Para asegurarse de que los bancos siempre tengan disponibles pesos para devolverles a los depositantes que lo demanden, el Banco Central (BCRA) les exige que integren, en las cuentas que estos tienen en la autoridad monetaria, un determinado porcentaje de los depósitos que reciben. Este porcentaje de liquidez que tienen que guardar en el BCRA, pueden exigir que se cumplan en promedio mensual o en algún otro período más largo. Eso quiere decir que, si un día una entidad financiera se quedaba por debajo de lo que debía integrar, en otro momento podía compensarlo poniendo esa diferencia más lo que le tocaba ese día. Es decir, en promedio terminaba cumpliendo con lo que pedía el BCRA.
Por otro lado, los argentinos usamos mucho efectivo y aumentamos la cantidad del mismo que tenemos en el bolsillo cuando cobramos el sueldo. Así que hacia finales y principios de cada mes hay una mayor demanda intramensual de pesos. Luego, vamos gastando ese dinero que guardamos y, entonces, el atesoramiento empieza a bajar desde la segunda semana hasta la tercera, más o menos. Como los bancos saben esto, aprovechan para integrar menos que el promedio requerido cuando la gente quiere más moneda y compensarlo poniendo más en sus cuentas en el BCRA cuando el público quiere menos.
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Hay que tener en cuenta que la base monetaria, la demanda total de pesos, está formada por lo que demanda la gente y empresas y por lo que necesitan guardar los bancos. Por ende, el que las entidades financieras actúen a la inversa de la preferencia de atesoramiento de la gente, ayuda a estabilizar la demanda de pesos. Por lo tanto, también evita que la tasa de interés tenga mucha volatilidad.
Si el BCRA les pide a los bancos que integren el 100% de los encajes todos los días, no pueden compensar las variaciones intramensuales de la demanda de pesos de la gente. Por ende, cuando estos últimos quieren atesorar más, las tasas tienen que subir mucho para desincentivar que lo hagan y quede más dinero en los bancos. En tanto, cuando la gente quiere tener menos, esos recursos van a los bancos y les sobran pesos; por ende, las tasas de interés bajan mucho. Lo malo es que esta volatilidad aumenta el riesgo de tomar ahorros para prestarlos; porque vuelve impredecible la tasa a la que tendrán que renovar esos depósitos y eso hace que suba el costo de intermediación. O sea, la diferencia que tienen que cobrar entre lo que les pagan a los depositantes y lo que le van a pedir a los que tomen deuda. A su vez, cuanto más caro el crédito, son menos quienes quieren tomarlo. Por lo tanto, desincentiva a los bancos a buscar ahorro en el mercado y pagan menos por los depósitos; lo cual merma el financiamiento doméstico disponible.
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Por ello, es bueno que el BCRA esté desarmando la medida que tomó en medio de la crisis preelectoral obligando a los bancos a integrar diariamente todo el encaje que correspondía a ese día. Eso ayudará a bajar la alta volatilidad de la tasa de interés que se generó desde ese momento y, por ende, permitirá bajar el costo del crédito.
El autor es economista y director de la Fundación “Libertad y Progreso”
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