El clan Biden ofrece alguna esperanza

Los principales asesores del flamante presidente forman un cuerpo coherente, con credibilidad interna y experiencia internacional

Joe Biden, presidente de los Estados Unidos
Joe Biden, presidente de los Estados Unidos

El 46º presidente de Estados Unidos está a punto de tomar posesión y la herencia difícilmente podría ser más pesada. Internamente, Joe Biden recibe una pandemia fuera de control y una nación al borde de una crisis institucional, como se ha visto en el increíble asalto al Capitolio. Externamente, tendrá que luchar contra el declive acelerado del liderazgo norteamericano, que se hizo patente en el reciente acuerdo de inversión firmado entre Europa y China. Washington pidió a Bruselas esperar por Biden. Bruselas no esperó.

La única buena noticia, en las últimas semanas, para la administración demócrata es que se enfrentará a estos enormes desafíos -que pueden redefinir el equilibrio global de poderes para el resto del siglo- con una mayoría en el Senado.

Pero la primera prueba de fuerza del nuevo mandatario es la selección de sus principales asesores. Se trata de una tarea especialmente importante en el caso de Joe Biden, que no tendrá derecho a cualquier estado de gracia. Errores en el departamento de personal le pueden costar demasiado caro. De hecho, elegir las mentes mejor preparadas es, en el actual momento de urgencia, fundamental para convencer a los ciudadanos nacionales, así como a los socios extranjeros, de que pueden volver a confiar en los Estados Unidos.

En ese sentido, creo que la administración Biden ha dado indicaciones positivas en algunos de los puestos de primera categoría.

Para Consejero de Seguridad Nacional el presidente eligió a Jake Sullivan. A pesar de sus 43 años, Sullivan participó en las negociaciones nucleares con Irán y también en las del alto el fuego en Gaza, promovido por Estados Unidos, en 2012. Es decir, tiene conocimiento de causa respecto dos expedientes clave para intentar construir un futuro diferente en Oriente Medio.

Bajo la dirección de Sullivan, que habla castellano, trabajará el consejero de temas de América Latina, el colombiano Juan Gonzalez, que trae una sólida experiencia en temas como el narcotráfico y la inmigración.

Otro de los cargos más importantes, el de secretario de Estado, quedará en manos de Antony Blinken. Hijastro de un sobreviviente del Holocausto, Blinken es un nombre indiscutible que devuelve alguna paz y previsibilidad al servicio exterior norteamericano. Sin embargo, uno de sus primeros grandes proyectos, organizar y acoger a una cumbre de democracias, tendrá muy probablemente de esperar por mejores condiciones internas.

Asimismo, el ex candidato presidencial John Kerry forma parte del equipo Biden como enviado especial para el medio ambiente. La creación del cargo, así como la promesa de volver al acuerdo de París, representa, sin lugar a duda, aire fresco.

Importa igualmente destacar el nombramiento de tres mujeres con credenciales de lujo: Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal, se hace a cargo del Tesoro en plena recesión; Linda Thomas-Greenfield, una diplomática veterana especializada en asuntos africanos, representará a los Estados Unidos en Naciones Unidas; y, finalmente, Samantha Power, reconocida activista por los derechos humanos, liderará la Agencia para el Desarrollo Internacional, USAID.

En efecto, todos estos nombres forman un cuerpo coherente, con credibilidad interna y experiencia internacional adquiridas, en particular, en la administración Obama y en el gabinete de Hillary Clinton. Todos, sin excepción, representan los valores del multiculturalismo y ofrecen, por eso, alguna esperanza en la defensa del orden liberal internacional tras cuatro años tumultuosos.

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