
Mucho se ha hablado de las cosas buenas de la Iglesia Católica. De las malas se habló muy poco. Siempre se murmuró con extrañez: “¿Cómo es posible que tanto territorio, que tanta cúpula, que tanto Vaticano, que tanta propaganda, que tanto blanqueo, que tanto ambrosiano, que tanta opulencia, que tanto de todo, pertenezcan a una religion que lucha por la pobreza y el hambre y que jamás se les ocurra pensar que todo eso podría palear la pobreza y el hambre?”.
Y fíjese que la similitud en el pensamiento de la gente buena, porque también no podemos imaginar cómo una mujer que tiene incontables propiedades, cantidad de millones, poder acumulado, junto a un montón de gente que tiene infinitas propiedades, infinitos campos, pueden hablar de la pobreza y el hambre.
Y pienso que en algo nos estamos equivocando. O tal vez no. O tal vez sea el puntapié inicial con las palabras de nuestro querido Francisco para que, como él dice, “la propiedad es un bien secundario”. Para que Francisco y Cristina se desprendan de las billonarias fortunas en beneficio de los pobres y el hambre.
Y también, con una sana envidia me pongo en la cola detrás de ellos, pero muy detrás de ellos, pero muuuuy detrás de ellos, para que el día que me toque resignar mi departamento poder entregárselo a los pobres y desheredar a mis hijos, ya que mi moral no soportaría tener una propiedad después de que esta pobre gente, que maneja toda la fortuna, la donaran.
Seguramente usted piensa que el Papa es kirchnerista y que Cristina es papista y que los dos trabajan para un proceso de introducir el populismo en Latinoámerica, haciéndole un guiño a los dictadores como Nicolás Maduro, Raúl Castro y el resto de la banda que supieron pertenecer al glorioso proyecto de integración latinoamericana que fuera fundado por nuestro querido Néstor y el General Chávez.
A nadie se le ocurriría pensar que es un plan histórico para quedarse con Latinoámerica avalado por un paraguas protector que viene de Italia. Y me equivoco: creo que no viene de Italia, creo que fue de Argentina a Italia y de Italia al mundo. Y del mundo a Latinoámerica.
No creo que Francisco sea malo y mucho menos que sea malo Bergoglio, porque recordemos la inquisicion, las cruzadas, el ingreso de los nazis a nuestro país, sin pasar y profundizar por la pedofilia, que es realmente bochornosa y terrible y mucho más importante que el lugar que tenga la propiedad privada en nuestras vidas.
Pero bueno, alguien me dijo una vez: “Si a pesar de ellos, seguís creyendo en Dios, evidentemente tu fe es increíble”.
Con respecto a la gente que les nombré, los primeros de la cola, los más buenos que todos, los más ricos que nadie, los que nos quieren convencer que tenemos que entregar el campo, la casa, la empresa, el lote en la esquina, bueno... que Dios los perdone.
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