
La estrategia de gobiernos como el actual en Argentina, de aumentar impuestos o crear nuevos, debería preocuparnos, porque conlleva señales erróneas para el sector privado, que es el principal motor de las inversiones y el empleo, dos claves necesarias para salir de la crisis.
Argentina perdió más de 4 millones de empleos durante este apagón económico que el Gobierno aplicó durante meses, disfrazándose de “Papá Estado”, aunque, ya promediando noviembre de 2020, nos damos cuenta de que ni cuidó la salud de los ciudadanos, ni su economía, ni su educación, ni su seguridad.
Pero al margen de cómo actuó el Poder Ejecutivo desde marzo a la fecha, hoy la principal preocupación de los argentinos es cómo reactivar lo antes posible el circuito económico; cómo encender el motor pyme y aceitar sus engranajes para que los diferentes rubros de la economía cambien agonía por recuperación. Y para ello, la receta médica no puede indicar jamás mayor asfixia (fiscal, en este caso), sino todo lo contrario: más oxígeno.
Sin embargo, el denominado impuesto a la riqueza que el oficialismo quiere aprobar ahora lo único que logra es continuar la escalada tributaria y seguir engordando a “Papá Estado”, que ya cuenta con más de 150 impuestos, pero como no los sabe administrar y la recaudación se le escurre en iniciativas como agencias para perseguir a periodistas, subsidios para quienes cometen usurpaciones o para presos, necesita sumar más presión fiscal para equilibrar cuentas.
Mientras, el desempleo crece, la heladera llena que prometió el Presidente pasó a ser una utopía y los aumentos de las jubilaciones no solo fueron recortados por decreto durante este año, sino que a partir del próximo no contemplarán la inflación. Entonces, con este panorama, ¿Cómo piensa el Gobierno reavivar la economía y recuperar los empleos perdidos, si su filosofía es seguir gravando con más impuestos al sector privado, que es el único generador de riqueza?

El riesgo de esta estrategia es sumamente peligroso para el país, y más en estos momentos, porque no sólo implicaría frenar la eventual generación de puestos de trabajo, sino que además incentivaría aún más la evasión fiscal y transmitiría una señal equívoca a aquellos capitales que estén analizando posibles inversiones en la región y que busquen aterrizar en territorios con reglas de juego claras y rentabilidad segura, así como también para aquellos que se encuentran radicados en Argentina pero que, frente a estas propuestas, analizan mudarse a otro país.
Es por todos estos motivos que nosotros, desde Juntos por el Cambio, no apoyaremos esta iniciativa del Kirchnerismo en el Congreso Nacional, ya contemplada en el incremento de Bienes Personales que impulsaron meses atrás tanto para bienes en Argentina como para aquellos situados en el extranjero.
Ninguna sobredosis es positiva y mucho menos en materia impositiva en estos momentos en los que el país necesita imperiosamente salir de un pozo económico, al que se lo ha sometido durante meses, amparados en el falso dilema de “salud o economía”. Debería haber sido siempre un equilibrio entre “salud y economía”, porque los resultados están a la vista.
Parece que quienes gobiernan Argentina actualmente entienden que las empresas o capitales privados son objetos exprimibles eternamente. Ojalá que, para poner de pie al país, no sea tarde cuando se den cuenta de que su jugo y su paciencia son finitos.
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