¿Un Nobel de la Paz por la explotación laboral?

Circula un pedido para premiar a las brigadas médicas cubanas. Lo que no se dice es que el Gobierno explotar a sus propios trabajadores en favor de intereses políticos internacionales

El gobierno cubano ha aprovechado el coronavirus para desplegar una gigantesca operación financiera y propagandística mundial (Reuters)
El gobierno cubano ha aprovechado el coronavirus para desplegar una gigantesca operación financiera y propagandística mundial (Reuters)

En los últimos días hemos visto un creciente pedido por parte de diferentes referentes amigos del gobierno autoritario de Cuba para que se otorgue el Premio Nobel de la Paz a las brigadas médicas cubanas. De prosperar, se estaría premiando a un gobierno por abusar y explotar a sus propios médicos en favor de puros intereses políticos internacionales.

Cuba asegura haber enviado desde comienzos de los años sesenta a más de 400.000 trabajadores de la salud a 164 países como “colaboración” médica que presenta como “altruista”. El que Cuba cobra por estos servicios fue secreto de Estado hasta el 2010.

En el último año, el gobierno cubano ha aprovechado el coronavirus para desplegar una gigantesca operación financiera y propagandística mundial que tiene a Argentina entre sus puertos de desembarque previstos. En marzo último, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, confirmó que analizaba una propuesta para traer 500 cubanos y el ministro de Salud, Gines González, confirmó que llegarían 202 galenos cubanos. Se difundió que los cubanos recibirían $360.000 (USD 4.100), además de vivienda y otras prebendas que no se ofrecen a los médicos argentinos con excelente capacitación.

Lo cierto es que la “diplomacia de batas blancas” es una industria multimillonaria del Estado cubano que exporta trabajadores como mercancía y 75% son del sector de la salud. Desde 2005 constituye la mayor fuente de ingresos de Cuba. En 2018, los servicios de exportación por misiones sociales y de salud generaron a Cuba USD 6,4 mil millones, tres veces más que el turismo, y unos $975 millones en servicios de apoyo. Entidades estatales cubanas contratan con gobiernos enviar trabajadores cubanos por dos o tres años y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros gobiernos pagan la cuenta de algunos de estos países. Algunos acuerdos incluyen servicios de docencia y la venta de medicamentos.

Los gobiernos anfitriones permiten a los cubanos ejercer saltando los requisitos usuales de validación de títulos sin poder constatar su nivel de capacitación. Los pacientes, usualmente pobres, carecen de protecciones adecuadas ante mala praxis. También acuerdan no permitirles ejercer fuera del esquema contractual que le permite apropiarse de la mayor parte del pago por los servicios (entre 75 y 95%, porcentaje que varía por país). Los trabajadores reciben parte del menguado pago en una cuenta en Cuba a la que solo pueden acceder si regresan a la isla habiendo completado su misión exitosamente.

El Estado anfitrión también paga a los cubanos estipendios en moneda local y les garantiza alojamiento. A veces, paga más a Cuba que por los trabajadores sanitarios locales o, al sumar los gastos adicionales, incurre en mayores costos que si contratara a los nativos. Algunos países tienen suficientes profesionales de la salud, incluyendo médicos, pero traen a los cubanos por razones políticas y para apoyar a Cuba. En todos los casos, los trabajadores cubanos deben dejar a sus familias en Cuba y están constantemente vigilados y sometidos a numerosos atropellos, reglas arbitrarias y humillaciones.

El esquema viola el Protocolo sobre la Trata de Personas de 2003, suplementario a la Convención Contra el Crimen Trasnacional, varios convenios de la Organización Internacional del Trabajo, tales con el 29 sobre trabajo forzado y el 95 sobre la protección del salario, así como otros acuerdos internacionales. Asimismo, la mascarada humanitaria lacera a la población cubana, ya que los ingresos multimillonarios no se destinan al sector de salud, como aduce el gobierno. En Cuba, hay escasez de médicos especialistas y enfermeros y las instalaciones médicas cubanas tienen graves limitaciones de equipos y suministros y están en pésimas condiciones. Eso sí: la llamada “diplomacia médica” sostiene a la dictadura cubana y su gigantesco aparato de represión, inteligencia y propaganda.

Recientemente hemos presentado una alternativa que facilita a los países que buscan reforzar sus sistemas sanitarios contratar directamente a médicos y otros profesionales sanitarios cubanos dispuestos a viajar de inmediato para asistir con la pandemia. Permitirá a los países necesitados acceder a profesionales capacitados en pleno respeto de todos sus derechos y sin incurrir en violaciones al derecho internacional; los cubanos podrán ejercer su profesión libremente. A pocas horas de haberse lanzado, ya se habían inscrito más de 300 interesados, doctores en medicina especialistas en muy diversos campos. Muchos están atrapados en Cuba ganando $70 al mes y pasando enormes trabajos. Otros han emigrado, muchos habiendo abandonado una misión internacionalista del estado cubano, pero no han podido ejercer su profesión por enfrentar trabas de todo tipo. Esos sí que merecen premio, o al menos, condiciones dignas de trabajo.

La autora es directora ejecutiva del proyecto Cuba Salud de la organización Archivo Cuba, con sede en Estados Unidos.

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