Argentina, tierra de acuerdos, pactos, armisticios y rendiciones

A lo largo de nuestra historia se han dado todas las opciones que figuran en el título, no nos privamos de ninguna

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Alberto Fernández durante el acto
Alberto Fernández durante el acto Morón

La Constitución Nacional de 1853 fue posible gracias a un acuerdo, el Acuerdo de San Nicolás. Fracasó puesto que la dirigencia porteña en los debates de la Sala de Representantes de Buenos Aires, conocida como las jornadas de Junio, no aceptó lo acordado por su representante, Vicente López y Planes, y en la Revolución del 11 de setiembre de 1852 se apartó, no concurriendo al futuro Congreso Constituyente de Santa Fe. Fue un paso adelante, pero alguien quedó afuera. Y volvimos a enfrentarnos.

La Constitución en su declaración de principios o preámbulo habla de pactos preexistentes para alcanzar la unión nacional -nada que ver con la unidad nacional, por las dudas el lector confunda una idea con otra.

De los pactos o tratados preexistentes todos fracasaron. Empecemos con el de Pilar en 1820, luego que Ramírez, caudillo de Entre Ríos y López, de Santa Fe, vencieran a la fuerzas directoriales se firmó el Tratado del Pilar que en una de sus cláusulas hablaba de una reunión en la localidad de San Lorenzo como paso previo a la convocatoria a un Congreso general. Nunca se hizo. Artigas quedó afuera. Luego vino el Tratado de Benegas entre Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba, entre sus cláusulas se establecía la realización de un Congreso constituyente en Córdoba, jamás se hizo. Finalmente el Tratado del Cuadrilátero entre Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y Buenos Aires estipulaba un nuevo Congreso, en este caso en Buenos Aires, que se reunió, sancionó la Constitución de 1826 pero fracasó. Lo rechazaron las provincias del interior, habían quedado afuera. Diez años después, nuevo pacto, el Federal, sin entrar en detalles fracasó puesto que el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, se negó a cumplir la cláusula por la cual al firmarlo todas las provincias se reunirían en un Congreso general. Nuevo fracaso. Otra vez el interior afuera. Sobre el final de la Presidencia de Urquiza y ante una nueva derrota de las fuerzas porteñas en Cepeda se firma el Pacto de San José de Flores, por el cual Urquiza no obstante ser el ganador de la contienda cede ante Buenos Aires, Alberdi observaba: ¨Buenos Aires entró en la Unión por un convenio que se le dejó escribir a él. Lo que no han conseguido por las batallas se proponen conseguir por la reforma de la Constitución federal¨.

En síntesis, por una cosa o por la otra no nos fue bien con pactos o acuerdos. Nos fue bien con definiciones taxativas, se diría hoy políticamente incorrectas, como fue el caso del triunfo definitivo de Roca sobre los porteños, al negarse estos a que el tucumano asumiera la Presidencia. Una carta de Benjamín Posse a Roca del 12 de abril de 1880 fue clara y precisa: ¨Y puesto que somos una Nación llevaremos a sangre y fuego si fuera necesario nuestro candidato a la Presidencia. ¿Y los estragos? ¡Qué estragos carajo! Sobre pavesas se ha de sentar el elegido de los pueblos, si no quedan del país más que pavesas¨

Todo esto viene a cuento porque en el ámbito de la política y del periodismo se habla de la necesidad de un acuerdo a posteriori de las elecciones del 14 de noviembre.

Por las dudas que el lector crea que los ejemplos dados no corresponden equipararlos con la actualidad, advierto que en el siglo XIX al no estar desarrollada la democracia y las república tal cual hoy la conocemos, las disputas políticas se resolvían en campos de batalla. Hoy las diferencias no se dan en territorios de guerra, donde se derrama sangre; más civilizados tendemos a resolver los conflictos institucionalmente, por medio del voto o por medio de organizaciones intermedias. Pero acuerdos, pactos o rendiciones se dieron siempre, ayer y hoy. Y aquellas batallas de antaño son equiparables a la lucha electoral del presente.

El país se encuentra en una encrucijada decisiva y extrema. Es un clima de época, no es una particularidad nacional, no nos ocurre solo a nosotros. En el mundo occidental, salvo algunas excepciones, las confrontaciones electorales no se dan entre palomas. Los Estados Unidos, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Bolivia, España se encamina en esa dirección, muestran cómo los extremos dirimen la puja política. ¿Por qué tendría que ser una excepción la Argentina? Sin embargo de alguna manera lo es y ahí, a mi entender, se halla la anomalía.

Dos coaliciones chocarán el 14 de noviembre, ¿estos dos espacios expresan extremos? No, lo cual hace neblinoso el resultado de la contienda. Cada una de ellas tiene a su interior amortiguadores que moderan el chiquetazo.

Cada coalición tiene sus palomas. Una buena pregunta es si los moderados de ambos bandos están en condiciones de sacar al país de la situación en la cual nos hallamos. Lo dudo, se necesitan acuerdos tajantes respecto de asuntos nodales que no admiten grises. A saber: delito, drogas, trabajo, planes, vínculos con la economía capitalista sin cortapisas ni agachadas, integración a la economía capitalista mundial, acuerdo con el FMI, condena de los regímenes dictatoriales de izquierda en Iberoamérica, lucha implacable contra el indigenismo insurgente tanto militar como cultural, la educación secundaria o de oficios obligatoria para sacar a los jóvenes de las calles, entre otros asuntos.

Cualquier acuerdo de palomas no abordará como corresponde la situación actual. Luego vendrán tiempos de redefinir las coaliciones y nuevos alineamientos para lograr un vencedor claro. ¿Alguien puede pensar en acuerdos cuando de ambos lados se defiende a Chocobar porque actuó como corresponde, como también de los dos se lo ataca por gatillo fácil? ¿O se propone marihuana libre? Un acuerdo de moderados no solucionará la gravedad en la cual nos encontramos como tampoco ninguna de las dos coaliciones por separado. Hay que barajar y dar de nuevo y como dice la canción las nenas con las nenas y los nenes con los nenes.

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