
El pasado 7 de abril, el acto de apertura del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios (CUDES), comenzó cuando los asistentes (presenciales y virtuales) escucharon los acordes de la zamba La 7 de abril, la primera pieza de ese género de la que se tiene registro y cuyo título recuerda precisamente esa fecha, sin que se conozca fehacientemente ni el autor ni el origen de su nombre.
En el final de la sesión académica se pudo apreciar la parsimonia delicada y elegante de las danzas criollas y escuchar otros estilos y zambas de la investigadora homenajeada en la ocasión, la profesora Olga Fernández Latour de Botas (1935-2025), escritas en coautoría con el maestro Raul Chuliver, quien brindó un breve recital. Ese comienzo y ese final designaron la impronta de otra música que en las alas de una viva evocación resonó durante todo el acto como un himno de la más viva argentinidad.
Coorganizado con la Academia Nacional del Folklore, recordaron a la investigadora de la cultura popular argentina el fundador de la institución, Antonio Rodríguez Villar y su actual presidente, el músico José Luis Castiñeira de Dios. Los profesores Ana María Dupey, Carlos Molinero y Marta Ruiz, que compartieron trabajos científicos con Fernández Latour, comentaron diversas facetas de una rica personalidad de alta categoría espiritual, académica y humana.

Sergio Delgado, director ejecutivo del instituto, presentó el homenaje en el marco del acto inaugural del actual año académico. Junto a otras expresiones de las ciencias y de las artes, el CUDES brinda dos diplomaturas en historia nacional, una diplomatura en cultura universal y cambio epocal y otra en cultura argentina que se dicta desde hace más de quince años y que en su edición digital reúne a alumnos de todo el país y del extranjero.
Una luz en el camino
Brillante continuadora en la huella de los caminos abiertos por los grandes maestros como Carlos Vega, José Imbelloni, Félix Coluccio, Alberto Rougés, Rodolfo Kusch, Manuel Gómez Carrillo, Augusto Raúl Cortazar, Juan Alfonso Carrizo y Bruno Jacovella, Fernández Latour, poseedora de una extensa carrera docente, escritora y autora de más de cien trabajos de investigación, es considerada hoy una de las más altas autoridades en materia de las ciencias del folklore por sus relevantes y numerosos aportes a la disciplina, especialmente en materia de cantares populares.
Doctora en Letras por la Universidad del Salvador, reunió en su persona el estudio de los campos del folklore, la historia y la filología. Fue triple académica: miembro de la Academia Argentina de Letras, la Academia Nacional del Folklore y la Academia Nacional de la Historia, además de otras numerosas instituciones científicas del país y del extranjero. Ha recibido por sus trabajos numerosos premios y distinciones.
La folklorología se ocupa del patrimonio cultural material e inmaterial que constituye la identidad de un pueblo y abarca numerosas disciplinas que estudian las tradiciones y costumbres populares de una cultura. Se integran en ella artesanías, gastronomía, indumentaria, lenguas, literatura, ciencia y medicina tradicional, mitos, supersticiones, cantos populares, adivinanzas, refranes, juegos y creencias.
Estudiosa de la religiosidad popular en sus múltiples manifestaciones, Olga Fernández Latour profesó ella misma una profunda fe cristiana expresada en su tesis doctoral sobre la Virgen María en el folklore argentino, que fue publicada en una versión reducida del cardenal Víctor Raúl Fernández, actual prefecto del dicasterio para la doctrina de la fe en la Santa Sede. La presencia mariana -anotó la autora en la introducción-, es una de las constantes que aparece con mayor frecuencia en las proyecciones literarias y artísticas de la cultura popular tradicional argentina.

El reconocimiento de la sociedad
Diversas personalidades de la vida social, la política y la cultura como Luis Ovsejevich, Jorge Rouillon, Teresa González Fernández, Julio Lascano y Vedia, Victoria Morales Gorleri, Pilar Bosca, Ema Cibotti, Bárbara y Tulio Andreussi, y profesores del instituto como Eliana de Arrascaeta, Juan Archibaldo Lanús, Patricia Casañas, Daniel Balmaceda, Dulce Santiago, Diego Pulfer, Cristina Viñuela, María Elena Vigliani de la Rosa, Eduardo Lazzari, José Emilio Burucúa, Daniel Varacalli, Alfonso Santiago y Claudio Morales Gorleri se hicieron personalmente presentes en el homenaje para brindar la calidez de su recuerdo.
Otras figuras relevantes, algunas de ellas vinculadas a las instituciones organizadoras como Pedro Luis Barcia, María Azucena Colatarci, Carlos Dellepiane Cálcena, Felicitas Luna, Leonor Acuña, Marcela Aspell, Horacio Sánchez de Loria, Paola Delbosco y Rafael Oteriño brindaron testimonios personales sobre la homenajeada.
Se recibieron adhesiones de varias personas e instituciones como Maros Aguinis, Vicente Massot, Luis Alberto Romero, Alberto Bellucci, Damián Fernández Pedemonte, María Inés Montserrat, Pablo Gianera, Fabián Bosoer y María Sáenz Quesada, Humberto Podetti, José Ramón Sanchís Muñoz, Mario Lazarovich, Oscar de Masi y Ceferino Reato; también de profesores de los programas del instituto, además de Gregorio Caro Figueroa, Alicia Zorrilla, Carlos Romero Sosa, la Academia Belgraniana, el Instituto de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, las fundaciones Arché y Rodolfo Kusch de Jujuy, la Academia Porteña del Lunfardo y la revista Todo es Historia.

Un canto a la patria
En diez mil hexámetros divididos en doce cantos, el poeta clásico Virgilio supo transmitir una épica que ha perdurado hasta nuestros días, en la figura de un hombre que sale en largo viaje por mundos desconocidos y durante el cual transita con su hijo Ascanio de la mano, pero también llevando a cuestas a su padre Anquises. Eneas representa al héroe que construye con las nuevas generaciones pero que al mismo tiempo lo hace teniendo presente la tradición de las pasadas.
“Ya la espada de hierro ha ejecutado/la debida labor de la venganza/ya los ásperos dardos y la lanza/la sangre del perverso han prodigado”, escribió Borges. Su soneto evoca la obra de Homero, poeta también consagrado en la antigüedad clásica, quien nos ha dejado la figura de Odiseo, representante del héroe cuya vida cobra sentido en el regreso a la tierra de sus padres.
Ambos héroes, Eneas y Ulises u Odiseo, representan y cada uno a su modo resignifican el paradigma del ser humano que sufre y que goza los avatares infinitos de su transeúnte existencia temporal. Como se recordó en el acto, Olga Fernández Latour también se ha nutrido en una viva la tradición y ha construido el futuro. Su vida expresa una actitud doblemente valorativa, desde un origen y hacia un destino. Como en los héroes clásicos, ese destino es su patria.

En la épica de ambos, de Eneas y Ulises, se sustenta la piedad patriótica que sigue teniendo, como pudieron dejarlo impreso en una literatura que ha superado el paso de los siglos, una identidad perenne, los dos más grandes poetas de la antigüedad clásica.
La ejemplaridad de una vocación argentina y universal
Si pienso en alguien que significa argentinidad, más que en guerreros y armas bélicas con las que suele representarse a la patria, viene a mi mente y a mi corazón Olga Fernández Latour. En su rostro siempre lleno de luz se encarna su historia, su épica, su precioso patrimonio natural, cultural y humano.
Es una representación que no tiene sones vibrantes de clarines ni un ruido de corceles y de aceros sino el callado silencio del crepitar de una llama, pero evoca sus glorias más áureas y su significado desde la cultura de un pueblo. Estudiarla, difundirla, es un quehacer que quienes lo cultivan saben que sólo se puede vivir de una manera genuina a partir de una acendrada pasión por la tierra donde se ha nacido.

Ella fue la encarnación de una virtud olvidada que encuentra como una consecuencia obligada una Argentina yacente: la piedad patriótica. Honrar al padre y a la madre, mantener vivo su legado, es el mandato que encierra el significado de una vida que nos deslumbra con su riqueza.
La entera existencia de Olga Fernández Latour puede compendiarse en las estrofas de un himno que supo cultivar con un amor inefable y cuyos versos ella sigue recitando a través del tiempo. Son los sones entrañables de un canto sublime y eterno a la patria argentina.
[El autor es director académico del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios]
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