(Foto: Adrián Escandar)
(Foto: Adrián Escandar)

La calle Pasteur fue este jueves la cruda expresión de un tajo. Una herida lacerante que parte en dos la vida de los argentinos. 

Sin Mauricio Macri pero con buena parte del Gabinete Nacional frente al doliente palco en el que se conmemoraron los 25 años del atentado a la AMIA, la escasa presencia de referentes de la oposición expuso la irreconciliable fractura con la que convivimos a diario.

A la impunidad que consagra medio siglo de entuertos judiciales se suma la indiferencia de un inmenso sector de la clase política que se quedó en su casa o tomó distancia de los actos, cargando sobre el común de la gente una insoslayable sensación de desamparo.

La firma del Memorándum de Entendimiento con Irán y los episodios que la sucedieron, incluyendo la muerte del fiscal Alberto Nisman, convirtieron el caso AMIA en un hecho maldito para la política nacional.

Si la ausencia de referentes de peso del Frente de Todos tuvo que ver con la necesidad de esquivar un tema absolutamente incómodo para la fórmula presidencial Fernández-Fernández, o si se trató de un gesto más de cobertura política al terrorismo internacional que sembró de sangre y muerte nuestras calles es un tema pendiente de análisis. Lo cierto es que tampoco en el acto de Memoria Activa se hicieron ver dirigentes de peso del espacio que va primero en las encuestas según todas las consultoras. 

No puede considerarse un hecho casual que el candidato Alberto Fernández viviera su día más difícil de la campaña justamente cuando después de declarar como testigo en la causa del encubrimiento que investiga a CFK terminó perdiendo la paciencia y buenos modos con los periodistas que la salían al paso. Enfrentar el peso de las contradicciones con su espacio que continúan latiendo en los hoy indelebles archivos digitales es una misión agotadora.

Los argumentos que discriminan las decisiones políticas erróneas o reprochables de los hechos judiciables son insuficientes para enfrentar las definiciones que demanda una campaña electoral. Tampoco sirve, ni siquiera para salir del paso, diferenciar lo que es lisa y llanamente ilegal,  de lo que se supone una transgresión a la ética. No cuando lo que está en juego es la posibilidad de volver al gobierno. Los argumentos que pueden resultar funcionales para una defensa frente a los jueces de Comodoro Py no convencen para sumar votos entre las almas moderadas que aún vagan en la indecisión electoral.

La campaña sigue, entretanto, acopiando fotos en el book comicial. Los candidatos están aplicados a sumar apoyos a cualquier costo y a desafiar sus propias debilidades e incoherencias.

Con el ánimo retemplado por las últimas encuestas que estrechan la diferencia que los separa de la fórmula K, el oficialismo sigue tejiendo acuerdos. Algunos se oficializan con la imagen de rigor. Es el caso del  "el Adolfo", quien tras la refriega que sostuvo con "el Alberto", en las elecciones de San Luis, fue abducido por "Juntos por el Cambio" gracias a las artes y oficios del incansable Miguel Angel Pichetto. Un voto más en el Senado y un acercamiento de tercer tipo al 22% de los que en su provincia votaron por el hombre que fue presidente por solo cinco días. Cuando la cuenta es tan finita, todo suma.

Convencido de que hay que conseguir una nueva forma de articular consensos para el caso de tener que seguir gobernando, el inefable candidato a vice trabaja de manera subterránea e infatigable en las penumbras del poder abrochando acuerdos que por el momento permanecen en el secreto. Los que conocen de estos esmeros que comparte con el Ministro del Interior aseguran que no les va nada mal. Es más, arriesgan que de en caso consolidarse con un triunfo en las urnas, diciembre los podría encontrar con mayoría propia en el Senado. Un escenario muy sensible para el futuro de Cristina Fernández de Kirchner.

Los datos que arrojan las consultoras más respetadas por el oficialismo hablan de marcada paridad. Si bien algunos prefieren no aferrarse a estos resultados  y esperan una diferencia a favor del Frente de Todos del orden de los cuatro puntos, sostienen que si esto ocurriera permitiría pensar en una victoria en la primera vuelta. Una lógica que transforma la elección de octubre en un balotaje de hecho al 45%.

Para alzarse con la Presidencia en la primera vuelta basta con obtener el 45% de los sufragios. Noviembre exigiría en cambio superar el 50%.  Estos porcentajes se calculan sobre los votos válidos positivos. No se tiene en cuenta el voto en blanco, que si bien expresa una definición política de quien lo emite, termina aportando al que va primero. Una verdadera encerrona para los que no están dispuestos a votar el mal menor en ningún caso.

A tres semanas de las primarias ya todos se concentran en analizar el día después y a partir de entonces es absolutamente clave el  "voto rechazo". ¿Qué está pasando en el universo de los que manifiestan que nunca votaría a CFK o a Macri?

El detalle de los  votos "probables", "difíciles",  "no positivos", o como quiera llamarlos, arroja un dato inquietante. La cantidad de votantes que definitivamente no quieren, en ningún caso, que Macri renueve desciende a 44,6% -en la medición de abril llegó al 49 %-, mientras que los que rechazan el regreso del kirchnerismo aumenta a 48,6%. Esto según la última entrega de Synopsis. Su director Lucas Romero asegura que hoy hay más "anti K" suelto que "anti Macri" buscando dónde poner su voto.

Frente a un escenario de paridad como el que se vislumbr se acentúa la tendencia a optar por el voto útil. Y está claro que en ese escenario lo que definitivamente mueve no es el amor sino el espanto.

Lo que viene para después del 11 de agosto es fácil de imaginar: una campaña negativa a más no poder. De un lado se activará el fantasma del miedo a un continuidad de Macri, del otro el espanto ante un posible regreso de CFK. Ni una línea de líbido puesta en seducir, en encantar, en convencer. El tren fantasma a todo vapor. 

Los comandos deberán repensar sus estrategias y el resto del mundo armarse de paciencia.

A la hora de chapalear entre el voto "probable", "difícil" o "imposible" de acuerdo a la caracterización de los especialistas, Juntos por el Cambio, la lleva mejor. 

Los votantes de Lavagna, Espert y Centurión flotan quedando a tiro de las insinuaciones del oficialismo. En un combo que seguramente marcará por encima del 10% conforma una paquete más que apetecible para los gurúes del macrismo.

Adelantando el curso de los acontecimientos, Miguel Angel Pichetto salió a disparar con munición gruesa. Cuando promediaba la semana se despachó dejando para tener y guardar. "Yo los conozco bien: si ganan, van a poner el cepo y defaultear".

Convencido de que lo que se pone en juego son dos proyectos de país disímiles y contrapuestos, el Senador asegura que "las presiones de La Cámpora obligaron a Alberto Fernández a reivindicar a Kicillof y que esto va a ser una constante".

Tras definir como una anomalía que la vicepresidenta elija su candidato a Presidente, el Senador advirtió que "cuando la centralidad del poder está de un lado y la formalidad del otro, hay conflicto" y que eso ya se ve venir en las tensiones e inconsistencia del discurso en campaña.

Al fantasma del intervencionismo estatal, el cepo y el control de importaciones que sin remilgo alguno revolea Pichetto, desde el bunker de los Fernández le responden con los padecimientos que en el día día de los argentinos genera la economía de Macri, datos de la realidad que permiten amalgamar las tensiones discursivas que atraviesan la fragmentada campaña del Frente.

Cuando ya termina la semana, no obstante, el candidato a Presidente de CFK vuelve a protagonizar otra trifulca con un periodista. Esta vez con un conductor estrella de Cadena 3 en una nota que se transmitía en vivo."Yo entiendo que Ud no me quiere, pero por lo menos disimúlelo", concluyó Alberto F.

Parece que la bajada del manual de campaña visitar medios de comunicación sin mayores reparos no está funcionando. 

Faltan tres meses para octubre. Con este nivel de  tensión y confrontación no hay cuerpo que aguante.