Al chiste del taxista lo han escuchado muchos y es lapidario. Dice que cuando uno pide "¿Me lleva hasta Callao y Rivadavia?", el conductor responde: "Escondé bien la cartera que por ahí están los legisladores".

Este termómetro crudo y sin duda injusto, da cuenta de una mirada muy crítica sobre quiénes son y qué hacen nuestros legisladores. En una línea un poco más científica y realista que el humor de la calle, los variados índices de confianza en instituciones ubican al Congreso generalmente entre las menos confiables considerando a la iglesia, la policía, el ejecutivo y las Fuerzas Armadas.

El revuelo de las últimas semanas en relación a los canjes de pasajes por efectivo por parte de los legisladores no es más que un granito de arena que contribuye negativamente a alimentar ese humor. Este mismo escándalo se dio también en 2012, aunque en ese caso la información disponible sobre el canje se refería a los senadores. Diputados se había negado a darla. En ese entonces la presidencia de la cámara baja, lejos de mostrar capilaridad frente a los reclamos de los ciudadanos, reaccionó publicando la información que se había negado a hacer pública de los legisladores de la oposición que se habían manifestado a favor de un cambio -solo la de ellos-, la envió a los medios y reunió a esos legisladores para intentar que cambiaran de parecer (entre otras artimañas).

De nuevo hoy hay suficiente consenso -pareciera que solo en la sociedad- sobre que este sistema no es bueno. La práctica de que quien no viaja se queda con el efectivo no se reproduce en ningún otro sector del Estado o fuera de él. Además, carece de los principios más básicos sobre transparencia, rendición de cuentas, justicia, claridad, austeridad, y no está en línea con la racionalidad presupuestaria que pidió el presidente Macri.

Detrás de la práctica de los pasajes se esconde la ausencia de un debate público más amplio sobre los salarios de los legisladores, donde se refleja un sistema de emparches que las sucesivas presidencias de las cámaras no han querido modificar. Los tramos áereos conforman una significativa parte de los ingresos de algunos representantes y este no es el único item cuestionable. Así, los diferentes y variados componentes que integran los salarios de los legisladores hacen que el ciudadano de a pie casi no pueda comprender la composición de la dieta total.

Las sucesivas actualizaciones se dan siempre entre debates escurridizos y rumores sinuosos. Hace unos días concluyó con otra enmienda más: los sueldos tendrán otro nuevo concepto por "movilidad". Otro concepto no remunerativo más, que permitirá a los legisladores elegir entre pasajes o dinero (tendrán que elegir por uno u otro), lo que dificultará aún más la comprensión del contenido de los salarios de los representantes. Se mantendrán los pasajes "innominados" (para ser usados por otras personas, en general empleados), y hay un compromiso -habrá que comprobarlo- de publicar la información de la decisión adoptada en cada caso.

En esencia, esta nueva modalidad no cambia nada.

Se hace cada vez más evidente, en consecuencia, que los legisladores siguen debiéndole a esta sociedad una discusión en serio. De lo contrario, este tipo de decisiones y prácticas podrían reforzar estereotipos como el chiste del taxista.

 

*Directorio Legislativo es la ONG que, tras presentar un amparo en la Justicia, consiguió la información sobre el canje de pasajes de los diputados nacionales en los años 2015, 2016 y 2017 que Infobae publicó en exclusiva.