
Finalmente, tras días de suspenso y rumores, Sergio Tomás Massa, nuevo “superministro” de Economía lanzó sus primeras medidas económicas.
En esencia, repiten lo que venían sosteniendo los ministros anteriores. Además, insiste en errores básicos de diagnóstico que mantienen a la Argentina alejada del mundo más allá del discurso de la gran oportunidad que el globo nos presenta.
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Analicemos la primera serie de anuncios. El ministro sostuvo con énfasis que se respetará el acuerdo con el FMI. Es decir, que se mantiene la meta de 2,5% de déficit primario y que se mantiene el tope de financiamiento monetario del 1% del PBI.
Ya en su momento, cuando Martín Guzmán anunció exactamente lo mismo, nos preguntábamos cómo se iba a financiar el 1,5% de déficit restante en un país con una prima de riesgo estrafalaria. La respuesta llegó hace unos meses, cuando los precios de los bonos se revolcaron por el piso, y el riesgo país llegó a tocar los 3.000 puntos básicos.
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¿Por qué esta vez será diferente?
Dice Massa que a los tenedores de deuda les va a ofrecer un canje de deuda por los instrumentos que vencen en los próximos 90 días. Una medida para ganar tiempo, pero: ¿qué pasa si aceptan y después de 90 días vuelven a perder la confianza? ¿Qué cambió en materia política, o en materia de fundamentos económicos, para que “esta vez sea diferente”?
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El nuevo ministro dijo muy claramente que no se va a financiar más con el Banco Central. ¡Genial! Un alivio para los tenedores de pesos saqueados por tan altos niveles de inflación.
El problema, no obstante, es que, si “el mercado voluntario de deuda” no presta su voluntad para financiar a Massa, entonces no va a quedar otra alternativa que sí acudir a la emisión.
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Y fueron los miedos a que esto ocurra los que catapultaron el dólar y el riesgo país durante el último mes. ¿Qué medida de fondo se anunció que hará que cambien radicalmente estas expectativas?
Ah, sí: que ahora se pondrá un límite a los subsidios energéticos (por ejemplo, no se subsidiará más que 400 kw de consumo eléctrico). Una medida en la buena dirección, pero ¿cuánto tardarán en llegar los gritos de “tarifazo” desde dentro de la coalición? ¿cuánto en ser, nuevamente, desestabilizantes?
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El otro tema encarado es el del “superávit comercial”. Es extraño que se ponga un resultado de millones de variables como objetivo de política económica. Extraño también es que el gobierno quiera controlar, a la vez, precios y cantidades. Es que debe recordarse que si el gobierno pone un precio máximo para el dólar que está a todas luces por debajo del equilibrio, a lo sumo podrá controlar el precio, pero será inevitable que caigan las cantidades ofrecidas y aumenten las demandadas.
Es decir, el déficit comercial (o la caída del superávit) es el resultado inevitable del cepo cambiario. Pero insisten en parches para ver cuánto aguantan. Ahora van a denunciar penalmente (¿otra vez?) a los que sobrefacturen importaciones y subfacturen exportaciones. Seguro esta vez, la número 7.858 que probamos lo mismo, sí funciona. Spoiler: tampoco va a funcionar.
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Nota el pie: el kirchnerismo se fascina con el déficit fiscal pensando que fue un pilar clave de la “gestión Néstor”, cuando en realidad fue solo un accidente histórico. Luego de tan suculenta devaluación duhaldista, las exportaciones se volvieron baratísimas y las importaciones prohibitivas. He ahí toda la magia: pulverizás el salario en dólares y tenés superávit comercial. Nada loable en toda la maniobra.
Un punto: no se dijo nada sobre la inflación. Aparentemente con el orden fiscal que se conseguirá, la inflación bajará sola. Bueno… lo mismo decía Guzmán. No ocurrió.
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Para ir cerrando, no cabe duda que Sergio Massa tiene más personalidad y –por lo que dicen– más apoyo político, que sus antecesores.
Sin embargo, no veo en los anuncios nada nuevo bajo el sol. En materia fiscal, seguimos igual que antes, con un acuerdo con el FMI que intentaremos cumplir. En materia cambiaria, continuamos con el cepo, y en materia de apertura al mundo, seguimos creyendo en teorías mercantilistas que nos llevan al proteccionismo, y por tanto a la ineficiencia y la pobreza, salvo por la ganancia de unos pocos empresarios protegidos.
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Si hay cambios, llegarán en 2023. Mientras tanto, a rezar por no tener otro episodio de violencia cambiaria.
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