el talento nos puede devolver la esperanza y sacarnos de esta atrocidad que es el imperio de la viveza. No necesitamos que las elecciones nos den un candidato sino que nos devuelvan un destino.

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