Ayer casi el 70% de los israelíes acudió a las urnas y aunque el partido de derecha del primer ministro actual, Benjamin Netanyahu, el Likud, superó al centrista Azul y Blanco por muy poco, es el bloque de la derecha el que, a todas luces, formará gobierno nuevamente.

La conclusión que se extrae en Israel es que, tras muy contestada campaña electoral, los grandes partidos se bebieron los votos de los pequeños y este fenómeno ha afectado tanto a la izquierda como a la derecha.

Se manifiesta, por ejemplo, en el inesperado batacazo del Partido Laborista, y en la desaparición del Partido Nueva Derecha, recién creado y con dos ministros muy relevantes a su cabeza, el de Educación, Naftali Benet, y la de Justicia, Ayelet Shaked.

Al parecer los israelíes que acudieron a las urnas ayer dejaron a un lado las preocupaciones sobre educación, precio de la vivienda, los embotellamientos, los retos a los que se enfrenta la menguante clase media, y volvieron a votar pensando en su seguridad. Los ciudadanos siguen más preocupados por su vida y menos por su calidad de vida.

Y por mucho que los israelíes se identifiquen con Europa y el modo de vida europeo, el contexto geográfico del Medio Oriente determina cuestiones tan fundamentales como los miedos más básicos y la búsqueda de soluciones más inmediatas.

En el mes de marzo sonaron sirenas antiaéreas en Tel Aviv y un proyectil destruyó una casa en la región central de HaSharon; en el mes de diciembre el Ejército israelí descubrió que la organización terrorista Hezbollah, alineada con Irán, había cavado múltiples túneles transfronterizos desde Líbano para penetrar en territorio israelí; y la permanente agitación promovida por el gobernante de facto en la Franja de Gaza, Hamas, organización terrorista según la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y otros países, afecta gravemente a las comunidades israelíes cercanas a la frontera, y preocupa y asusta a todos los demás israelíes.

La próxima semana, justo antes de la fiesta de Pesaj, la Pascua judía, cuando todos los líderes de partido visiten la residencia del presidente del país, Reuvén Riviln, y este otorgue a uno de ellos la misión de formar gobierno, Netanyahu habrá conseguido ser el primer ministro israelí más longevo, con un quinto mandato.

Y todo apunta a que ese es el deseo de la mayoría, aunque los resultados definitivos se sabrán solo en las próximas 48 horas, cuando se hayan contado los tradicionalmente eclécticos votos de los diplomáticos, soldados, encarcelados y hospitalizados.

La autora es fundadora y directora ejecutiva de Fuente Latina.