
La agresión del canciller Santiago Cafiero, generalizando y refiriéndose a toda la oposición, no es inocente ni gratuita. Busca ensanchar una grieta que frente a los sucesos que están ocurriendo en Brasil es mínima o prácticamente inexistente entre los partidos políticos democráticos argentinos.
Inmediatamente, Juntos por el Cambio salió al cruce de esta locura golpista protagonizada por aquellos que no soportan perder ni que rijan políticas que no comparten o detestan.
Frente a este repudio prácticamente unánime, el canciller salió rápido a agredir a lo que él supone que es la derecha progolpista argentina. Le recuerdo a este funcionario que las banderas del radicalismo son la Constitución Nacional, la vida y la paz. Estas banderas son las mismas que comparte la coalición que integramos y la inmensa mayoría de los argentinos.
Le recuerdo también que el kirchnerismo con el que trata de congraciarse se parece mucho al bolsonarismo. Ambos no entregaron los atributos presidenciales a su sucesor, ambos colonizaron al Estado, ambos intentaron denodadamente marcarle la cancha a la Justicia.
Con su natural verborragia irresponsable acusó a la “derecha” de ser la responsable de los desmanes y del asalto a las instituciones.
Sería interesante que reflexione un minuto si la derecha no consiste en multiplicar a los pobres para mantenerlos cautivos políticamente a base de planes, mientras la inflación profundiza la marginalidad y alienta las opciones antisistema. Su falta de memoria o su memoria especulativa le están haciendo “olvidar” que cuando su partido estaba en la oposición, apedrearon el Congreso en nombre del club del helicóptero.
Este señor está extraviado. Si en algo estamos juntos los argentinos, es en lo que respecta a la democracia y al respeto irrestricto a las instituciones. Por eso sus agravios son interesados, arteros y profundamente equivocados. Toda la oposición democrática repudió el intento de golpe en Brasil.
Bueno sería que antes de agredir a opositores y de profundizar acciones golpistas como el intento de enjuiciar a la Corte Suprema porque sus fallos no les gustan, el Gobierno se mirara al espejo. Su imagen le devolverá, sin dudas, aquello que critican.
Democracia siempre, golpismo jamás.
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