El régimen cubano como paradigma de fracaso sistémico

La isla no tiene respuesta a su crisis económica, política y social, a sus violaciones sistemáticas de Derechos Humanos y a su sistema fallido

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Un hombre cruza una calle en La Habana, Cuba, el lunes 25 de mayo de 2026 (AP Foto/Jorge Luis Baños)
Un hombre cruza una calle en La Habana, Cuba, el lunes 25 de mayo de 2026 (AP Foto/Jorge Luis Baños)

Este artículo no va a repetir lo que hemos dicho muchas veces respecto al fracaso del régimen cubano, sino que es un análisis de cómo un sistema puede repetir lógicas de fracaso sin solución de continuidad para que la inexorabilidad de las causas produzca exactamente los mismos efectos, hundiendo cada vez más al país en un remolino de políticas nefastas y extremadamente perjudiciales. El régimen de Cuba no tiene respuesta a su crisis económica, política y social, a sus violaciones sistemáticas de Derechos Humanos, a su sistema fallido, al cual se le acusa principalmente de silenciar a su pueblo y encerrarlo en su sufrimiento. La naturaleza autosancionatoria de su estructura, su fórmula y sus acciones políticas, así como la parasitación respecto a sus asociados internacionales, han estimulado el fracaso.

El fracaso autoinfligido que será siempre recurrente porque si se cierran todas las vías para resolver problemas, entonces todas las acciones emprendidas en este contexto serán completamente ineficaces y, en última instancia, repetirán sistemáticamente el fracaso. Además, tras reflexionar sobre este tema, la izquierda debería acercarse a la Democracia y retomar el posicionamiento estratégico de defensa de los DDHH, por más que Cuba se considera otra forma de comportamiento de izquierda, esa forma de comportamiento y de conceptualización ideológica es demasiado arcaica, es un símbolo de la guerra fría y de la incapacidad de hacer funcionar las cosas. Un fracaso sistémico difícil de admitir por la izquierda de la región, salvo Mujica que alguna vez calificó al régimen cubano como el sistema de redistribución de la miseria, los demás han obviado hasta las más obvias referencias democráticas que sería necesario hacer al analizar a Cuba.

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Por otro lado, la falta de lógica del régimen cubano y la falta de un proyecto ético vuelve absolutamente válida la acusación que se le hace que resalta todos los aspectos repugnantes de la situación nacional. Algunos aspectos que serían verdaderamente revolucionarios y se podría demostrar el beneficio para el país de un “orden público” que tuviera como fundamentos, por ejemplo, una visión moral que restaurara ideas claves como la belleza que pertenece a la geografía de la nación y, fundamentalmente, también la individualidad humana cubana que es extraordinariamente poderosa y productiva. Pero las acciones políticas son completamente contrarias a esto y solo sirven para aislar el poder respecto a su propia gente. Y para que la geografía se transforme en prisión.

Los problemas que enfrenta el país llevan a repetir que esto se debe a que su teoría política se basa en acciones para la reproducción de la crisis pura, que a su vez se basa en la opresión; la “revolución” misma se ha transformado solamente en una forma de opresión, en la que el poder es ejercido sistemáticamente sin capacidad para diversificar, ni para incluir, ni para permitir acceder a Derechos. Todo sistema finalmente debería llegar a un punto en el que debe restaurar la unidad de la sociedad y de las comunidad, pero en Cuba ocurre todo lo contrario, cada vez son más aquellos que el régimen deja fuera del sistema. El “yo” de los cubanos no es admisible para el sistema implementado, es un “yo” que debe ser manipulado desde el control totalitario de la perspectiva institucional, y que si se escapa de la misma se acusa a esos “yoes” de ser la negación de una realidad que intenta ser inevitable.

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La seriedad de la política estatal consiste en ignorar los medios técnicos de justicia y todos los valores considerados prácticos, dejando solo acciones de completo control social y político, en las que cada uno de los cubanos puede hacer lo que considere oportuno para micro resolver sus problemas dentro de la logica sistémica institucional general que no permite las soluciones sistémicas necesarias. Desde este punto de vista de resolver los problemas en el esquema de miseria del sistema, es imposible condenar los pensamientos o acciones de nadie, lo que cada uno debe hacer para sobrevivir. De ahí que la represión con espíritu socialista-humanitario que venden, el régimen no aborda diversas acusaciones planteadas respecto de violaciones de Derechos Humanos.

Miguel Díaz-Canel (Europa Press)
Miguel Díaz-Canel (Europa Press)

El sistema cubano sigue cerrilmente tratando de probar su fracaso, como si eso fuera algo todavía necesario, quizás si en la izquierda de la región no hubieran tantos obsecuentes respecto a la certificación del régimen cubano, quizás alguno podría haber tenido el coraje de avisarles que ya lograron con creces ese fracaso y que no es necesario seguir infligiendo semejante castigo y dinámicas de sufrimiento a su gente.

El sistema se resiste a asumir racionalidad dado que se encuentra inmerso en su propia lógica y esa es la única razón posible, la razón que hace operar a todos los elementos del sistema y principalmente las dinámicas de sostenerse en el poder y la represión, por lo tanto, la introducción de cualquier otra forma de racionalidad produciría graves problemas o crisis en un sistema que está diseñado para ser disfuncional y autocrático y sin capacidades operativas reales. La principal disfuncionalidad del sistema es que solamente se retroalimenta por los mismos procedimientos y respetando estrictamente sus mecanicismos ideológicos, estas son las condiciones por las cuales los elementos operan y asimilan los insumos que dan marco a esas operaciones, esto ha generado una permanente regresión institucional, especialmente por su desconexión con las relaciones sociales y económicas, así como la neutralización de toda actividad política que podría enriquecer el mismo.

Este principio también presupone que toda verdad y toda acción contienen las semillas de una crisis para la ecología política sistémica nacional, y la acusación más efectiva que se puede hacer contra el régimen es, sin duda, su excesivo énfasis en el lado oscuro de la vida nacional. La historia reciente nos narra la vida de una Cuba que da permanentes muestras de un nerviosismo poco decoroso, que permanentemente explica su comportamiento y luego inmediatamente se entiende que queda justificado, dado que nadie puede desafiar estas explicaciones internamente, las mismas adquieren prácticamente fuerza de fuente de derecho. La “moralidad” del sistema ideológico se transforma en la normativa del sistema social. Parece, pues, que el espanto político, social y económico se ha convertido en sinónimo de comunismo, y por eso la ideología de izquierda pasa por descriteriada muchas veces por defender estos sinsentidos; y si lo hacen y lo son, no resulta extraño que son tan escandalosos a la hora de defenderse. El escándalo a veces puede funcionar como antídoto de la razón, pero definitivamente la altisonancia no resuelve ni remotamente los problemas.

“Los ciudadanos solo podrán evitar confiar su destino colectivo a las fuerzas centrífugas de un sistema autorregulado que opere por encima de sus cabezas, mientras la idea democrática de una asociación de individuos libres e iguales que se han dado a sí mismos leyes conserve la chispa utópica, que puede surgir en cualquier momento de las cenizas de la rutina diaria y estallar en llamas para avivar una defensa enfática de los derechos violados”. Esta frase de Jürgen Habermas en Philosphical Introductions, page 131, polity press, 2018, sirve para pensar lo que ocurre en Cuba.

Las fuerzas centrifugas del sistema autorregulado cubano que opera sobre la gente ha eliminado hasta el último vestigio de utopía, asimismo ha reprimido la defensa enfática de los derechos violados pero no ha podido restablecer la rutina diaria porque el sistema está completamente colapsado por su propia ineficiencia y por sus designios auto-sancionatorios que lo llevan permanentemente a pensar con logica represiva y por lo tanto desestimular cualquier iniciativa que lo pueda hacer echar a andar de manera más o menos decente. Esos reflejos democráticos aparecieron y fueron avasallados por la represión, están allí, esperando su oportunidad, acallados por fuerzas centrifugas que han perdido completamente cualquier viso de acción política que otorgue al país un proyecto ético. Todo el sistema está diseñado para quebrar la resistencia no para que sea parte de la discusión y la elaboración del proyecto común.

Y asustarlos, porque hoy en día el temor ni vergüenza por lo que se llama régimen cubano es algo que salió de los procesos de introspección el 11 de julio de 2021 para ser devuelto a los procesos introspectivos a partir de una represión sistematizada, institucionalizada, pero absolutamente salvaje en su perpetración. El régimen está diseñado para que se comprenda fácilmente la política a través de su significado ideológico, el régimen consiste en la narración de su propia historia de una forma que fuerza la obediencia interna y que internacionalmente apela a la complicidad para parecer que está sobreviviendo, o que persiste, o que es resiliente, cuando lo que ocurre es exactamente todo lo contrario, el sistema ha perecido bochornosamente, sin soberanía, sin soberanía para el pueblo, sin derechos para la gente, sin comida para la gente, sin electricidad para la gente, sin agua para la gente, sin salud para la gente. Obviamente que nada podría ser más triste que la caridad que empieza por casa sea el leitmotiv de cada hogar cubano que padece las más extremas necesidades, mientras algunos intentan alentar internacionalmente a los dictadores lo hacen sabiendo que estos no están interesado en resolver los problemas acuciantes de su sociedad, continuando con la paradoja lamentable de transformar a los enemigos del régimen en enemigos del pueblo cubano, que es el mismo pueblo al que ellos castigan con lógicas de sufrimiento social imposibles de describir.

Pero como el sistema es refractario a cualquier racionalidad que proponga humildemente democracia y Derechos Humanos ha mecanizado su racionalidad ideológica única que exime de esgrimir argumentos, dado que los únicos admisibles son todos los que expresan esencialmente la misma idea: no se puede oponer a quienes ostentan el poder, no se puede oponer al poder dominante, no se puede intervenir en asuntos políticos porque pertenecen únicamente a la jurisdicción del partido comunista cubano, cualquier empresa sin respaldo empírico del poder está condenada al fracaso, y dado que la experiencia demuestra que las personas (disidentes) siempre tienden a hacer el mal, deben establecerse normas estrictas para controlarlas, o de lo contrario “nos hundiremos” en el caos.

Varias personas se iluminan con sus teléfonos mientras juegan al dominó, al tiempo que arde en una calle de La Habana, Cuba, una hoguera provocada por los vecinos que protestaban contra los prolongados cortes de luz (AP Foto/Ramón Espinosa)
Varias personas se iluminan con sus teléfonos mientras juegan al dominó, al tiempo que arde en una calle de La Habana, Cuba, una hoguera provocada por los vecinos que protestaban contra los prolongados cortes de luz (AP Foto/Ramón Espinosa)

Sin embargo, aquellos disidentes respecto al diseño de relaciones políticas, económicas y sociales repiten constantemente las reglas pesimistas de la vida, sin importar las amenazas o escarnios indeseables que escuchen, dirán cuán similar es esto a la naturaleza del Estado fallido del cual no va a venir ninguna solución. Estos disidentes exigen constantemente realismo y se quejan de que el enfoque acumulativo internacional es demasiado permisivo.

De hecho, deberíamos agregar que la reacción exagerada de la represión lleva a sospechar que lo que les molesta es tanto el pesimismo, como el optimismo, es cualquier estado de ánimo que puede transformarse en disfuncional y que pueda operar por encima de las reglas y controles establecidos. Lo verdaderamente preocupante de la teoría sistémica cubana es el conflicto entre el poder y la posibilidad de que la realidad se imponga por sobre el diseño sistémico de la “realidad” paralela impuesta a la sociedad. Es cuando el sistema, no está diseñado para resolver su fracaso sino para imponérselo a la gente o en el mejor de los casos ocultarlo, resulta muy claro que estas condiciones que se ejecutan sobre la población van produciendo un desajuste sistémico acumulativo.

Para comprender esto, examinemos todo el asunto desde un punto de vista estrictamente social respecto a que es exactamente esta acumulación negativa que sufre el pueblo de Cuba, sin Derechos, sin luz, sin agua, auto sancionados por el régimen como hemos señalado, esperando que sus mentiras den frutos en la tierra fértil de simpatizantes ideológicos para quienes el pueblo cubano no tiene derecho a la Democracia, ni que se respeten sus Derechos Humanos, pero sí se exige el más pleno acatamiento nacional e internacional a la soberanía de los tiranos, obviamente no la del pueblo cubano que para esos seguidores ideológicos del régimen tampoco tiene Derecho a ser soberano.

Esta acumulación social negativa es directamente el resultado de la deslegitimación del pueblo cubano por parte del régimen, que actúa sin ninguna responsabilidad frente al pueblo, que no siente la necesidad de resolver ninguno de los problemas que lo aquejan y cuyas instituciones no están diseñadas para gobernar sino para ejercer represión e inteligencia. Y luego también el hecho de no haber sido un socio confiable sino parasitario, verdaderamente no tuvieron problemas sociales por el embargo cuando estaban asociados con la URSS y con Venezuela, el problema es que parasitaron esas relaciones y con ello las transformaron en insostenibles política y económicamente.

El concepto de poder en la mente de la justicia es, por lo tanto, equivalente al concepto de principios constructivos de estructura y funcionamiento sistemica que se implementen y ejecuten de tal forma que la sociedad no sea injusta, en realidad para hacerla lo más justa posible. El poder crea a la justicia y la justicia crea poder según ciertos métodos y conceptos, del mismo modo que el ingeniero crea principios constructivos según definiciones y fórmulas. Todo poder, por consiguiente, presupone conceptos determinados de funcionamiento procurando en general que la base de legitimidad que se otorgue a la ciudadanía sea lo más extendida posible, siendo lo ideal que la legitimidad alcance a todos. El régimen cubano ha hecho exactamente lo contrario, la unica legitimidad está dada para estructuras de funcionamiento del régimen sobre la base de muy restringidos conceptos predeterminados (prácticamente de definición de poder ideológico) y todo lo demás es susceptible de condena y castigo, aun cuando sean frágiles opiniones. Una sociedad injusta es una sociedad fracasada como decía José Antonio Marina, Cuba es el paradigma de esto. Un sistema que funciona por pocos, con pocos y para pocos es completamente disfuncional, la sustentabilidad del mismo depende de su capacidad de integrar las más diversas corrientes políticas, económicas y sociales, de tal manera que las dinámicas de interacción creen condiciones cada vez más extendidas de legitimidad, derechos, producción, servicios, beneficios.

Las soluciones sistémicas para Cuba tienen que ver con la soberanía del Pueblo Cubano, con Democracia para el Pueblo Cubano, con plena vigencia de los Derechos Humanos para el Pueblo Cubano, con aceptar la legitimidad del Pueblo Cubano; es decir la reversión de una fórmula arcaica y fosilizada que ha perpetuado el sufrimiento. Las razones que lleven a Cuba a la Democracia siempre serán buenas razones.

Luis Almagro

Instituto CASLA

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