
Venimos recorriendo un camino repleto de obstáculos que fuimos superando con organización, convicción y firmeza. La senda hacia una ley de humedales ya lleva más de diez años de vías infructuosas. Tuvo dos medias sanciones de la Cámara de Senadores y el escollo mayor siempre fue Diputados, en donde los lobbies económicos rechazan -con falsos argumentos- el cuidado de nuestros recursos naturales.
Este jueves nos reuniremos en plenario las comisiones de Recursos Naturales, Presupuesto y Agricultura. Tenemos la posibilidad de saldar una deuda con la sociedad y con nuestra casa común, la Tierra. Poder dictaminar significaría seguir recorriendo el largo camino hacia la ley de humedales y que el proyecto se debata en el recinto lo más pronto posible. Creemos que es posible porque logramos un proyecto de mucho consenso legislativo y social: fue construido a partir de los aportes que realizaron diputados y diputadas, más de 400 organizaciones socio ambientales, universidades, productores y la comunidad científica.
Tantos años de debate dejaron al descubierto los falsos argumentos de determinados sectores que sistemáticamente se opusieron instalando mentiras acerca de los distintos proyectos presentados por oficialistas y opositores. Porque lo que no quieren es la regulación de lo que es de todos: el ambiente.
La falsa dicotomía entre desarrollo y ambiente fue perdiendo valor en los últimos años porque demostramos que queremos regular el uso de los humedales para conservarlos y que sus funciones virtuosas permitan la vida animal, vegetal y humana. Es una Ley de protección, no de prohibición. Una Ley federal que respeta por, sobre todo, los recursos naturales de cada una de las provincias para que su aprovechamiento se realice bajo normas de cuidado, readecuando prácticas de depredación por actividades que permitan que se desarrolle el ciclo natural.
Este, como tantos otros, es un proyecto de regulación y protección de los humedales. Es un proyecto que permite la producción cuidando, conservando y respetando los ecosistemas. No existe tal dicotomía entre producción y ambiente. Lo que sí tenemos claro que destruir no es producir. Y esa destrucción es la que origina daños de difícil reparación y es la que genera la aceleración del cambio climático.
La importancia fundamental de los humedales es que son una gran reserva de agua dulce y recarga de los acuíferos, también el lugar en donde la flora y la fauna se reproducen. Pero su mal uso, a través de la especulación económica, fue provocando su degradación. Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (2005), los humedales se encuentran entre los ecosistemas más afectados y con mayor amenaza de pérdida por las actividades humanas, motivo por el cual diversos convenios y tratados internacionales solicitan establecer inventarios y medidas para su conservación. En esta dirección también tenemos un mandato constitucional como lo es el artículo 41: “Corresponde a la Nación dictar normas que contengan los presupuestos mínimos de protección”. Y eso estamos haciendo ahora, 28 años después de la reforma constitucional de 1994 en la cual se agregó dicho artículo con perspectiva ambiental, regulando su uso, protegiendo su estado natural, conservando su vida y su forma porque son la gran reserva argentina.
Estamos llegando tarde, se nos acaba el tiempo. Todo lo que discutimos, aportamos y construimos en estos años debe tener como resultado, por fin, la Ley de Humedales.
*Leonardo Grosso es diputado nacional, autor del proyecto y Presidente de la Comisión de Recursos naturales
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