El Papa Francisco y la necesidad actual de la ternura

Sin ella no hay entrega, y su expresión no es ostentosa, ya que se manifiesta en pequeños detalles

El papa Francisco
El papa Francisco

“Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar (cf. 1 Co 13, 1-13)” (Fratelli Tutti, pág. 63).

El Santo Padre, en el párrafo siguiente de su magistral encíclica más reciente, de la mano de Santo Tomás de Aquino explica la experiencia de amar como “un movimiento que centra la atención en el otro ‘considerándolo uno consigo’, lo que nos hace buscar su bien gratuitamente” (N.93, pág. 63, FT), desde la ternura. Experiencia como aquella del jinete que iba de Jerusalén a Jericó que “ve” al herido, se conmueve y lo auxilia (Lucas, 10, 25-37) sin abrir juicio alguno. El término está empleado como lo que se impresiona o conoce antes de todo juicio, pre-predicativamente, donde la aclaración y las itálicas son nuestras.

¿Enternecerme?

Claro que podemos preguntarnos, ¿ternura en este mundo que “es y será una porquería…”? ¿No ve Francisco que hay una pandemia de aceptación alegre del mal que afecta a grandes grupos de poder, gobernantes, mass-media, periodistas, jueces y tantos otros? Claro que lo ve y sigue a Jesús quien, desde el más crudo realismo les indicó a sus discípulos: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mateo,10:16:23).

¿Puede la ternura de la paloma conciliarse con la astucia de la serpiente?

Una primera idea nos diría que “ternura” significa blandura de carácter, espíritu débil, en cambio astucia o prudencia es especulación y cálculo. En su significación del presente siglo el manso es puro sentimiento y el astuto pura inteligencia.

En cambio, el pensamiento realista de Francisco está marcado por una filosofía de la polaridad de los complementarios donde une razón y sentimiento. Contrariamente al arbitrario divorcio racionalista de corazón y razón, Bergoglio restaura e integra la inteligencia y el sentimiento.

Lo pequeño es hermoso

La ternura implica, contrariamente a la debilidad de carácter, confianza y seguridad en uno mismo. Sin ella no hay entrega. Y su expresión no es ostentosa, ya que se manifiesta en pequeños detalles: la escucha atenta, el gesto amable, la demostración de interés por el otro sin contrapartidas, la caricia, la proximidad, el auxilio. Hacerse cargo de los problemas del otro aún del otro desconocido o extranjero, dar alegría, acompañarlo en circunstancias difíciles. No es sólo en las grandes cosas donde se encuentra el bien o el mal sino en las pequeñas. La astucia -como el deslizarse de la serpiente -apunta a eludir el mal o “la porquería” de este mundo.

Cuando lo pequeño es divino

Lo pequeño es hermoso titulaba una obra de economía el humanista alemán radicado en Londres Ernst Friedrich Schumacher. El Papa Francisco recurre a la polaridad de lo grande y lo pequeño para explicar a Dios, quien siendo grande se hace pequeño. Unas tablas y paja por cuna, y sin embargo es enorme, y las penumbras del establo son pura luz y en esa dialéctica de lo grande y lo pequeño manifiesta su ternura…. “La navidad nos ayuda a entender esto: en aquel pesebre, del Dios “que se “abaja” se hace pequeño para comunicarse con nosotros. Y agrega Francisco siguiendo a Santo Tomás ¿Qué es divino? ¿Qué cosa es la cosa más divina? “Non coerceri a máximo, contineri tamen a mínimo, divinum est”, “…lo divino es tener ideales que no están limitados ni siguiera por lo más grande, sino ideales que están al mismo tiempo contenidos y vividos en las cosas más pequeñas de la vida…No asustarse de las cosas grandes, pero tener en cuenta las cosas pequeñas: esto es divino, ambos juntos”. “No estar forzado por aquello que es más grande, ser contenido en aquello que es lo más pequeño, ¡esto es divino! (y) hacer las pequeñas cosas de cada día con un corazón grande y abierto a Dios y a los demás, ver las cosas pequeñas al interior de los grandes horizontes, aquellos del Reino de Dios”.

Obrar con ternura (amor) y astucia (inteligencia)

Y ¿cómo se hace para obrar con “ternura” y al mismo tiempo con “astucia” o “prudencia”? Teniendo mucho amor y buena memoria. Ejemplo de inteligencia como astucia son las respuestas de Jesús a los fariseos tantas veces cuantas estos quieren hacerlo incurrir en contradicción con los preceptos de Libros Sagrados. Inteligencia como prudencia es, como decía el Angélico:

— Memoria de lo Pasado, porque nada hay que oriente tanto para lo que conviene hacer como el recuerdo de los pasados éxitos o fracasos. La experiencia es madre de la ciencia (Summa II-II, 49-1).

— Inteligencia de lo Presente, para saber discernir si lo que nos proponemos hacer es bueno o malo, lícito o ilícito, conveniente o inconveniente (Summa II-II, 49-2). Y

— Providencia de lo futuro, consistente en fijarse en el fin lejano que se intenta, para ordenar a él los medios oportunos y prever las consecuencias que se pueden seguir de obrar de aquella manera (Summa II-II, 49-6).

Homenaje de Francisco a las enfermeras/os de la Argentina

En un video emitido por la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud con motivo de celebrarse en la Argentina el 21 de noviembre el Día Nacional de la Enfermería dijo Francisco: “Gracias por la cercanía, gracias por la ternura, gracias por la profesionalidad con que atienden a los enfermos. Rezo por ustedes…y no se olviden de rezar por mí”.

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