
Joaquín Morales Solá tiene razón. La corrida cambiaria y la posterior devaluación anticipó la campaña electoral de las presidenciales de 2019.
El peronismo, una vez más, olió sangre y se lanza hacia la presa. Todavía no eligió candidato, pero se encuentra "unido en la acción", como los sindicalistas que no son del mismo palo, pero tienen como objetivo debilitar a los gobiernos o la patronal.
Ya no habrá posibilidad ni espacio para acordar o negociar casi nada.
El Gobierno está solo con su minoría parlamentaria. Solo con su capacidad de vetar las leyes que la oposición pretenda. Solo contra una mayoría de gobernadores peronistas que dicen una cosa y hacen otra. Solo con sus ideas y con la peor situación económica y política desde que asumió, en diciembre de 2015. Esto es: con una economía que no crece, una inflación que va en aumento, una demanda que acompaña el descontento social, y sin margen para tomar decisiones que no sean bloqueadas por la oposición.
Uno de los dirigentes más valorados que trabaja en la Cámara de Diputados me explicó ayer que, para colmo de males, Cambiemos se debate entre dos líneas estratégicas.
Una es la del propio Mauricio Macri: mostrar a Cristina Fernández como la virtual jefa de toda la oposición. O, en todo caso, como la única beneficiaria de las acciones del supuesto peronismo racional. Allí apuntó el lunes cuando pidió a los senadores no se dejen llevar por las locuras de Cristina.
La otra es menos belicosa. La fuente la expresa así: "Necesitamos a una parte del peronismo no ya para aprobar leyes sino para garantizar gobernabilidad". El dirigente jura que no piensa en las elecciones del año que viene, porque primero desea "llegar más o menos bien hasta diciembre". Su deseo es terminar con el minué de la discusión de las tarifas cuanto antes, aprovechar el veto para que el Presidente pueda explicar lo mala e irresponsable que es la ley que se acaba de aprobar, dar vuelta la página de inmediato y rezar para que no haya otro salto del dólar.
Peronista, acuerdista y gran analista de las cuestiones de poder, augura un segundo semestre muy difícil, con los sindicatos reabriendo la discusión paritaria, las organizaciones sociales en la calle reclamando una compensación por el aumento del costo de vida y la oposición política desgastando a Macri en particular y a Cambiemos en general, para que llegue a las elecciones del año que viene con la imagen por el subsuelo.
Para las elecciones de octubre de 2019 falta un año y medio. Sin embargo, la competencia electoral acaba de empezar, porque el peronismo vio la luz y se prepara para dar batalla y eventualmente ganar.
El parlamentario de Cambiemos no desborda de optimismo. Pero se jacta de conocer los vaivenes de la volátil opinión pública argentina.
Dice: "Después del verano, en marzo, a la gente le va a cambiar el chip. Quizá entonces se ponga en modo preectoral. Ese será el momento de decidir dónde está parado cada uno. Nosotros corremos con ventaja, porque ya tenemos candidato. El peronismo, todavía no".
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