
La Legislatura porteña dio a conocer el proyecto de colectivos ecológicos, destinado a renovar el parque de buses urbanos con energías limpias, principalmente eléctricos. Desde ya se trata de una gran iniciativa, a la altura de las grandes urbes del planeta que diseñan políticas en tal sentido. Pero como nos enseña el refrán popular, para que el carro ande los caballos deben estar adelante. El transporte automotor de pasajeros vive un contexto grave en materia de inversión de unidades. Los operadores del servicio en el AMBA, no solo están lejos de contar aun con los medios para tales inversiones, sino que no ha cesado de aumentar la antigüedad del parque que consume combustible fósil, justamente por el permanente atraso entre los ingresos percibidos entre tarifa y subsidios y los costos de inversión necesarios. Esta situación pone en relieve nuevamente la problemática de la inversión en los servicios públicos en entornos de tarifas congeladas y atrasos en los subsidios compensatorios.
En el caso particular del mercado más importante de buses urbano de la Argentina (hablamos del AMBA), donde se concentra más de la mitad de la flota de buses urbanos del país, el condicionante más importante que se observa es la subestimación permanente del costo real de la inversión necesaria de material rodante que se realiza en la estructura de costos e ingresos del sector. Allí se determinan los niveles de subsidios necesarios para cubrir la diferencia entre la tarifa que pagan los usuarios y los costos operativos de las empresas prestadoras de este servicio. Esta situación no es nueva, sino que se viene agravando desde el año 2016, cuando se firmó un protocolo “por un año” que luego fuera incorporado a la estructura de costo. El costo acordado entre las partes en aquel momento fue de $2.629.690 + IVA para un vehículo completo, a dicho valor se incorporó a la estructura de costos. En ese 2016 la inflación superó el 40% lo que inició una brecha permanente desde entonces entre los precios que se reconocen en cada nuevo cálculo de la estructura de costos oficial y lo que realmente cuesta un vehículo según los costos industriales, muchos de ellos dolarizados.
Por estas razones, el promedio de antigüedad del parque se incrementa, se descapitalizan los operadores, se pierden empleos industriales en nuestra actividad y se deteriora el servicio que recibe el pasajero al circular con unidades más antiguas. Todo esto tiene una fuerte incidencia además sobre la seguridad vial y aleja cada vez más a la Argentina de la posibilidad de modernizar su flota de acuerdo con los nuevos estándares internacionales de energías limpias o de baja contaminación.
Hoy, el sistema enfrenta una situación en la que al menos debieran incorporarse 4.000 vehículos sobre una flota de 18.500 para reemplazar a los vehículos que ingresan en fase de obsolescencia en los próximos 18 meses. Esto se debe a que entre 2011 y 2013 se registraron niveles de alta de vehículos superiores a los 2000 por año, y toda aquella fuerte inversión que se produjo hace 10 años debe ser reemplazada.
Este permanente desaliento a la inversión en transporte público urbano y automotor, nos aleja de horizontes que si bien son bien intencionados deben ser considerados desde sus dimensiones, incluyendo la financiación, algo de difícil acceso en la Argentina por las condiciones estructurales macroeconómicas. Si con los ingresos disponibles no se logró renovar unidades por más de 1.000 vehículos anuales en el AMBA, ¿de qué forma vamos a lograr renovar no solo el parque total, sino al menos las 4.000 unidades que cumplen 10 años en los próximos 18 meses, inversión que requiere fondos por más de 600 Millones de dólares? Ósea casi 3 veces más que el ritmo anual de estos 5 años con los niveles de tarifa y compensaciones actuales. Y más aún, ¿cómo garantizar la inversión para que las nuevas unidades se adapten a los requerimientos ambientales, que establece el proyecto en tratamiento en la Legislatura?
Un debate serio sobre qué tipo de transporte automotor urbano necesita el AMBA, de acuerdo con su demanda, dinámica y fuentes de financiamiento se hace más que necesario para cortar este lento y progresivo (y por ahora no tan notorio) deterioro. Empezar por el final, nunca es una buena idea.
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