Cuando el presidente Macri se manifestó públicamente a favor del debate por la legalización del aborto, un alto (pero muy alto en serio) dirigente del PRO me dijo al ver mi entusiasmo: "¿En serio creés que se hace porque hay preocupación por las muertes de mujeres pobres en aborto ilegales? Lo único que hay es lo que dicen los focus groups: el aborto sirve para agrietar más la grieta, molestar al Papa "K" y como bomba de humo para hablar de esto y no de la economía. No seas ingenuo. Importa un bledo la muerte de las mujeres que abortan con agujas de tejer. Es la política electoral para ganar, estúpido”.

No puedo dejar de pensar en este veterano hombre que acompañó desde el inicio la carrera de quien en unos días se despide de la Presidencia. Me lo imagino leyendo esto con una sonrisa. No le creí. Casi que hoy debería pedirle disculpas.

La anulación del protocolo Rubinstein sobre el aborto no sólo es la palmaria demostración de que a la gestión Macri jamás le interesó la salud pública de las mujeres, sino que se transforma en una cruel metáfora inapelable del modo de ejercer la política por esta alianza de gobierno a base de testeo aséptico y sin escrúpulos de la opinión del momento con independencia de lo que se siente y piensa con profundidad de las cosas.

No voy a transgredir la reserva de las fuentes y el off periodístico que acepté en su momento. Yo sí creo que vale muy poco el eventual reclamo de los lectores por husmear en las fuentes que con un chisme explicarían más fácil lo que digo ante el compromiso de cómo debe ejercerse el periodismo, que jamás debe transgredir esas normas esenciales. Puedo decir que en el mismo momento en que el encumbrado hombre del oficialismo me dijo lo del bledo de importancia por la salud pública me mostró una encuesta. La legalización del aborto era EL tema para poner en debate y generar polémica y controversia potente. Política electoral. Cero salud pública. Y así fue. El gobierno dijo que daba libertad de conciencia para opinar a sus legisladores aunque con el diario del lunes ya sabemos que castigó a los que se pronunciaron a favor de la ley. Pregúntenle a Daniel Lipovetzky y a los que argumentaron como él.

Macri dijo “debatan el aborto” por convicción de encuesta antes que de conciencia. Y entre ayer y hoy, lo ratificó. Adolfo Rubinstein, degradado a secretario, no hizo más que escribir con precisión lo que el Código Penal prevé para mujeres violadas y en riesgo de salud, lo que la Corte Suprema especificó en el fallo FAL que manda evitar la burocracia pública que engrana la interrupción legal del embarazo y sostuvo lo que la Organización mundial de la salud recomienda para estos caso. El protocolo es la ley, el fallo de la justicia y el decir de los que más saben en el mundo sobre el tema. Macri lo derogó sin más argumento que su capricho y su ignorancia.

La pista la tuvimos con la voltereta presidencial (otra vez de encuestas, no de convicciones) hecha en la campaña para llegar al balotaje besando y bendiciendo pañuelos celestes como nunca había hecho antes. Se ve que el 3% de la derecha de Gómez Centurión lo sedujo más que lo que en realidad piensa. De paso, en serio: ¿Qué piensa Macri sobre el aborto? ¿Lo que dijo hace un año o lo que hace ahora? En todo caso, es preferible (sic) conocer desde siempre la posición religiosa de María Eugenia Vidal que hace primar la teocracia por la república en lugar de este péndulo que se mueve de acuerdo a la encuesta del día.

El papelón de las idas y venidas del protocolo Rubinstein no debe ser mirado desde el supuesto de un funcionario cortándose solo. El problema es que una norma que respeta la ley penal, las capacidades civiles, el fallo de la Corte y los dichos de la OMS es llevada por delante por un presidente que creyó que podía pasar sin que nos diéramos cuenta que lo que hace (esto y tanto más), creyendo que la política se explica en una conteo aritmético con forma de encuesta y no en la defensa y pelea legítima por valores y convicciones profundas. Porque en la vida, y en este tema especialmente, uno debe actuar con sinceridad y fundamento de conciencia y no por ganancia cortita de seguir el porcentaje inescrupuloso de lo que hoy son mayoría y mañana no se sabe. Lo primero, es ideas y pensamientos. Lo otro, chiquita zancada que avanza dos pasos y retrocede 600 en materia de tranquilidad de conciencia.

Macri planteó el debate de la muerte de víctimas de aborto ilegales mirando una encuesta. Cambió su mirada mirando en campaña otra encuesta y derogó el protocolo legal con su vista en otra encuestas. Raro y pobre modo de hacer política chequeando porcentajes con una calculadora. Probablemente no será capaz de ver los índices de conciencia, coherencia y pensar con fundamentos propios dan cero. En este y en tantos temas. Será por eso que se despide del poder como se despide.