¿Cómo es posible que dirigentes de la democracia sigan negando la pérdida integral de los derechos humanos en Venezuela?

El dictador Nicolás Maduro
El dictador Nicolás Maduro

Nuestro embajador en Ginebra, Federico Villegas, fue preciso a la hora de respaldar el informe de la Alta Comisionada por parte del Gobierno argentino: “Solo el orden constitucional, la democracia y el estado de derecho harán posible la restauración y el ejercicio de los DDHH en Venezuela”.

Es de difícil comprensión que algunos actores de la coalición gobernante agredieran al presidente Alberto Fernández por esta decisión. Es cierto que son minoritarios o marginales, pero sería adecuado que las Comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y de la Cámara de Diputados de la Nación dieran una declaración conjunta y plural de respaldo al informe. Hace pocos días todos los ex cancilleres argentinos, desde el retorno a la democracia, expresaron en forma conjunta su deseo de que la futura conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) respete el espíritu y práctica desde su Fundación en 1959. Estos consensos, en la diversidad, son las que siembran políticas de Estado que le permita a nuestra democracia ser previsible, confiable y sustentable.

Al prestigio del organismo de DDHH de la ONU se le suma la honorabilidad, trayectoria y compromiso con todas las dimensiones de la democracia, de la dos veces presidenta de Chile Michelle Bachelet. Víctima personal y familiar de una de las más sangrientas dictaduras que sufrimos en la región, no permitió nunca que su dolor y sufrimiento se convirtiera en venganza y autoritarismo. Desde su pertenencia al Partido Socialista Chileno fue una trabajadora incansable del diálogo democrático, republicano y social.

El Informe y las recomendaciones no son una declaración improvisada ni distorsionada: es un extenso y profundo trabajo realizado en territorio por un amplio equipo conducido por la Alta Comisionada, que lo culminó con su presencia en tierra venezolana en Junio de 2020. En esta se reunió con todos los actores de la sociedad de Venezuela incluido el propio Nicolás Maduro. Con la misma responsabilidad y pluralismo han actuado y actúan todos los miembros de la Misión.

Es bueno volver a resaltar que el informe marca explícitamente que durante una década, en especial en 2018 y 2019, se han agravado dramáticamente el acceso a la salud, la alimentación y la seguridad. Se han avasallado los derechos políticos, civiles y de libre expresión de la ciudadanía. Incluso funciones del Congreso. Indica que toda esta situación ha generado el éxodo sin precedentes de millones de emigrantes y refugiados. Si bien reconoce la influencia negativa de sanciones económicas externas, sostiene que la crisis económica y social era existía desde antes.

Reconoce que en este último período el régimen les ha permitido mayor acceso a la información, pero lo instan a cesar con la tortura y la negación de acceso a la justicia. Lo incriminan por “neutralizar, reprimir y criminalizar a la oposición política y a quienes critican al gobierno”.

No se puede negar que informes sectoriales de la Alta Comisionada en nuestras democracias regionales podría marcar algunos déficits en distintas dimensiones. Pero ninguna alcanza la integral sistematicidad y gravedad de lo que se vive en Venezuela.

Michelle Bachelet culmina con profundidad humanista convocando a todos en Venezuela y el Mundo para solucionar esta crisis. Después de este informe: ¿es posible que dirigentes de la democracia sigan negando la pérdida integral de los derechos humanos en Venezuela y la necesidad inmediata de iniciar un proceso pacífico y transparente de recuperación de la democracia?

Debemos trabajar coordinadamente con el “Grupo de Lima” y el “Grupo Internacional de Contacto” en el contexto y recomendaciones del Informe Bachelet. En alguno de estos dos grupos estamos todos los vecinos, e importantes y diversas democracias europeas. No está presente ninguna de las grandes potencias que podrían dar excusas a unos y otros para no participar. Es necesario resolver sin más ni mayores violencias esta catástrofe humanitaria.

El autor es miembro del CARI y fue embajador de Argentina en Chile y EEUU


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