
Tal como venimos anticipando desde el segundo semestre del 2021, cuando el Gobierno sembró una fuerte emisión fiscal (4% del PBI), el resultado no podía ser otro más que una fuerte cosecha de inflación. En efecto, por segundo mes consecutivo, la inflación fue cercana al 4%, tras el 3,8% de diciembre y el 3,9% de enero, bien lejos del 2,5% registrado en noviembre y del 3,2% promedio de los anteriores seis meses. Claramente, la inflación se aceleró.
Específicamente, la de enero fue una combinación de mayores precios estacionales y de los regulados, que subieron 9% y 2,8%, respectivamente, por encima del 3,7% y 1,7% registrados en mes previo.

En tanto, sorprendió a la baja la inflación núcleo (con fuerte correlación con el desequilibrio monetario) subiendo 3,3% tras el 4,4% de diciembre. Sin embargo, no es para celebrar.
En diciembre, hubo una clara expectativa de salto cambiario que elevó la núcleo al 4,4% (promedio del segundo semestre 3,4% mensual). Siendo otro indicador de dicha expectativa que 10 de los 12 capítulos que componen el IPC, subieron por encima de noviembre. Esta “medida de posición” cayó a cinco capítulos en enero. Entonces, sería “explicable” que la menor núcleo de enero habría sido por el “adelanto” de diciembre.
Dejando de lado las particularidades de la inflación del pasado mes, estar cerca del 4 % por segundo mes consecutivo da lugar a pensar que la multicausalidad (caballito de batalla del Gobierno) de la inflación, está financiada por el desequilibrio monetario del segundo semestre del año anterior.
Factores impulsores
Entendemos que no hay razón alguna que lleve la inflación hacia el andarivel del 3% mensual (ó 40% interanual según las proyecciones del rechazado presupuesto). Esta continuaría varios meses en el rango del 4% (estrictamente 3,8% según el REM).
Simplemente, los efectos expansivos de la política fiscal pre eleccionaria financiada con emisión se verifican en la inflación del siguiente semestre (o sea, el que transitamos). A esta causalidad, de déficit fiscal financiado con emisión, se le suman “aditivos adicionales” dados por una creciente indexación de la economía.
En los bienes transables (fuerte componente de la inflación núcleo), por la aceleración del crawling peg del 13% interanual hasta noviembre hacia 32% interanual en febrero y proyectado hacia 36/40% en marzo.
En los bienes y servicios no transables, los ajustes tarifarios (gas, electricidad y transporte en CABA) operarán en los próximos meses; así como las estacionalidades de colegios y textiles.
Súmese que la escasez de divisas para importar implica una “prima adicional” en los precios de los importados y los substitutos.

En sencillo, todo favorece a una inflación elevada del orden del 4% mensual hacia delante y por varios meses.
Tasas de interés más altas
En esa dirección, y por segundo mes consecutivo subió las tasas de interés nominales 2,5 puntos porcentuales, llevando la pasiva (personas humanas), el 41,5% anual (hasta $10 millones) y una tasa efectiva (TEA) del 50,4% anual. Dicha tasa nominal sería en términos reales negativa, dada la expectativa de una inflación anual del 55/57% para el corriente año (aunque menos negativa que la del 2021). Ello anticiparía que la suba de tasas de febrero no fue la última por parte del BCRA.
Pensar en una inflación menor al 4% mensual solo podría ser esperable hacia el segundo semestre; de la mano de “menor desequilibrio fiscal” y emisión del BCRA, junto a mayores tasas de interés real (o claramente menos negativas que las actuales).
En el contexto actual de inflación, seguimos prefiriendo los bonos con CER en nuestro portfolio de inversiones para los excedentes de pesos.
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