El 8 de marzo tendrá lugar el Paro Internacional de Mujeres, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tal como lo venimos haciendo hace años, una vez más saldremos a las calles a unirnos en defensa y reclamo por nuestros derechos laborales, económicos, sociales, culturales, a la salud y a una vida libre de violencias, desigualdad y discriminación.

El movimiento de mujeres viene creciendo exponencialmente. En el último tiempo, las movilizaciones masivas y a escala global se han multiplicado, con lo que lograron visibilizar y generar mayor conciencia acerca de las situaciones de injusticia a las que estamos expuestas a diario en todos los ámbitos, solo por el hecho de ser mujeres.

Nuestra lucha hoy marca la agenda de los medios y del Gobierno. ¿Acaso alguien puede creer que el debate por el aborto legal puede ser "habilitado" por un gobierno? El debate fue puesto en agenda gracias a nuestra movilización y al despertar de conciencias que se fue fomentando desde la militancia feminista, a pesar de los distintos gobiernos que durante años hicieron oídos sordos a esos reclamos y ningunearon el debate que la sociedad ya se encontraba dando.

El actual Gobierno no pudo hacer caso omiso al reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito: no por virtudes propias, sino más bien por el arduo trabajo desarrollado por las organizaciones de mujeres que ganaron el espacio público, tan disputado por la sociedad patriarcal.

La supuesta habilitación al debate por parte del Presidente vino acompañada de la propuesta a la consulta popular por legisladores de su mismo espacio político. Queremos dejar algo en claro: ¡los derechos humanos no se plebiscitan! Y, por otra parte, nuestra Constitución Nacional indica que cuestiones de índole penal no pueden ser sometidas a consulta popular.

La falta de una presencia femenina en las fotografías del gabinete ampliado demuestra la falta de coherencia de una posición adoptada más por conveniencia que por convicción. Solo empoderando a las mujeres podremos decir que se afianza el camino a la igualdad.

Este 8 de marzo paramos y nos movilizamos por nuestros derechos, por el aborto legal, seguro y gratuito. La clandestinidad del aborto es la principal causa de mortalidad materna: alrededor de 500 mil mujeres interrumpen sus embarazos y existen cerca de 60 mil internaciones anuales en hospitales públicos relacionadas con complicaciones de abortos mal practicados. La penalización sobrecarga de prejuicios esta práctica, por lo que también se obstaculiza la realización de abortos no punibles y la implementación de protocolos para llevarlos adelante.

La maternidad adolescente pone de manifiesto derechos que fueron avasallados, embarazos relacionados, en muchos casos, con situaciones de abuso sexual. Estos embarazos acarrean mayores riesgos para la salud de las adolescentes. Quince de cada cien nacimientos provienen de adolescentes y, al año, tres mil de los nacimientos corresponden a chicas menores a 15 años.

Lo que está en juego es la vida de las mujeres jóvenes y pobres. Las que gozan de un buen pasar económico también se realizan abortos, pero las jóvenes y las pobres se encuentran más desprotegidas. Al fin y al cabo, todo redunda en un negocio y en una cuestión económica, que pone en riesgo nuestra vida, nuestra salud, nuestra libertad.

Este 8 de marzo paramos y nos movilizamos para denunciar la feminización de la pobreza: porque las políticas de ajuste, la inflación y los desorbitados precios de los servicios públicos, la precarización laboral, la desocupación, la brecha salarial entre hombres y mujeres, nos afectan a todos como sociedad, pero principalmente a los sectores populares; son las mujeres las más perjudicadas.

¿Por qué decimos esto? Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) referidos a la distribución del ingreso, nosotras ganamos un 27% menos que los varones. Ahora bien, si hablamos de los sectores de la economía popular, la brecha salarial aumenta al 40 por ciento. Del 10% de la población más pobre, se observa que las mujeres duplicamos en cantidad a los varones. También superamos el desempleo promedio en Argentina: mientras que el desempleo ronda, según datos del Indec, el 9,2% para el país, el desempleo en mujeres es del 10,2 por ciento.

La desigualdad de género se traduce al mercado de trabajo con mujeres más expuestas a la precarización laboral, menores ingresos, mayor desprotección frente al sistema de seguridad social, mayor explotación.

Lo que sucede en el mercado laboral tiene estrecha vinculación con lo que sucede en el hogar: las tareas de cuidado (trabajo no remunerado) recaen mayoritariamente sobre nosotras. Medido en tiempo, las mujeres dedicamos el doble del tiempo que los varones a las tareas domésticas, y esto impacta directamente al reducir nuestras posibilidades de estudio, formación, empleo, participación social o política, autocuidado, etcétera.

El trabajo de cuidado nos genera una doble jornada laboral y, sin embargo, no se encuentra socialmente reconocido. En los países donde se midió el valor del trabajo doméstico sabemos que equivale a un 20% del PBI, lo que refleja su importancia en la reproducción del sistema de producción actual.

Este 8 de marzo paramos y nos movilizamos porque los femicidios, la expresión más extrema de la violencia machista, se cobra la vida de una mujer cada 30 horas. Somos objetivadas al punto de ser consideradas como propiedad de los varones, quienes se sienten con la autoridad de maltratarnos, violentarnos e incluso matarnos. El femicidio es la punta del iceberg de la violencia machista, es el último acto de violencia realizado por un hombre sobre una mujer cuyos derechos humanos fueron violados sistemáticamente.

Este 8 de marzo una vez más nos paramos cuestionando los roles asignados al género que históricamente nos han ubicado en la esfera de lo privado, en el papel de cuidadoras, mientras los varones ocupan el espacio público, detentan el papel de proveedores, por fuera del hogar.

Este Paro Internacional de Mujeres nos interpela a poner el cuerpo, a ocupar espacios, a movilizarnos como colectivo y a reconocernos en la lucha contra las desigualdades de cualquier tipo para construir una sociedad justa, con garantías de bienestar y dignidad para todas las personas en condiciones de igualdad.

La autora es ex diputada nacional (Partido GEN).