Ante la pandemia, la vacuna debería ser un bien de la humanidad

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Vacuna china contra el Coronavirus

Introducción

El elemento vital de la industria farmacéutica es el monopolio conferido por el Estado en forma de patente otorgada por el Registro de Propiedad Intelectual de los Estados Unidos de Norteamérica (USPTO) y su equivalente de la Unión Europea.

Teniendo en cuenta que las nuevas corporaciones globales no producen nada y que su único objetivo es la acumulación y gestión de patentes, a la política actual del copyright que actualmente gestiona la vida se le debe oponer necesariamente una bandera blanca ante este desastre que atraviesa la humanidad.

Situación actual

Las patentes son otorgadas por el artículo ocho de la constitución de los Estados Unidos, que dice: “El Congreso tiene el poder de promover el progreso de la ciencia y las artes útiles, asegurando a los autores e inventores por períodos de tiempo limitados el derecho exclusivo de sus descubrimientos”. Hoy es de amplio conocimiento que los derechos de patente resultaron tener casi nada que ver con el estímulo de la innovación; es decir, sabemos que la innovación suele ocurrir fuera de la industria farmacéutica, sabemos de los medicamentos “me too”, de las espurias solicitudes de extensión de períodos de patentes ante pequeñas modificaciones de las drogas, nuevas indicaciones y uso, nuevas formulaciones, lo que la misma industria llama (puertas adentro y para sus inversores) expansión de mercado. Recordemos que una patente se puede aplicar a cuatro características de un medicamento: la sustancia en sí (la droga), formas de administración (oral, parenteral), la fórmula y el proceso de fabricación. Dependiendo del poder de cada patente es el poder que tendrá la industria de proteger su medicamento de los genéricos (una vez cumplido el período de protección de la patente, según la OMS). Esto último hace que en Argentina, si bien adherimos a la ley de patentes (sancionada en 1995 y con un período de gracia de cinco años), no todos los medicamentos patentados internacionalmente se encuentran igual de protegidos en nuestro mercado local, aún dentro del período de protección de la patente a nivel internacional. Nuestros mal llamados medicamentos genéricos, según algunos médicos (ya que muchas veces no cumplen con la definición de medicamento genérico de la OMS que incluye en su definición, “una vez que se haya vencido el período de protección de la patente”) son drogas de calidad, algunas veces de precios inferiores a la droga original (la patentada) y aprobadas por nuestra agencia regulatoria bajo altos estándares de calidad, control y vigilancia. Aunque gran parte de la comunidad médica local insista en llamarlas copias.

Hay muchas razones para creer que la industria farmacéutica se saldrá con la suya, pero la principal razón es que las grandes farmacéuticas contribuyen con altísimas sumas de dinero a las campañas presidenciales, cuentan con activistas en el Congreso y muchos de sus CEOs ocupan importantes cargos en los ministerios e instituciones relacionadas a la salud, incluyendo la FDA en los Estados Unidos, y viceversa: muchos de los CEOs de las grandes farmacéuticas ocuparon cargos en los sucesivos gobiernos como por ejemplo en el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos.

El extremo de este beneficio de protección del que goza la industria farmacéutica se dio en 1980 cuando la Corte Suprema modificó el requisito de solicitud de una patente y pasó de tener que ser útil, nueva y no obvia a ser simplemente algo sin aplicaciones prácticas y que podía servir para aplicaciones posteriores. ¡Así fue que se otorgó el beneficio del patentamiento de genes! La industria pasó de ser un excelente negocio a ser un negocio de ganancias infinitas...

La industria farmacéutica es el grupo de presión más grande de Washington.

A través de ciertas instituciones médicas y de los mal llamados “líderes de opinión”, la industria farmacéutica ejerce absoluto poder sobre lineamientos de tratamiento, presión de receta de algunos médicos, hot topics científicos de los congresos y hasta en las definiciones de los estándares de salud y enfermedad de cada área terapéutica o enfermedad

Propuestas

Hay muchas razones para cuestionar la validez del derecho de propiedad intelectual (siempre por fuera del marco de la OMC):

1. Detrás del desarrollo de los grandes laboratorios hay miles de millones de dólares puestos por los Estados financiados con impuestos de miles de contribuyentes.

2. La humanidad se podría preguntar, por ejemplo, ¿quién descubrió los anticuerpos monoclonales que se utilizan hoy para prolongar la vida de pacientes con enfermedades autoinmunes? La respuesta podría ser: el Dr César Milstein, y no la farmacéutica que investigó, desarrolló y patentó uno de ellos para su comercialización exclusiva.

3. Otra pregunta sería: ¿quién invirtió en la formación del Dr César Milstein?, la respuesta cantada es la Universidad de Buenos Aires, , solventada con los impuestos de todas y todos los argentinos.

4. Filosófica y éticamente un medicamento es un bien social.

5. La salud no es una mercancía. Por lo tanto un medicamento que protege no es una mercancía.

6. La salud nunca es un problema individual sino comunitario. Se ve claramente con esta pandemia. ¿De qué le sirve al mundo que sólo unos pocos se vacunen?

7. Aún en el ámbito privado de las grandes corporaciones farmacéuticas, quienes se enriquecen no son los gerentes, los investigadores ni los científicos, sino los grande accionistas. De modo que toda la humanidad debería estar a favor de una vacuna que salve vidas, incluso, las de los gerentes y científicos de mundo y de adentro de las corporaciones. Dicho de otro modo, los imprescindibles son los científicos y no los accionistas.

8. Postulamos una sociedad sin apropiación de lo privado pero no es postulable una sociedad sin el trabajo humano (intelectual en este caso), por lo tanto, la vacuna no debería ser patentable.

9. Incluso para las clases acomodadas es conveniente una cobertura general con la vacuna, aún para los sectores más pobres. Si las vacunas SABIN y BCG no fueran patrimonio de la humanidad, tal vez se morirían los ricos aunque ellos cuenten con dichas vacunas

10. Este es un momento de necesidad extrema de la humanidad. Dentro de la legislación de patentes existen licencias compulsivas para que otros (además del que patente la vacuna) la puedan fabricar, pero este momento requiere de mucho más que esto, requiere de una muestra de humanidad ante la pandemia.

11. Que se otorguen licencias compulsivas aunque sea para uso doméstico y no para exportación.

Donato Spaccavento es médico sanitarista/Gabriela Szulman es médica anestesióloga