
Finalmente se han conocido los índices oficiales de pobreza e indigencia. El Indec informó que la pobreza alcanzó el 36,5% y la indigencia al 8,8% de la población. En números crudos, la Argentina ostenta la triste cifra de 17.300.000 personas pobres y de 4.130.000 de personas indigentes.
Para tomar dimensión acerca de la magnitud del nivel de empobrecimiento del país es necesario entender que tenemos prácticamente la misma cantidad de personas pobres que los habitantes que hay en la provincia de Buenos Aires. Incluso hay más personas pobres en nuestro país que todos los habitantes de Uruguay y de Bolivia juntos. Los números son desoladores.
En términos de indigencia (todas aquellas personas que ni siquiera logran alimentarse como corresponde) los datos son aún más aterradores. En el país hay más personas indigentes que habitantes en la provincia de Córdoba o similar cantidad de personas que habitan en las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa y La Rioja.
Cuando uno se aleja del promedio país hay zonas en donde los datos resultan aún más preocupantes. Gran Resistencia es la zona del país con más pobreza: la misma ha alcanzado el 49,9%. En términos de indigencia los números allí son también alarmantes: 15% de la población está por debajo de la línea de la indigencia. Es decir: 15 de cada 100 habitantes de Gran Resistencia pasan hambre.
El conurbano bonaerense también sufre los embates de la inflación y el desánimo teniendo niveles de pobreza e indigencia algo más elevados que la media del país.
El dato que más duele seguramente es el de los más chicos: los chicos de hasta 14 años sufren más que nadie la pobreza: 50,9% de las personas dentro de ese grupo etario son pobres. Para ponerlo en perspectiva hay que decir que en la Argentina hay más chicos pobres que no pobres.
Por desgracia la foto que nos ha presentado el INDEC esta semana nos ha quedado vieja. Estos datos apenas corresponden a la situación del primer semestre del año. En los meses que no han sido contemplados se encuentra julio –mes en el cual la inflación ha sido del 7,4%- y agosto –aquí la inflación ha sido del 7%-. Septiembre incluso parece no ser un mes mucho más relajado en materia inflacionaria. Los aumentos de precios siempre impactan más en aquellas personas que menos poder adquisitivo tiene, lo que implica que probablemente el 36,5% de pobreza y el 8,8% de indigencia que indicó el INDEC para el primer semestre del año 2022 sean solo buenas noticias si uno las compara con lo que estamos atravesando en este segundo semestre en materia de precios.
En septiembre se ha emitido el equivalente al 23% de la base monetaria, las Leliqs no paran de incrementarse –con una tasa efectiva anual del 107%- y los problemas de empleo se multiplican. El panorama no es bueno. Incluso ya salieron a la luz las primeras promesas de bonos navideños para los más vulnerables que no será otra cosa que mayor emisión. Los índices inflacionarios están siendo condenados a (en el mejor de los casos) sostenerse en los niveles actuales y con ellos, el empobrecimiento crónico de la Argentina.
Hasta que no se comprenda que combatir la pobreza significa mayor educación, inversión y generación de empleo genuino, seguiremos inmersos en un mar de desigualdad. Con escuelas tomadas por los propios alumnos, empleados que frenan las fábricas ante reclamos sindicales y una economía que ahuyenta inversiones y con ellas la posibilidad de creación de empleo de calidad, probablemente la realidad argentina no transite otro camino que no sea el que nos conduzca a un destino al que no queremos llegar jamás.
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