La inteligencia artificial ya cambió el mercado laboral, pero no la educación en el Perú

En un entorno donde la inteligencia artificial ya forma parte del trabajo, las habilidades digitales dejaron de ser un diferencial y pasaron a ser un requisito básico

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Joven con auriculares en un escritorio de madera, frente a un portátil con una videollamada que muestra un personaje animado. Libros y cuadernos a la vista
Un joven estudiante universitario, con sudor en la frente, participa en una tensa videollamada desde su dormitorio, mostrando signos de estrés mientras una figura animada lo interpela. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hoy hablamos de inteligencia artificial todo el tiempo. Está en las empresas, en el día a día, en cómo trabajamos y tomamos decisiones. Pero hay un espacio donde el cambio no está ocurriendo con la misma velocidad: la educación. Y ahí es donde está el problema.

Mientras el mundo laboral avanza, el sistema educativo sigue funcionando, en muchos casos, como hace años. Seguimos formando profesionales bajo esquemas bastante rígidos, con metodologías que no necesariamente responden a lo que hoy se necesita.

La brecha ya no es solo de acceso, es de relevancia. Hoy las empresas no están buscando únicamente conocimientos técnicos. Están buscando jóvenes que sepan contextualizar con agilidad, resolver problemas, trabajar con tecnología y, sobre todo, aprender de manera constante. En un entorno donde la inteligencia artificial ya forma parte del trabajo, las habilidades digitales dejaron de ser un diferencial y pasaron a ser un requisito básico.

Sin embargo, eso no siempre está en el centro de la formación.

Uno de los aspectos más interesantes de la inteligencia artificial es que permite algo que antes era muy difícil: entender cómo aprende cada persona. En un salón de clases tradicional, es complicado que un profesor pueda conocer realmente a todos sus alumnos. En cambio, la tecnología sí puede identificar patrones, anticiparse a dificultades y acompañar el proceso de aprendizaje en tiempo real.

Hoy ya existen modelos educativos que están incorporando esta lógica, combinando tecnología, personalización y formatos más flexibles para adaptarse a la realidad de los estudiantes. No se trata solo de digitalizar contenidos, sino de rediseñar la experiencia de aprendizaje para que sea más dinámica, relevante y conectada con el mundo real.

Eso cambia completamente la lógica. El punto no es reemplazar al profesor, sino potenciarlo. Pero para que eso pase, el sistema tiene que estar dispuesto a cambiar. Porque si la inteligencia artificial ya puede resolver tareas que antes enseñábamos, entonces también tenemos que preguntarnos qué sentido tiene seguir enseñándolas de la misma manera.

Hoy el valor no está solo en saber, sino en saber pensar, cuestionar, adaptarse y tomar decisiones en entornos inciertos y globales.

Además, hay una realidad que no podemos dejar de lado: muchos jóvenes necesitan trabajar mientras estudian. Sin embargo, el sistema sigue planteando ambos caminos como si fueran excluyentes. Y en ese proceso, se pierde talento.

La inteligencia artificial no es el problema. Más bien, nos está mostrando con bastante claridad lo que ya no funciona. Porque el mundo ya cambió. La pregunta es si la educación está dispuesta a cambiar con él.

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