El Papa dijo que el derecho de propiedad privada es “secundario”. Ya lo había expuesto con más detalle en su encíclica Fratelli tutti. Allí no sólo reconoce el derecho de propiedad sino que defiende la actividad empresarial como una “noble vocación”. Explica que la función primera del empresario no es distribuir, sino “fomentar las capacidades económicas y tecnológicas para hacer crecer los bienes y aumentar la riqueza”. Aunque muchos malintencionados pretendan negarlo, Francisco sostiene con claridad que el empresario tiene como actividad directa el empeño por aumentar la riqueza. Es su vocación y es su derecho. No sólo tiene propiedades sino que trabaja para su desarrollo y acrecentamiento.
Dicho esto, Francisco sostiene que es un derecho “secundario” y “derivado”. ¿Acaso a alguien todavía se le ocurre decir que es un derecho absoluto e ilimitado? Es evidente que alguien, por más que posea la escritura de una propiedad, no la puede utilizar para acumular residuos tóxicos porque debe cuidar el planeta que es de todos. Nadie sostiene que pueda acrecentar y acumular sus bienes sin pagar impuestos y sin aportar al bien común, porque además de propietario es ciudadano. Tampoco significa que pueda matar a tiros a cualquiera que entre sin permiso porque el derecho humano a la vida es superior.
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Francisco explica por qué esto es así, por qué la propiedad privada implica límites y exigencias. Ante todo porque no es el único derecho, y los distintos derechos y deberes se iluminan, se complementan y se compensan mutuamente. Pero especialmente porque hay algún derecho superior a ese que no puede ser negado ni descuidado.

Lo que está por encima del derecho de algunos a la propiedad es la dignidad inviolable de cada ser humano, que tiene derecho a la vida y a vivir con dignidad. No importa si nació en un barrio pobre, si no recibió ninguna herencia, si es extranjero, si tuvo la mala suerte de nacer con discapacidades. Este mundo es también para él y él tiene derecho a vivir dignamente. El derecho de algunos a la propiedad privada no está por encima de este derecho primordial de todos.
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Por lo tanto, al mismo tiempo que Francisco reconoce el derecho a la propiedad privada y el valor de la vocación del dirigente de empresa, también dice que tendrían que orientarse “al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas”. Es la función social de la propiedad, que se realiza especialmente cuando se ofrece trabajo digno, cuando se pagan impuestos, cuando se cuida el medio ambiente, pero también con diversas iniciativas de apoyo a la comunidad. Por algo las empresas suelen tener un área que se llama “de responsabilidad social”, que atiende a los pedidos de ayuda de otras instituciones.
Después, cómo se aplica esto en diversas circunstancias concretas no es algo que Francisco pretenda definir. Eso es parte de la discusión social y política en cada lugar concreto, donde habrá que poner muchas cosas sobre la mesa y debatir con racionalidad.
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Por eso vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué tanto revuelo por algo obvio?
(*) El autor es arzobispo de la Arquidiócesis de La Plata. Fue rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina
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