
Con una avalancha de ventas tras devaluar temporariamente el peso solo para productos de la soja las reservas del Banco Central pudieron pasar de USD 36.700 millones a fin de agosto, y tras los pagos al Fondo, a USD 37.700 millones el 3 de octubre, a la espera del reembolso parcial del Fondo por el tercer trimestre.
De aquí en más sin embargo todo se hará cuesta arriba. Agotados los stocks del poroto, habrá que esperar la nueva cosecha y una nueva edición del “dólar soja”, para tener otra “avalancha” transitoria a mediados del año que viene. Para que en esa fecha el dólar soja sea atractivo, probablemente deberá superar los $330 por dólar (bastante más si el “operativo soja” se demora) o no tendrá el mismo efecto.
Mientras tanto, no hay muchos candidatos para atraer avalanchas de dólares. La apuesta por los organismos multilaterales es limitada y las transferencias netas del FMI se hacen negativas a partir del primer trimestre de 2023 (fuertemente negativos desde el segundo). Es decir que se necesitan otros candidatos para que vendan sus dólares, o habrá que restringir más aun el uso de dólares.
De hecho, ante la casi segura escasez de divisas que se obtendrán a través de los mecanismos tipo “dólar-tecno”, el Ministerio de Economía primero y el Banco Central, después, han optado una vez más por una solución de tipo soviético. Es decir, primero se trabarán las importaciones a través de “licencias no automáticas” y después se racionarán los dólares para los que hayan pasado la primera prueba.
El “dólar-tecno” no es, a diferencia del sojero, un tipo de cambio diferencial respecto del dólar oficial general sino que vuelve a probar el incentivo que se le ofreció al campo en julio y agosto (y que no funcionó): en aquella oportunidad ofreciendo una porción de lo exportado para ser convertido en dólares oficiales, en la actualidad autorizando a no liquidar un porcentaje de lo exportado. No todos los sectores de actividad son iguales, y esa es una razón para no discriminar mecanismos de precios entre ellos porque se generan distorsiones de las que el burócrata oficial no tiene ni idea.
Es probable que un mecanismo de retener parte de lo exportado en dólares al cambio libre sea atractivo para algunos sectores y empresas, siempre que uno crea que dos semanas después de guardar los dólares el Central no dé marcha atrás con la medida (y los obliguen a liquidar las divisas con un “retoque” de la normativa). La credibilidad no es justamente algo de lo que esta Administración pueda jactarse. Por lo tanto, es poco probable que el dólar tecno y otros dólares que se inventen puedan sumar reservas de aquí en más. De allí que el futuro será con más represión y menos actividad.
Improvisación
La improvisación que rodea la política económica se pone de manifiesto en las idas y vueltas durante la vigencia (25 días) del dólar-soja, la desesperación por buscar mecanismos similares al dólar soja para frotar la lámpara mágica y hacer aparecer divisas, la primitiva solución de prohibir (“administrar” en el lenguaje de la burocracia) importaciones confeccionando un listado que apenas se publica debe ser corregido, y el envío del Poder Ejecutivo Nacional al Congreso de un Presupuesto que subestima recursos para manejarlos discrecionalmente en el año electoral.

Resulta claro que el vasallaje a que están sometidos los funcionarios de Economía y del Banco Central se refleja en políticas inconsistentes y de corto alcance. Poco puede hacerse en una Administración cuyos funcionarios políticos carecen de formación económica y chocan con su propia incompetencia. El resultado es una economía con distorsiones crecientes y productividad declinante, que solo puede llevar a mayor informalidad y menores ingresos. En el camino aparecen espejismos que -tras un corto tiempo- se desvanecen y nos muestran la aridez del camino.
Esta nota es un anticipo de la publicación Indicadores de Coyuntura 646 que elabora la Fundación FIEL
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