Mauricio Macri durante un acto de las Fuerzas Armadas (NA)
Mauricio Macri durante un acto de las Fuerzas Armadas (NA)

Existe una forma de constatar el voto militar: cómo vota el medio centenar de personas que lo hacen en las bases antárticas. De ellos, 9 cada 10 son militares en actividad, de las tres fuerzas y todas las jerarquías hasta el nivel de jefes.

Tanto en 2015, como en 2017, pudo así verificarse que el 85% votó por Cambiemos. Los votantes del sector militar son aproximadamente un millón, comprendiendo el personal en actividad y retiro y parte de su núcleo familiar.

Pero este voto ha abandonado al oficialismo. ¿Los motivos? Falta de cumplimiento de promesas, decepción por la inexistencia de una política militar, la visión "economicista" de la Defensa que tienen sectores del Gobierno, la venta de inmuebles, un ajuste sin precedentes que ha suspendido el racionamiento, entre muchos otros.

El domingo 17 de marzo, en un artículo periodístico, Jaime Durán Barba alertó acerca de que las Fuerzas Armadas no estaban teniendo  la prioridad que era necesario darles para asegurar el monopolio de la Fuerza en manos del Estado. Fue la señal más clara de que el Gobierno ha decidido recuperar este segmento de votantes que ha perdido.

Quienes en el oficialismo tomen las decisiones para recuperar el voto militar deben asumir que sólo un escenario de largo plazo sobre la Defensa puede recuperarlo. Ya no alcanzan los gestos.

Como referencia para un escenario para la defensa de largo plazo, cabe analizar el que ha definido España.

A fines del año pasado se realizó una cumbre en Bruselas para avanzar en la "defensa europea". Se resolvió poner en marcha diecisiete de treinta y cuatro proyectos específicamente europeos en materia de desarrollo militar. España participa en seis de ellos: el primer drone europeo para uso bélico, que debe estar listo en 2025; el nuevo helicóptero de combate Tigre; la organización de puntos logístico de apoyo para operaciones internas y externas; la articulación de una red de centros de excelencia para evaluar capacidades; un plan de protección médica y el proyecto para la protección frente al riesgo químico y nuclear.

Pero España también ha solicitado a Alemania y Francia sumarse como tercer socio al proyecto del "eruocaza" del siglo XXI, que es quizás la iniciativa más relevante en términos militares y tecnológicos.

Se denomina NGWS y está ideado como un avión de combate con piloto, que opera con un "enjambre" de drones, que serán plataformas de armamentos y sensores avanzados. El avión se integrará con el sistema de armas "Combate Aéreo Futuro".

Cabe señalar que la Fuerza Aérea española (denominada "Ejército del Aire") debe sustituir antes de 2025, 20 cazas estadounidenses F-18 desplegados en la base de Gando (Canarias) y hacia 2030 los 65 restantes.

Aunque la decisión formal se toma este año, parece haberse descartado  comprar los casas estadounidenses F-35. Serían sustituidos por los cazas Eurofighter modernizados, de fabricación europea. Esta decisión, es evaluada como práctica y eficiente, para hacer el "puente" entre los aviones que deben salir de servicio en la próxima década, hasta la incorporación del nuevo "caza europeo" del siglo XXI, que llevará décadas.

Pero, paralelamente, el gobierno del socialista Pedro Sánchez incluye en el presupuesto a aprobarse este año tres proyectos para modernizar el equipamiento de las Fuerzas Armadas españolas: la construcción de 5 fragatas F-110, con un presupuesto de 5.000 millones de dólares; la fabricación de los primeros 348 vehículos de combate sobre ruedas para el Ejército (VCR 8×8) con una inversión de 1.800 millones de dólares y la actualización de los cazas Eurofigther, proyecto que requiere 1.200 millones de dólares, que estarían destinados a sustituir a los F-18 estadounidenses.

Se trata de tres proyectos que en conjunto requieren una inversión de 8.000 millones de dólares y que fueron definidos en la Administración del Partido Popular de Mariano Rajoy, demorados en su ejecución por las limitaciones presupuestarias. El gobierno socialista decidió llevarlas adelante, en el marco de una verdadera política de Estado que trasciende el signo político de las sucesivas administraciones.

Se suman a proyectos ya aprobados por 6.500 millones de dólares. Se trata del destinado a modernizar los submarinos S-80 (2.200 millones de dólares); el destinado a  la dotación de satélites de comunicaciones (1.800);  millones); la modernización de los helicópteros Chinook (1.000 millones); y la compra de 23 helicópteros NH-90 (1.600 millones). Si se logra este año la aprobación parlamentaria, la modernización militar española implicará una inversión de aproximadamente 14.600 millones de dólares.

Para un país como Argentina, que busca mejorar su inserción en el mundo, asumir que la política de defensa es un instrumento eficaz para ello es necesario y conveniente. La reciente cumbre Bolsonaro-Macri, mostró cierto vacío por parte de argentina, de proyectos comunes de defensa en el mediano y largo plazo entre los dos países.

Argentina es un país mediano, que no puede tomar como referencia a las grandes potencias como EEUU y China para su política de defensa.

Los problemas no se pueden resolver de un día para otro. Pero definir un escenario de largo plazo, que genere un horizonte creíble, será la única alternativa eficaz para que el oficialismo recupere el voto militar.

El autor es analista político. Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría