Hay varios motivos por los cuales la economía argentina no es competitiva. Un Estado excesivamente grande e ineficiente. Una presión fiscal asfixiante que no vuelve al contribuyente en servicios públicos de calidad. Una economía cerrada y altamente regulada. Y también, un mercado laboral inflexible debido a un marco regulatorio anticuado y contraproducente.

Lamentablemente, los sindicatos argentinos no parecen estar muy predispuestos a flexibilizar el mercado laboral. Un mundo crecientemente más dinámico requiere de un mercado laboral flexible que permita un rápido ajuste a nuevas tecnologías y creciente globalización. A lo largo de la historia, el comercio internacional y los avances tecnológicos han creado empleo y reducido la pobreza a nivel mundial, pero estos beneficios no pueden ser capturados y el mercado laboral impide, en lugar de favorecer, el progreso.

Estos efectos se puede ver al comprar dos grandes regiones económicas. Estados Unidos, por un lado, y Europa, por el otro. En términos relativos, Estados Unidos posee un mercado laboral más flexible y menos regulado. Los sindicatos tiene menos poder, los salarios mínimos son menores, es más fácil y menos costoso desprenderse de empleados. Todas estas regulaciones incrementan el costo de contratar empleados. Si el costo del trabajo aumenta, obviamente su demanda va a disminuir. El caso extremo es donde no se permite desvincular a un empleado. Los efectos económicos en cada región económica son claros: Europa posee mayores tasas de desempleo; Europa también posee mayores tasas de desempleo de largo plazo; los sectores más afectados son los de los jóvenes.

Estos resultados no deben sorprender. No es inusual que una ley que busca ayudar a un sector en los hechos termina haciendo más daño que bien. El problema no es sólo que un mercado laboral regulado e inflexible resulte en mayores tasas de desempleo, sino que también produce mayores tasas de desempleo de largo plazo. Esto quiere decir que, una vez desempleado, disminuyen las probabilidades de volver a obtener un empleo antes de que las habilidades se vuelvan obsoletas. Este problema se acentúa al afectar en mayor medida a la población joven, es decir, justamente a quienes más necesitan un trabajo y experiencia.

El impacto social de estas regulaciones pueden tener efectos muy importantes. Los inmigrantes en Europa se ven particularmente afectados. Los potenciales empleadores no tienen información fiables de si los inmigrantes van a ser productivos, si se van a adaptar a su trabajo o tendrán un alto grado de rotación, es difícil evaluar la calidad de sus estudios, etcétera. Los costos laborales de la regulación y las leyes de salarios mínimos dejan a estas personas fuera del mercado laboral. La regulación laboral impide que los inmigrantes puedan sentirse socialmente incluidos. Los conflictos con inmigrantes que se han visto en Europa en los últimos años no son sólo un problema multicultural, también un problema regulatorio.

Para ganar competitividad y en mercado laboral más eficiente y dinámico, es necesario desregular el mercado laboral. Un mercado laboral libre favorece, en lugar de perjudicar. Los beneficios no son sólo económicos, son también sociales.