Vuelve la polémica sobre el papel de las Fuerzas Armadas

Resulta llamativo que casi ningún país de la región y del mundo, con gobiernos de izquierda o derecha, se haya dado cuenta de la viabilidad de no tener Fuerzas Armadas. ¡La Argentina siempre a la vanguardia!

El pasado 7 de diciembre el multipremiado escritor Martín Caparrós publicaba en la versión de habla hispana del The New York Times una polémica y aguda nota titulada "Cuarenta y cinco muertes argentinas y el futuro de las fuerzas armadas". A lo largo de su dilatada carrera, el autor no se ha especializado en temas ligados a la defensa nacional y cuestiones de estrategia, si bien no dejan de estar presentes en parte de la monumental obra La Voluntad, en donde, junto con Eduardo Anguita, abordaron la violencia política en los setenta.

Leyendo sus páginas y habiendo transitado la pasada década argentina, uno no puede dejar de recordar a Karl Marx cuando advertía que la historia suele darse primero como tragedia y luego farsa. Caparrós y Anguita ponen en blanco y negro la fase de tragedia. No obstante, allá por fines del 2009 Caparrós le dedicó un par de artículos a la temática de la utilidad y el papel de las Fuerzas Armadas argentinas, con una línea argumental que la reciente nota en el Times solo continúa y refuerza.

De más está decir que la tragedia del submarino San Juan y sus 44 tripulantes actuó seguramente como disparador para volver a la carga con el tema, que se combina con la muerte de un ciudadano argentino de origen mapuche durante una operación de las fuerzas de seguridad siguiendo una orden judicial para poner fin a una ocupación ilegal, en la que aun los partidarios mediáticos y políticos de los infractores admiten que se procedió a lanzar piedras y boleadoras a los prefectos. La Justicia deberá determinar si también hubo intercambio de disparos de armas de fuego, con la dificultad adicional del paso de numerosos días entre el hecho mencionado y cuando se logró que los poderes constituidos de nuestro país pudieron ingresar a la zona para inspeccionarla.

En este punto y poniendo al joven argentino muerto en esa situación en nuestra Patagonia como el muerto 45, Caparrós desarrolla una línea argumental irónica, fina y contundente que seguramente irritó a la izquierda champagne o a los denominados "nacionales y populares", que paradójicamente tienden a ver con buenos ojos el debilitamiento del Estado frente a grupos y fracciones. Nacionalistas raros. Y ni que decir de la amnesia histórica que representa olvidar que el general Juan Domingo Perón puso el nombre de su camarada de armas, el general Julio Argentino Roca, a la línea de trenes que recorre el sur argentino. Sin olvidar la contundencia de las políticas de otro icono de lo nacional y popular como fue Hipólito Yrigoyen durante la agitación en la Patagonia.

Volviendo a los artículos de Caparrós, allá por el 2009 escribí una respuesta que en gran medida sigue plenamente vigente. En la casi década transcurrida, la situación presupuestaria y organizacional de nuestro instrumento defensivo solo tendió a deteriorarse más y más. Todo ello en un contexto de indiferencia de las élites políticas y sociales. Por ello, recordemos qué decíamos en noviembre de 2009 en una nota titulada "El rol de las FF. AA. y la provocación fallida".

 

"En el mes de octubre pasado, el periodista y escritor Martín Caparrós publicó dos artículos en el diario Crítica donde se interrogaba acerca de la razón de ser o la utilidad real de las Fuerzas Armadas argentinas.

Luego de hacer un recorrido sobre el papel histórico que según él mismo han tenido los militares como mastines de los sectores acomodados y poderosos de nuestro país, la derrota de Malvinas, la ausencia de hipótesis de conflictos regionales, sus falencias materiales que los hace impotentes frente a ataques de vecinos y potencias extrarregionales, etcétera, llega a la conclusión de que lo mejor sería terminar con estas instituciones y utilizar su presupuesto en otras áreas como la salud, la educación, etcétera. También considera un contrasentido que nuestros conciudadanos que tienen como profesión y vocación lo militar puedan defender los recursos naturales y estratégicos de la Argentina. Tanto por su falta de equipamiento como por pertenecer a instituciones no ligadas a los grandes intereses populares sino al capital concentrado y transnacional.

Asimismo, reconoce que el mayor proceso de desguace de las Fuerzas Armadas se dio durante el gobierno neoliberal y pro Estados Unidos de Carlos Menem. Paradoja que es rápidamente compensada mediante la idea que si bien las élites capitalistas argentinas y foráneas han abandonado y descuidado a sus viejos aliados militares, sería mejor que estos últimos ya no existiesen por las dudas de que el verdadero poder en la Argentina en algún momento los convoque para reprimir al pueblo y las demandas legítimas de la ciudadanía.

La lectura de ambos artículos me llevó a pensar en un primer momento que se iniciaba un debate en donde desde los más diversos sectores políticos e ideológicos se desencadenaría una catarata de argumentaciones y datos descalificándolos o ponderándolos. Ergo, estaban terminando dos décadas de absoluto descuido de la cuestión de la defensa como política de Estado y luego de tanto tiempo podríamos comenzar a pensar estos temas sin la omnipresencia de los horrores que vivió la Argentina décadas atrás. Sumaba a ello la paradoja de que el disparador de un debate de esta naturaleza no haya sido activado por gente centrista o de derecha, sino una persona que es usualmente identificada con la izquierda del espectro político y no ligado históricamente al análisis y la reflexión sobre este tipo de temas.

Con el correr de los días, me di cuenta de que nada de esto sería así. Ningún funcionario, salvo una salida radiofónica de un secretario de Estado, puso el tema en perspectiva, refutando clara y contundentemente los argumentos del autor de esta propuesta. Los medios de prensa y formadores de opinión que usualmente son encasillados, con o sin razón, como ligados al establishment político y económico tampoco le dieron mayor trascendencia al tema. Ni que decir marchas, cacerolazos, apagones y cortes de calles que son desde hace una década un instrumento tan caro a los sentimientos argentinos frente a temas como aumentos tarifarios, corralitos bancarios, disputas por retenciones agropecuarias, internas sindicales o piqueteras, despidos en fábricas, etcétera. Desde ya que esto no lo esperé ni en el primer momento, pero uno ya tiene el reflejo de que cualquier malestar individual o sectorial se transforma rápidamente en un espectáculo y un drama televisivo para llegar a influir sobre, como diría Giovanni Sartori, "homo videns" y de paso tomar a los otros un rato corto o largo como rehenes.

Por todo ello, a la aislada voz de Martín Caparrós, con una línea argumental que respeto pero que no comparto, sumo otras reflexiones de otra voz aislada. En este caso, la mía y con un sentido contrapuesto.

-Cabría agradecerle al autor por poner el tema de la defensa nacional en el tapete. Paradójicamente, la ayuda para pensar y debatir sobre estos temas claves para cualquier país viene del sector menos esperado, lo que debería en cierta medida avergonzar a los que estamos o nos sentimos con un pensamiento ligado a visiones más convencionales del mundo. O sea, personas como Lula da Silva, que ha lanzado el más importante programa de reequipamiento militar del último medio siglo en Brasil; Michelle Bachelet, que ha continuado con la potenciación de las capacidades bélicas de Chile, luego de haber estudiado temas estratégico-militares en Chile y en los Estados Unidos, haber perdido a su padre en manos de la represión y haber padecido ella misma sus efectos; Tabaré Vázquez, que decidió adquirir cuatro mil fusiles de asalto austríacos de última generación y material bélico ruso y estadounidense. En otros continentes, el propio Nelson Mandela impulsó como presidente una potenciación de las Fuerzas Armadas sudafricanas y de su industria de defensa. Ni que decir de los bolivarianos Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, que han incrementado los gastos en defensa y buscan potencia militar en puestos claves del gobierno y de las empresas estatales.

Resulta llamativo que casi ningún país de la región y del mundo, con gobiernos de izquierda o derecha, se haya dado cuenta de la viabilidad de no tener Fuerzas Armadas. ¡La Argentina siempre a la vanguardia!

-Son el mismo Ejército y la Marina los que dieron a figuras como Enrique Mosconi, Manuel Savio y Perón. Ideas y proyectos que no parecieron seguir los dictados de poderes foráneos.

-Una revisión de los libros y los estudios británicos sobre la guerra de Malvinas no refleja un paseo ni mucho menos. Más de 250 muertos, seis buques hundidos, media decena averiados de consideración. Recientemente, la prensa británica afirmaba que en menos de dos meses de operaciones en Malvinas hubo más muertos y heridos británicos que en casi una década de enfrentamientos en Irak. El plan de recuperación, elaborado en 1977, preveía la ocupación y el retiro de casi todas las fuerzas para dejar solamente un pequeño contingente. En otras palabras, generar un hecho político diplomático que forzara las negociaciones y metiera a los Estados Unidos como articulador de un acuerdo. Como de hecho lo intentó Washington hasta el 24 de abril, con la propuesta de las tres banderas. Luego Leopoldo Galtieri y su Junta cambiaron sobre la marcha. Las unidades más aptas quedaron en Patagonia por la posibilidad cierta de guerra con Chile.

Cabe recordar el debate que se dio entre el almirante Merino y el general Augusto Pinochet sobre la conveniencia o no de entrar en guerra total con la Argentina aprovechando la llegada del Reino Unido al Atlántico sur. Un Chile inmerso en una gran crisis económica y social como la existente en 1982-1983, un Perú firmemente aliado a nuestro país y el peso decisivo de Pinochet llevaron a que se optara por un apoyo indirecto de Santiago de Chile a Londres. Un reciente documental producido por los Estados Unidos y dado en el canal History Chanell sobre la guerra aérea en Malvinas no da la sensación de mostrar ineptos en los militares argentinos.

Cabe conocer o hablar con oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas para ver gente profesional, con múltiples misiones en el exterior y valorados por su trabajo en Chipre, Haití, Kosovo, la frontera entre Ecuador y Perú.

-Al desfile militar en La Matanza, en el 2004, fueron centenares de miles de personas. Tal vez por eso mismo se discontinuó esta práctica. También son masivas las concurrencias a las jornadas de puertas abiertas que organizan la Armada en el Apostadero Naval o la Fuerza Aérea en el Palomar.

Algunos de los mayores reequipamientos militares los han hecho presidentes democráticos como Alvear, en la década del veinte y Perón, en 1974.

-Gracias por poner el tema en el tapete e intentar, lamentablemente de manera fallida, provocar a los sectores centristas y derechistas que tendrían que ser más amistosos hacia las Fuerzas Armadas. Gracias. Piense mal o bien de la utilidad y el papel de la defensa nacional, ojalá otros con igual o distintas ideas lo imiten.

-Los dos artículos han permitido, por omisión y estruendoso silencio posterior, sacar una radiografía, o mejor una tomografía, de la desidia y el desinterés de muchos que dicen valorar el papel de las Fuerzas Armadas en el destino del país. Estas provocaciones por izquierda han desnudado las grandes contradicciones de nuestra dirigencia o "los que mandan", como decía José Luis de Imaz, política y social. En especial, de aquellos que, cuando charlan cara a cara con militares, dicen tener un gran interés en su futuro y el de la defensa de la patria".

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