
A veces se me ocurre que el acto de robar limita la capacidad de pensar, es un rasero de mediocridades que solo nos podría explicar la corrupción. Las billeteras limitan los cerebros, esta escasez de ideas debe tener algo que ver con la abundancia bancaria.
Alberto Fernández resulta indefendible, sin embargo, tuvo dos aciertos al mantener su amistad con Evo y con Lula cuando ambos estaban en la mala. En algo acertó, pero no se puede imaginar nada más. La oposición observa con disgusto que este no es el tiempo de las derechas, el soñado Chile ejemplo liberal de Pinochet se volvió pesadilla, el mismo Bolsonaro se disolvió en la rebeldía infantil de los que sueñan con Miami.
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La convocatoria de la CELAC fue excelente, es cierto que condenar dictaduras como Cuba, Venezuela y Nicaragua es imprescindible y que el Gobierno en este tema se hace el distraído. Claro que la oposición no puede reducir su participación al éxito en haber impedido la presencia de Maduro teniendo en cuenta que son muchos miles de venezolanos los que tienen derecho a cuestionar el régimen que los obligó a emigrar, lo mismo sucede con los cubanos y lo sucedido en Nicaragua excede los límites de toda imaginación. La importancia de los discursos, de varios de ellos, no logró la relevancia que merecían. El pensamiento no es hoy la pasión que nos convoca.
La historia de Cuba, se inicia como revolución para terminar como la peor dictadura. El bloqueo es una excusa, la falta de libertades una realidad. Uno se pregunta si el socialismo podría haber sobrevivido acompañado de libertad, en ese caso hubiera sido un gran aporte para el continente. La violencia, la idea de que el poder sólo estaba en la boca del fusil, fue nefasta, se llevó millares de vidas, amén de ser absurda para un pensamiento como el peronista a quien siempre le resultó fácil triunfar en las urnas.
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Cuba nace con el desafío de cuestionar el capitalismo y muere abrazada al estalinismo, dejando al marxismo en la peor de las agonías. El caso de Maduro es distinto, nace con Chávez y termina convirtiendo un país rico como Venezuela en un generador de exiliados. Nicaragua no tiene siquiera alguna pretensión de trascendencia, solo expresa la demencia de un matrimonio de aventureros autócratas.
La concurrencia demostró que Argentina sigue ocupando un lugar expectante en el continente, más allá de la atroz mediocridad de sus dirigencias. La realidad latinoamericana avanza sin dudar hacia una ubicación de centro izquierda, ese rumbo que tan bien marcaron en su momento Lula y Mujica y que hoy acompañan Petro y Boric. Uruguay pensada desde el significado de la palabra democracia es ‘un hermano mayor’ puesto que es un país donde los ex presidentes conviven con respeto, mientras los nuestros ni siquiera toleran un saludo.
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Nuestro Presidente puede sentirse amigo de Lula, pero el kirchnerismo no tiene siquiera una historia digna y respetable como el PT brasilero. La ausencia del presidente de México puso a la vista algunos errores políticos y la del presidente de Ecuador trajo el recuerdo de algunas groserías diplomáticas. Con este encuentro de países terminó la última posibilidad de lucirse del actual presidente, cuyo aporte más digno es el silencio.
El kirchnerismo vuelve a una situación agónica, simétrica a la del menemismo en su final. Solo puede sobrevivir algún candidato que exprese al peronismo siempre que no deba hacerse cargo de la magnitud de los errores del gobierno actual. La confrontación con la Suprema Corte es tan solo la búsqueda de una nueva derrota o bien, la torpe justificación de los propios errores.
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El Santo Padre nos recordó los números de la pobreza en tiempos pasados y la comparó con la desmesura de la actual. Una vez más, algún vocero del oficialismo cayó en la frivolidad de intentar echar la culpa a Macri, cuando los números demuestran que este crecimiento de la pobreza, más allá de los altibajos, acompaña la totalidad de los tiempos de la democracia. Solo quien sea capaz de sacarnos de la grieta, podrá evitarnos la decadencia, el resto continuará alternando triunfos coyunturales de odios pasajeros. Tenemos todo para volver a ser dueños de un futuro envidiable, podemos recuperar el optimismo, la naturaleza es prodiga, la dirigencia ya está obligada a llegar. Como supo decir el maestro Marechal, “la patria es un dolor que aun no tuvo bautismo”. Es tiempo de superar el pesimismo e ingresar en la esperanza.
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