
Recientemente PayPal, una de las empresas más grandes del mundo en lo que se refiere a finanzas y medios de pago, dio a entender que en el corto plazo va a permitir realizar pagos con criptomonedas. Si bien aún no está oficializada y puesta en marcha, es una decisión histórica y trascendental: significa que vamos a poder pagar un bien con una moneda que no fue emitida por un banco central mundial. Esto sin duda va a traer un progreso económico inmenso y los costos de la transacción van a bajar notoriamente.
En contraposición a esta medida, los bancos tradicionales miran reacios a las criptomonedas. No es por falta de voluntad sino que se rigen por normas muy estrictas para el control de lavado de dinero, por lo que si bien entienden la oportunidad que se genera, por el momento no pueden. Las empresas y organizaciones que están trabajando activamente en el desarrollo de criptomonedas abogan de manera constante para lograr una flexibilización al respecto y que los organismos se adapten a esta nueva economía.
Las criptomonedas son monedas creadas de manera digital, controladas por un algoritmo de software y gobernada por la comunidad que las adopta. Frente a la versión tradicional, es decir el billete físico, tiene principalmente dos ventajas: por un lado, se transfiere de manera digital y no pasa por terceras manos (es totalmente descentralizada su emisión y las transferencias se hacen entre pares) y en segundo lugar, al no existir intermediarios, se reducen los costos transaccionales.
Sin embargo, por el volumen que aún se maneja en las mismas (mucho menor a activos como el oro o monedas como dólares americanos o euros), poseen una volatilidad muy grande por lo que un día puede valer cierto monto y al otro día ese valor cambiar drásticamente. Las criptomonedas no duermen y es justamente su volatilidad lo que muchas veces las dificulta posicionarse como una moneda de cambio. Si bien en Argentina estamos acostumbrados a la volatilidad del peso, no sucede lo mismo en un país con moneda fuerte como el euro o dólar, por ejemplo.
En este sentido estamos atravesando algunos avances que pueden llegar a representar el futuro de la criptoeconomía: hoy ya existen los primeros instrumentos financieros basados en criptomonedas llamados ‘stablecoins’ que al atarse a una moneda estable, como el dólar, mantiene una relación de 1 a 1 entre la criptomoneda y la divisa de EEUU. A través de una stablecoin, el universo cripto le da la posibilidad a una parte de la población mundial que hoy se encuentra fuera del sistema bancario mundial de acceder a monedas estables y obtener tasas de interés así como de adquirir bienes y servicios independientemente de su lugar de residencia.
Si bien el futuro lo construimos día a día y el mundo de las criptomonedas recién está comenzando, no hay dudas que el mismo es descentralizado y vamos hacia una reducción de los costos de transacción como nunca se ha visto. La sociedad se está empezando a dar cuenta que los “peajes” que pagamos cada vez que hacemos transacciones son gastos que podrían ahorrarse y gracias al mundo de blockchain y las innovaciones tecnológicas que lo acompañan, estos “peajes” se van a reducir, lo que va a significar ganancia de productividad, eficiencia y riqueza para la sociedad en su conjunto
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