
La palabra inglesa “currency” significa dinero y también concepto o valor generalmente aceptado, compartido. Los países se rezagan y avanza la pobreza por la incierta aceptación de las instituciones centrales.
En efecto, las instituciones fundamentales que favorecen las relaciones interpersonales son: 1. el dinero, la medida de valor económico; 2. las medidas físicas del sistema métrico decimal, ejemplo el metro que mide longitudes; 3. el significado de las palabras, conceptos; 4. leyes justas, estables, que facilitan concertar las actividades.
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Tales instituciones conforman entendimientos para encarar actividades productivas y convivir en sociedad. Producciones son las labores multipropósito, enfocadas en satisfacer simultáneamente tanto las necesidades de otros (clientes, colaboradores) como las propias. Buena parte de los Estados retrasados satisfacen mucho más las carencias de los funcionarios que las de la población que pretenden servir. En tanto, las naciones avanzadas tejen redes de control para atenuar la corrupción y desbalances de simultaneidad en los servicios del Estado.
Los entendimientos pierden precisión con la depreciación del dinero, convertido en señal errónea, a medida que se consiguen menos bienes, dólares y activos a cambio de pesos.
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Una alerta temprana es el cepo al dólar, el control de cambios. El reconocimiento del BCRA de haber emitido dinero de forma excesiva que no tiene las divisas que le quieren comprar, al tipo de cambio que impone para contener el índice de precios.
Se trata de una impericia manifiesta: el Banco Central, que tiene la responsabilidad de velar por la solvencia de las entidades financieras, que no se endeuden arriesgando demasiado, ahora debe admitir haber emitido pesos excesivamente. Consecuencia del cepo: escasean bienes y activos a pagar con pesos a los precios establecidos, tanto más cuanto mayor el exceso de emisión monetaria.
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Reconociendo esa falta, el Gobierno acepta escaseces de bienes y servicios, faltan repuestos, combustibles a las puertas del invierno; emite obligaciones indexadas; ajusta salarios, tarifas, al ritmo creciente del costo de vida. Pan para hoy, hambre para mañana.
La inflación acelerada derrumba la demanda de dinero, la gente apura desprenderse de pesos, que cada día valen menos, empujando al alza todavía más los precios y faltantes de bienes. Sin dólares, sube la tensión. Las terminales automotrices advierten que la situación de muchas autopartistas es crítica por no poder importar. En respuesta, BCRA ahora insiste con que las automotrices se endeuden en el exterior para financiar a sus proveedores. ¿Quiénes se harían cargo de los riesgos?
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Por prepotencias de los funcionarios, sin disciplina macroeconómica, faltan empleos productivos. Docentes y funcionarios desinteresados de sus funciones suspenden clases por el frio, falta de calefacción que no impedían las escuelas de Sarmiento. Pocos interesados en arreglar la situación.
El cepo, controles, suspensiones, prohibiciones, abren variantes riesgosas. Después de todo, varios países importantes mantienen mercados de divisas libres, sin controles ni intervención de la autoridad monetaria. Sin embargo, desarmar los cepos y controles, liberar las actividades, en esta coyuntura, conllevaría la explosión de precios. Mientras que contraer la emisión monetaria, eliminar controles burocráticos hasta reestablecer el equilibrio monetario y macroeconómico, eliminaría las escaseces, con una brusca disminución transitoria del empleo y PBI.
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La mejor alternativa
Reducir los gastos del gobierno y la emisión monetaria para incrementar las reservas internacionales debiera ser el programa para aliviar la vida de los argentinos. Cumplir las metas del acuerdo con FMI es mandatorio para no agravar el cepo ni distanciarse aún más de los equilibrios macroeconómicos y monetarios. Las naciones incumplidoras, especialmente las que defaultean, pagan costos insospechados: posibles juicios, menos inversiones en infraestructura y caída de reservas internacionales. Desconozco hasta qué punto el Gobierno valora ese convenio firmado.
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Se pierden tiempos y rumbos. Demostré en notas de Infobae y libros: “las pobrezas de las naciones son consecuencia de desinteligencias que entorpecen consensuar valores, reglas iguales, estables, para todos: asociarse y superar oportunismos. Se dificulta progresar mutuamente”.
¿Qué son los recursos productivos? Las coincidencias para valorizar las habilidades conjuntas y lograr los bienes apetecidos por cada uno. Las instituciones para facilitar las actividades compartidas, la confianza en los acuerdos políticos y privados, que facilitan las contrataciones. Y el cumplimiento de tales contratos para producir y conseguir los bienes demandados.
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Gente dispuesta a superar antagonismos, descubriendo ganancias compartidas y coordinar trabajos, proveyendo la mezcla compleja de diferentes bienes para satisfacer la más amplia cobertura de las necesidades de cada uno. Tanto sea internamente, entre personas, diferentes, entes y regiones, como a través de intercambios internacionales.
Desaprovechar las ofertas y necesidades de todas las personas significaría perder recursos formidables. Para conseguir los bienes deseados por cada uno del conjunto no importa el color, afiliaciones políticas o residencia de quienes los provean. Rechazar importaciones que abaratarían costos, o exportaciones que pagarían mejor los bienes, hace perder remuneraciones gigantescas. Una parte de los cuales se apoderan quienes usufructúan tales cesiones de ingresos.
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Los países con normas inestables necesitan ajustes continuos, implementados por sus políticos vernáculos, elevando todos los riesgos. En agudo contraste, las democracias avanzadas incorporan las ventajas de las libertades y reglas estables iguales para todos.
La enseñanza de las culturas exitosas es que la confianza en la disciplina de reglas estables ordena y enriquece a las sociedades. Los cepos y la inflación son la respuesta prepotente de los ignorantes desinteresados en la población.
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