
Es cierto que los productos agrícolas, por su importancia en la canasta alimenticia, inciden en el salario real.
Por un lado, cuánto mayor sea su precio, a partir de los valores que determina el mercado global, mayor es el ingreso de divisas que tanto dinamizan la economía. Pero, por otro lado, si éstos suben, más se debilita la capacidad adquisitiva de la gente.
Esta aparente contradicción, a la hora de analizar la realidad, no es tal. Al menos no lo es en los términos que suelen argumentarse y con los cuales se fundamentan todo tipo de impuestos distorsivos y discriminatorios.
Y poco se considera que, por ejemplo, en lo que va de este año el ingreso de divisas acumulado de exportaciones agrícolas, según la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), llega a la impresionante suma de 25,70 mil millones de dólares. La liquidación de divisas se relaciona básicamente con la compra de granos que luego son exportados, en su mismo estado o como productos procesados, luego de su transformación industrial.
El complejo oleaginoso-cerealero junto a la producción de biodiésel y sus derivados representan cerca del 50% del total de las exportaciones de la Argentina.
Merece destacarse que nuestro país es el primer exportador del mundo de aceite y harina de soja, productos procesados en el país.
Al observar el Sistema de índices de precios mayoristas elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), recientemente publicado, se encuentran datos interesantes.
El Índice de Precios Mayoristas (IPM), está diseñado para medir la variación promedio de los precios con que el productor, importador directo o comerciante mayorista coloca sus productos en el mercado interno, cualquiera sea el país de origen de la producción.
El Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) tiene el propósito de medir la variación promedio de los precios percibidos por el productor local. Así las cosas, se excluyen los bienes importados y, en la ponderación de cada actividad, se incluyen las exportaciones. Comprende, también, el impuesto al valor agregado, los impuestos internos y los impuestos a los combustibles netos de los subsidios explícitos.
Según el Instituto, este índice registra, para el acumulado del año, un nivel de 34,30% en tanto que el IPIM muestra un aumento de 36,00% para el mismo período. Claramente, resulta menor, el primero.
Ahora bien, es reveladora una mirada más detallada sobre el IPP. La variación porcentual acumulada del año (agosto de 2021) para los productos primarios gira en torno a 25,70 por ciento. En tanto, la del nivel general lo hace en 34,30% y la de manufacturas y energía eléctrica en 38,10 por ciento.
El cuadro del Indec lo muestra con claridad.

Por otra parte, el índice correspondiente al rubro “Productos agropecuarios” es de apenas 18,50% y el de Alimentos y bebidas, 28,40 por ciento.
Sin embargo, a la hora de responsabilizar a los sectores productivos sobre el aumento de precios, no se duda en apuntar al sector agropecuario. Curioso… ¿no?
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