
Algunos miembros del partido gobernante parecen estar entrando en un delirio muy difícil de entender desde cualquier mirada racional. O su miopía ideológica es tal que no pueden ver más allá que la consecuencia más inmediata de sus propuestas.
Hace un mes la diputada Fernanda Vallejos retuiteó lo siguiente: “Un Estado soberano en términos monetarios no necesita pedir dinero prestado porque lo puede crear. Esa restricción financiera es el pilar por el que ataca la academia convencional, hacernos creer que no hay suficientes recursos financieros para cualquier tipo de política pública”, Ni el rey Midas pudo soñar con tanto ya que en aquella época no existía el dinero fiduciario.
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Si ese enunciado fuera cierto, sería el punto final para la pobreza y el fin de toda necesidad. Estos políticos y economistas nunca se dieron cuenta de que las necesidades son infinitas y los recursos escasos. Además, estos sólo tienen su origen en el trabajo y la producción y no vienen por la generación espontánea ni por la impresión de billetes. Entonces, la emisión monetaria no es la solución para satisfacer las necesidades de la gente, por más que sea algo que todos quisiéramos y que, parece, algunos lo crean. La consecuencia de esta política, la inflación, es más que conocida por todos los argentinos.
Recientemente un globo de ensayo para testear la opinión pública se orientó a la adquisición de participaciones accionarias a cambio de los subsidios estatales para el pago de parte de los salarios. Un Estado que prohíbe trabajar, prohíbe despedir (cambiando las reglas de juego) y sigue cobrando impuestos como si nada pasara se hizo cargo de una parte de los salarios pagándolos directamente, para luego decidir que este subsidio daría derecho a que quede con la propiedad de las empresas, o parte de ellas.
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Los políticos que proponen esto, que deben creerse muy inteligentes por tener estas ideas mientras siguen cómodamente cobrando su sueldo todos los meses, lo ven como una manera de hacerse activos que de ninguna otra forma podrían controlar. Las consecuencias inmediatas: el Estado sería propietario de más activos. Las mediatas, nunca más nadie invertiría un centavo en Argentina a menos que su recupero sea en el cortísimo plazo. No hay que ser adivino para conocer el resultado final. Lamentablemente, en la historia ya se han vivido suficientes experiencias de este tipo como para saber que concluyen en la pobreza y el totalitarismo.
Esperemos, por el bien de todos los ciudadanos, que estos sectores dejen de lado las recetas descartadas por el mundo libre hace ya bastante tiempo. O que, al menos, dejen de proponer ideas.
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El autor es socio de Infupa SA.
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