
En los últimos años hemos visto cómo se ha incrementado la cantidad de personas que se encuentran en situación de calle. La falta de acceso a la vivienda en la Ciudad de Buenos Aires es una problemática que tenemos que resolver con urgencia, porque detrás de las cifras hay personas, familias y proyectos de vida vulnerados.
Según el censo del 2019 del Gobierno de la Ciudad, 1.147 personas se encontraban en esta situación, muy por debajo de los números que detectó el censo popular realizado el mismo año por la Auditoría de la Ciudad de Buenos Aires, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público de la Defensa junto a distintas organizaciones que trabajan la temática, donde registraron 7.251 personas. Durante el 2020, no se realizó el relevamiento que prevé la ley 3702, con lo cual no pudimos conocer y acceder a datos durante el primer año de pandemia.
Hace pocos días, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat adelantó algunos resultados preliminares de este año: 2.500 personas se encuentran en situación de calle de las cuales 1.500 ya están dentro de los centros de inclusión de la Ciudad. Aún con todas las objeciones planteadas y los reparos en el relevamiento, puede notarse que la cantidad de personas se duplicó respecto al censo oficial del 2019.
En el último informe realizado por la Auditoría de la Ciudad sobre la Dirección General de Atención Inmediata y el programa Buenos Aires Presente, destinado a la atención y acompañamiento de personas en situación de calle, se observó que no existe un registro claro ni hay información precisa sobre la cantidad de personas atendidas por el programa, tampoco se brindaron datos fehacientes sobre quienes asisten a paradores, y se detectaron diferencias entre las viandas compradas y las efectivamente entregadas.
Este antecedente, sumado a que el censo de este año se llevó adelante unilateralmente y sin los aportes y recomendaciones de los organismos estatales que habían acordado participar, deja en evidencia, una vez más, la falta de interés del ministerio de llevar adelante verdaderas políticas de inclusión. Sabemos que la mejor forma de pensar soluciones para esta población es conociendo los datos, no escondiéndolos.
Actualmente, la única política habitacional para las personas en situación de calle que ofrece la Ciudad es el subsidio habitacional, que al día de hoy es de $13.000, una cifra evidentemente escasa teniendo en cuenta que los alquileres en la Ciudad aumentaron aproximadamente un 70% en el último año y se estima que solo una habitación para una familia en un hotel ronda los $20.000. Además, desde que inició el 2021 vimos cómo el Ejecutivo porteño viene recortando el presupuesto destinado a políticas sociales y obras que, más en tiempos de pandemia, deberían ser prioritarias. Se recortaron en total más de $375 millones a los programas de “Atención niñez y adolescencia vulnerables”, “Hogar de residencia permanente y transitoria”, “Mantenimiento en conventillos y hogares de tránsito”, “Asistencia Socio Habitacional” y asistencia a las víctimas de violencia de género.
Con el mismo criterio, el presupuesto en vivienda viene sufriendo ajustes año tras año, tal es así que en el 2021 disminuyó un 17% y, a su vez, la suma que se destinará a los barrios vulnerables es de un 67,9% menos en relación al presupuesto devengado en 2019. Además, después de 14 años ininterrumpidos de gobiernos macristas en la Ciudad, aún hay más de 40 asentamientos informales, donde miles de familias viven entre el hacinamiento y la vulnerabilidad. En contraposición, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, se incrementó de manera escandalosa la venta de terrenos públicos: más de 150 hectáreas fueron destinadas a negocios inmobiliarios donde se construyeron torres con departamentos inaccesibles aún para la clase media porteña.
Lo que necesita nuestra Ciudad es que se piensen políticas efectivas e integrales destinadas a solucionar el déficit habitacional y que ninguna familia se encuentre en la situación de vivir en la calle por no poder acceder a una vivienda digna. Porque la calle no puede ser nunca un lugar para vivir.
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