Senado de la Nación (Luciano Ingaramo/Comunicación Senado)
Senado de la Nación (Luciano Ingaramo/Comunicación Senado)

Hoy a partir de las tres de la tarde, se empieza a debatir en el Senado un proyecto de ley para el financiamiento privado de las campañas políticas.

Aunque el dato aparece escondido en medio de otras noticias rutilantes, como el comienzo del juicio oral por la ruta del dinero K o el pedido de los gobernadores del Partido Justicialista de 100 mil millones de pesos extras en el presupuesto para compensar el dinero que recibían del denominado Fondo Sojero, se trata de un asunto de altísima relevancia.

El financiamiento de la política explica desde los múltiples procesamientos de la expresidenta Cristina Fernández como jefa de una asociación ilícita hasta los cuadernos de Oscar Centeno, la megacausa de corrupción más importante en toda la historia de la Argentina.

El concepto de que para hacer política se necesita mucha platita fue reproducido por primera vez en público por Rafael Flores, un dirigente peronista de Santa Cruz. Sostiene Flores que se lo escuchó decir a Cristina Fernández durante la última etapa de la dictadura.

Flores defendía a la madre de un compañero a la que el estudio de los Kirchner le había confiscado un televisor por la demora en pagar una hipoteca. En el expediente, Flores había comparado a Kirchner con el Mercader de Venecia.

A la salida de los tribunales, Cristina se lo había echado en cara. Entonces Flores le preguntó: "¿Con qué necesidad hacen ese tipo de cosas?". Y ella, según Flores, le respondió: "Es que nosotros queremos hacer política. Y para hacer política se necesita plata. Mucha platita".

El problema de la platita para hacer política es que su uso no está regulado como corresponde. Para no dar demasiadas vueltas sobre el asunto: los políticos les piden a los empresarios para la campaña. Los hombres de negocios les dan. Pero se lo dan en negro, porque la ley no les permite hacer otra cosa. Entonces los hombres de negocios, además de ofrecer el dinero y condicionar las futuras decisiones de los políticos, les piden a los dirigentes blanquear los fondos como puedan o como quieran.

Las causas que enfrenta Cambiemos por los aportes de la última campaña legislativa en la provincia de Buenos Aires son el ejemplo más acabado. Los responsables de la campaña no tuvieron mejor idea que tomar una lista de afiliados y beneficiarios de distintos planes sociales para adulterar las supuestas contribuciones que en realidad hicieron pequeños, medianos y grandes empresarios. Pero lo que hizo Cambiemos también lo hizo, con mayor o menor cuidado o sutileza, depende de las campañas y de sus distintos jefes, el Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana y otros partidos con aspiraciones de gobernar.

Hasta los responsables de la mafia de los medicamentos enviaron cheques a cambio de impunidad. Lo que reflejó Centeno en los Cuadernos de la Corrupción es otra cosa. O mejor dicho: una especie de financiamiento de campaña permanente, donde decenas de altos funcionarios de los gobiernos de Néstor y Cristina recibían dinero a cambio de habilitar negocios multimillonarios, desde megaobras hasta la concesión de trenes y subtes.

Los hombres de negocios quieren ahora que quede todo registrado. Siguen dispuestos a poner pero no tienen más margen para hacerlo en negro.

El club de millonarios de la política argentina está preocupado porque no encuentra la manera de diseñar una ley que les siga permitiendo cobrar por debajo de la mesa.

Hay que estar atentos a cada artículo y cada palabra del proyecto que se empieza a discutir hoy. Cada punto y cada coma. Hay miles de millones de pesos en juego.