
Los anuncios del ministro Guzmán sobre el acuerdo con el FMI parecen más un ruego a la Virgen María que algo pueda llegar a lograrse. Es que se observa demasiado voluntarismo en las propuestas y metas cuantitativas bastante complicadas de lograr considerando de dónde venimos y cómo van a encarar el problema.
El primer punto a considerar es lo curioso del corazón de la propuesta. Dijo el ministro que no va a haber ajuste, refiriéndose a la baja del gasto público. Por el contrario, piensan aumentarlo con más obra pública. Pero al mismo tiempo no habrá reforma impositiva, reforma laboral ni ninguna reforma estructural ni tocarán el gasto de 3% del PBI en subsidios económicos. La propuesta del ministro es que la reducción del déficit pasará por el crecimiento de la economía. En otras palabras, la economía va a crecer más que el gasto público.
Dicho más directamente, copian el modelo de Cambiemos con el gradualismo que fracasó y lo dejó colgado del pincel en abril de 2018. Justamente, Cambiemos apostó a bajar el déficit fiscal como porcentaje del PBI por crecimiento de la lluvia de inversiones que nunca llegó y, encima, cuando las cuentas no le cerraban, hicieron más obras públicas creyendo que, al estilo keynesiano, las obras reactivan la economía, una decisión absolutamente equivocada porque nadie se pone a reformar la casa cuando la plata no le alcanza para llegar a fin de mes y encima toma deuda para poder financiar dichas reformas. Llega un momento en que no puede pagar el crédito y se queda con las reformas pero sin la casa porque se la rematan por falta de pago de la deuda.
Esta idea de bajar el déficit sin bajar el gasto público, sin reformas estructurales y subiendo el gasto en obras públicas luce más como un ruego a la Virgen María que como una propuesta económica seria de reducción del déficit fiscal.
El ministro Guzmán no dedicó ni medio reglón a decir cómo van a solucionar el problema del déficit cuasifiscal que incluye casi ya casi $5 billones de deuda en LELIQs y Pases y que el año pasado generó un costo fiscal de 3% del PBI.
El déficit fiscal primario del año pasado fue de 4,2%, sin incluir los DEGs y las transferencias de utilidades que son un invento contable, con lo cual no se entiende muy bien como van a bajar el déficit fiscal primario en serio y sin dibujos contables, de 4,2% del PBI a 2,5%. Si se mantienen los dibujos contables, entonces no es creíble que baje la emisión monetaria para financiar al tesoro en 2022.
Recordemos que la emisión monetaria fue el principal ingreso del tesoro en 2021, representando el 4% del PBI. Bajarlo a 1% del PBI como dijo el ministro en este 2022 será todo un logro sin reformas estructurales.
Hablar de fortalecer el mercado de capitales interno, como afirmó el ministro, significa que se podrá captar más ahorro interno con esta carga impositiva, esta imprevisibilidad en las reglas de juego y una economía que en 2021 solo rebotó luego de la caída del 10% de 2020 como consecuencia de la cuarentena eterna.
En síntesis, una propuesta técnica muy poco creíble que luce más como apostar a un milagro con la intervención de la Virgen María y el Espíritu Santo que a la ciencia económica.
Habrá que ver si aguanta dos años más esta situación, pero claramente la apuesta es dejarle el problema al próximo gobierno por los números y propuestas acordados a 2 años. Que en 2024 se arregle el próximo gobierno, si es que llegan sin una crisis antes es lo que surge de los dichos del ministro y del Presidente.
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