Un romance que crece: Cristina y Guzmán pasaron un fin de semana en El Calafate

El ministro de Economía viajó al sur hace 15 días. Las tensiones internas y la discusión por los vaivenes económicos de acá a fin de año

(Franco Fafasuli)
(Franco Fafasuli)

Axel Kicillof y Martín Guzmán tienen un chat permanente. Hablan el mismo idioma en términos técnicos —el keynesiano— pero uno lleva ya 10 años en el pantano de la política y el otro se siente cómodo reconociéndose un recién llegado. Sin embargo, aprende fácil. Tanto, que ante la inusual invitación, no dudó un instante en tomarse un avión para pasar un fin de semana debatiendo el corto y largo plazo con Cristina Fernández de Kirchner nada menos que en El Calafate.

El viaje del ministro fue hace quince días pero estalló en el mundillo mediático y de la política esta semana. Y por el lugar más inoportuno: fue un periodista tildado por el kirchnerismo como ideólogo de la derecha el que dio la primicia televisiva. Con el tradicional hermetismo siempre reinante alrededor de la Vicepresidenta quedaba claro que la garganta profunda en esta oportunidad habitaba en el Palacio de Hacienda.

Obvio que los hombres de Guzmán desmintieron haber sido ellos. Pero ya era tarde. La desconfianza ya estaba instalada y justo en el momento en que el ministro tiene que recibirse de equilibrista. Está transitando el camino de cornisa entre su cuidado permanente de las variables macroeconómicas -una postura casi blasfema en el universo político en un año electoral- y las necesidades del Frente de Todos de que los votantes lleguen a octubre o noviembre sin los bolsillos vacíos.

En sus planes originales Guzmán tenía previsto a esta altura estar anunciando el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Pero pasaron cosas. Y muchas. Si bien no pierde la confianza en lograrlo y para eso emprende un viaje multifacético en los próximos días que empezará en Washington y tocará varios continentes, no descarta fórmulas alternativas que aletarguen los plazos hacia fin de año. Parte de estas especulaciones se reflejaron en la disparada del riesgo país durante los últimos días de esta semana.

Pero el frente más complicado del ministro hoy es el local. Los mismos sectores del círculo rojo que hasta no hace mucho tiempo desconfiaban de él -y hasta lo criticaban- hoy lo retratan casi como el “único sensato en el gobierno”. Las caricias del exterior desatan cachetadas internas.

Alberto Fernández y Martín Guzmán
Alberto Fernández y Martín Guzmán

La historia es conocida. Guzman tiene hoy la difícil tarea de generar un camino distinto a sus antecesores destacados que no lo haga chocar con la misma clase política que le está dando el poder. Domingo Cavallo y Roberto Lavagna deberían ser la antítesis de posicionamiento de Guzman. Representan hombres que generaron fortaleza política desde sus puestos técnicos pero que terminaron eyectados por sus propios padrinos políticos.

Obvio que para repartir cualquiera de esas trayectorias a Guzman le faltan años y cucardas, pero la velocidad de los acontecimientos hace que ya haya quien a su alrededor piense en los siguientes pasos.

Mientras hacia afuera el Gobierno se embandera en una nueva gesta cinematográfica, “de los autores de vamos por las corporaciones mediáticas ahora llega vamos por la Justicia”, hacia adentro la discusión más volcánica está relacionada con los vaivenes económicos de acá a fin de año.

Conversación entre Infobae y un ministro con poder:

— ¿Quién está “ubicando” a Guzmán? Digo por las “operaciones” en su contra que se está comiendo del frente interno…

— Los 3 sectores de la coalición le estamos pidiendo resultados más que palabras en el tema precios.

— ¿Pero “precios” no depende de Kulfas más que de Guzmán?

— A ambos (cuac)

Anoche volvió del sur otro de los cinco integrantes del poder, Maximo Kirchner. Esta semana ¿se activará? el Congreso después del baño de paralización legislativa que significó el discurso inaugural de sesiones de Alberto Fernandez. Anunciar que quiere criminalizar las decisiones económicas de Mauricio Macri, alentar una comisión bicameral de investigación del funcionamiento de la Justicia y crear un mecanismo de recorte al poder de la Corte Suprema con una nueva Cámara de Apelaciones no parece ser el marco ideal para ningún tipo de acuerdo parlamentario o político.

Pero está claro que el objetivo del Presidente estuvo más allá del Congreso. Para mal o para bien volvió a generar agenda política propia. Los medios dejaron de hablar del vacunatorio VIP para pasar a debatir cuestiones tan alejadas del sentir cotidiano como las causas judiciales. “Es cierto que tenemos que trabajar mucho más ahora para conseguir consenso en leyes difíciles. Pero ganamos en discurso electoral. La Justicia está peor que la política en las encuestas”, era el consuelo de los legisladores del oficialismo post discurso de Alberto.

Y si algo faltaba para que al mundo le quedara claro que cada vez hay menos fisura entre la fórmula presidencial, lo que inicio Alberto el lunes lo terminó Cristina el jueves.

Sentada en el banquillo de los acusados en una causa donde también se judicializaron decisiones político económicas -la del dólar futuro- CFK profundizó y completó el trabajo.

Cristina Kirchner criticó a los jueces en duros términos
Cristina Kirchner criticó a los jueces en duros términos

Sin eufemismos y apelando a situaciones concretas, Cristina empezó a transitar el camino que más le gusta. Sostener un enemigo público que la suba al ring sin contemplaciones.

En su gobierno el “otro” eran los medios. Hay que reconocerle un logro. Si bien no logró destruir -al contrario, en los hechos reforzó los multimedios con quienes se enfrentaba-, sí consiguió que las tapas de los diarios fueran objeto de análisis semiótico hasta en las barriadas más pobres del conurbano. La tapa del diario dejó de ser la verdad revelada para pasar a ser objeto de desconfianza.

El mismo método quiere aplicar hoy con la Justicia. Y va por todo. Está claro que las encuestas no mienten. El hombre de a pie se siente desencantado con la Justicia porque No llega o llega tarde. Si no, que lo cuenten las víctimas de femicidio que fueron asesinadas este año a pesar de sus denuncias previas o de sus botones antipánico. Pero el debate que hoy el Gobierno empieza a dar no está relacionado con esa justicia. Sino con la parcialidad de jueces y fiscales ante los delitos económicos o de corrupción de la clase política.

CFK fue lapidaria con un solo ejemplo. Graciela Ocaña logró que se investigara en Comodoro Py su denuncia por una supuesta reunión entre la entonces presidenta Fernandez de Kirchner y el juez Casanello. La Justicia indagó y terminó desestimando la denuncia. Mauricio Macri se reunió mientras fue Presidente cinco veces y en la Casa de Gobierno —recordó la vicepresidenta— con el juez Gustavo Hornos. Los encuentros no fueron aún tomados por ningún fiscal como objeto siquiera de investigación. ¿Hijos y entenados para los Jueces Federales?

Bonus Track 1

Mientras las aguas empiezan a tranquilizarse en la emblemática Torre de YPF en Puerto Madero al ritmo que le impone su nuevo Presidente, Pablo González, las balas opositoras siguen apuntando contra la conducción política de la empresa. Lo insólito es que quien lanza los misiles por la “politización de YPF”, Emilio Apud, recorriendo cuanto programa lo invita como si fuera un técnico especializado, fue también director de la empresa con cargo político representando en el directorio ni más ni menos que a la acción Clase A, la que tiene poder de veto. Estos dias en YPF recordaban que durante la gestión de Apud como representante del radicalismo macrista, la inversión en YPF se derrumbó en un 48%. Los tuertos se asustan de los degollados.

Bonus Track 2

Agustin Rossi está analizando con el Estado Mayor Conjunto medidas tendientes a combatir las posibilidades de que miembros de las Fuerzas Armadas terminen involucrados en situaciones de violencia de género. Si bien aún la medida no fue aprobada, la idea del ministro de Defensa es generar un protocolo que termine invirtiendo la carga de la prueba en los casos en que algún militar termine acusado por una situación de violencia de género. La idea es que mientras se sustancie la investigación el uniformado sea apartado de su puesto hasta demostrar su inocencia.

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