Crecimiento, pobreza e inflación: los desafíos luego de noviembre

Un programa económico exitoso requerirá de amplio apoyo político, consistencia y buena ejecución técnica para lograr credibilidad. Las lecciones que nos dejaron los últimos planes de estabilización

Martín Guzmán y Alberto Fernández
Martín Guzmán y Alberto Fernández

Analicemos los desafíos que enfrentará nuestro país luego de las elecciones de noviembre. Será imprescindible encarar objetivos múltiples: crecimiento sostenido, reducción de la pobreza, baja de la inflación. Todo ello supone un plan plurianual que pueda revertir las expectativas, garantizar el equilibrio externo de la economía y generar un escenario de la mayor previsibilidad posible en un contexto de elevada incertidumbre global por los efectos de la pandemia.

Sin dudas es una tarea compleja y existe un estrecho desfiladero para transitar los próximos meses, no exento de riesgos. Es imprescindible prevenir situaciones cambiarias disruptivas que pueden evitarse en el marco de un plan consistente y creíble que reduzca la brecha cambiaria recuperando la confianza.

La Argentina pudo en el pasado implementar planes de estabilización que tuvieron relativo éxito por algún tiempo. Se trata de aprender de sus virtudes, pero también de sus errores y adaptarlos a las actuales circunstancias.

Las tres últimas experiencias son el Plan Austral, Plan de Convertibilidad y la estrategia no formulada como Plan que a partir de 2002 llevó a cabo el ministro Roberto Lavagna durante las Presidencias de Duhalde y Kirchner.

Si algo tienen en común esas tres experiencias es que surgen tras una crisis que se desata por fuertes desequilibrios fiscales y externos. En todos los casos los planes se lanzan para frenar la indetenible suba de los precios y el tipo de cambio.

Todos ellos contaron con un total apoyo político de las autoridades y con un equipo económico consolidado que atacó en forma consistente el conjunto de las causas de la inflación, al tiempo que estabilizaron el tipo de cambio e incluían además del ancla cambiaria, una regla monetaria o fiscal, o iniciativas tendientes a reducir los déficits. El Plan Austral y la Convertibilidad incluyeron medidas contundentes para frenar la inercialidad (desagio en el primero, prohibir la indexación en el segundo) que reproducía el fenómeno inflacionario.

El Austral, Convertibilidad y el Plan 2002-2003 presentan una combinación de ortodoxia y heterodoxia para revertir las expectativas, inducir un proceso de remonetización de la economía y frenar aumentos de costos incluyendo la puja distributiva. Dichos planes nacieron con problemas de credibilidad, que obligaron a vender reservas para defender la paridad cambiaria, pero lograron asentarse y bajar en forma rápida y abrupta la inflación

Es evidente que el contexto y la propia sociedad demandan un esfuerzo antinflacionario. Si el mismo es integral y en el marco de políticas consistentes que incluyan medidas que promuevan el desarrollo económico, ataquen la restricción externa y contengan iniciativas para ayudar a los sectores más vulnerables, será posible lograr bajar la inflación en forma sostenible con consenso social.

Esto es así porque si se revierten las expectativas y cae la inflación, se genera un círculo virtuoso por oferta y demanda. Baja la tasa de interés y se alarga el horizonte de decisiones de inversión, aumenta el crédito y se estimula la producción y la demanda, disminuyendo la capacidad ociosa y/o impulsando inversiones que aumenten la oferta de bienes que calzan con una mayor demanda vía consumo, lo que genera baja de inflación y crecimiento económico, como se observó en 1986 creciendo al 6% en el Austral, en 1991 creciendo un 10% hasta el tequila de 1994 y un 9% en 2003 con varios años de alto crecimiento hasta la crisis global de 2008.

Por supuesto el contexto global es complejo y no es posible replicar mecánicamente las experiencias pero sí tener en cuenta, más allá de los shocks adversos que sufrieron los tres “planes”, sus limitaciones, desvíos e inconsistencias como lección para un plan exitoso en el tiempo.

En el caso del Austral, más allá de la sequía y la caída de los precios de los bienes exportables de Argentina, hubo deslizamientos de precios que generaron inconsistencias que a su vez gatillaron aumentos de precios y del tipo de cambio. La Convertibilidad, con una liberalización extrema que provocó déficit externo financiado con endeudamiento, fue un esquema monetario muy rígido que implosionó al maxidevaluar Brasil en 1999. El plan 2002-2003 sufrió la restricción externa que provocó el fuerte crecimiento por suba de importaciones incluyendo energía luego de 2011 y luego las restricciones al financiamiento generadas por fondos buitres.

Sin duda un plan exitoso requerirá de amplio apoyo político, consistencia y buena ejecución técnica para lograr credibilidad con el suficiente colchón externo, fortaleciendo las reservas con ingresos genuinos, estimulando la liquidación de exportaciones, revirtiendo la precancelación de pagos de importaciones y deuda privada y generando una mayor demanda de activos en moneda nacional, lo que generará un marco para la refinanciación de vencimientos de deuda pública y privada.

Mantener en el tiempo la viabilidad de un plan sustentable, además de solucionar la restricción externa y combatir la inflación, requiere necesariamente de estímulos a la producción e ingresos dignos de una población que ya tuvo una fuerte merma en sus ingresos en los últimos años. Es crucial que sea parte de un desarrollo de mediano plazo que incluya cuestiones institucionales y reformas estructurales que abordaremos en un próximo artículo.

Ese plan de estabilización y crecimiento debe alejarse de ciertos dogmatismos, recogiendo las lecciones de nuestra historia y conciliar 12 polaridades que no han ofrecido soluciones viables y durables en las últimas décadas.

1- No acordar con el FMI o acordar cualquier cosa. Es deseable un acuerdo razonable con un programa consistente que permita acceder a fondos del Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad para fortalecer las reservas y restaurar el financiamiento voluntario reduciendo con crecimiento la relación Deuda/PBI. Las responsabilidades conjuntas de Argentina y el FMI en el fracaso de varios programas exigen compromisos serios de ambas partes.

2- Priorizar la inflación o el crecimiento. Es necesario y se pueden conciliar ambos objetivos

3- Heterodoxia y ortodoxia. Se requieren elementos de ambos enfoques para un esquema que de resultado en el actual contexto

4- Oferta o demanda. Hay que promover ambas. Para crecer como para caminar hay que sincronizar ambas piernas.

5- La causa de la crisis es fiscal o de sector externo. Se requiere resolver ambas brechas

6- Argentina es distinta o la economía es igual siempre y en todo el mundo. Debemos aprender de la experiencia global, atendiendo cuestiones idiosincráticas y estructurales (grado de dolarización, velocidad de ajustes por aprendizajes sociales distintos que producen efectos diferentes en el tiempo.

7- Gastar para crecer más o no hacerlo por la restricción externa. Hay que tener en cuenta la restricción pero expandir selectivamente en sectores dinámicos de mano de obra con alto componente local

8- No importa el déficit o ajuste salvaje. Se requiere un sendero gradual hacia el equilibrio fiscal compatible con el crecimiento, asegurando su financiamiento.

9- Supertasa positiva o tasa negativa. Una tasa moderadamente positiva no sería recesiva y ayudaría a desdolarizar facilitando el financiamiento público y privado.

10- Cepo o libre movilidad absoluta. La experiencia indica que se deben eliminar algunas restricciones al anunciar un programa que quite presión cambiaria y anunciar un cronograma para eliminar otras. Pero se deben mantener ciertas regulaciones prudenciales a capitales volátiles.

11- Reglas o discrecionalidad. Resulta conveniente anunciar reglas fiscales claras, además de un sendero de tipo de cambio, tarifas y otros precios que permitan algún grado de flexibilidad ante shocks exógenos en un contexto volátil. Pero tal flexibilidad debe ser razonable y no alterar las bases del programa.

12- Gradualidad o shock. Anunciar medidas bajo un programa consistente secuenciando en el tiempo el ajuste de algunos precios para evitar afectar el crecimiento y los ingresos populares. Por lo expuesto en el punto anterior la sustentabilidad política y social del programa impide un shock.

Debemos comprender que cuánto más se demore la aplicación de dicho plan, de continuar los niveles de brecha cambiaria, y su consecuente caída de reservas, más habrá que sobrerreaccionar la pata ortodoxa de dicho plan, generando mayores costos en términos sociales.

Por lo tanto habrá que construir la credibilidad del Programa con su formalización integral incluyendo el acuerdo con el FMI aprobado en el Congreso, el poder de fuego de mayores ingresos externos incluyendo financiamiento y un imprescindible Acuerdo Económico y Social con los compromisos de los sectores políticos, producción y trabajo para fortalecer la credibilidad con consistencia y consensos.

El mayor consenso que debemos generar hacia adelante es que la mejor manera de generar un crecimiento sostenible en el mediano plazo es evitar la acumulación de desequilibrios externos y fiscales, aún a sabiendas que en el corto plazo la corrección de los desequilibrios, como todo en la vida, tiene sus costos. La función de un gobierno progresista debe ser encarar dichos problemas a sabiendas de sus implicancias, pero siempre plantear soluciones con la premisa básica de que los mayores esfuerzos los realicen aquellos que más tienen.

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