La Justicia descalza y en pijamas

Silvina Martínez

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La detención del ex vicepresidente de la nación, Amado Boudou, nos sorprendió. Todo indicaba que iba a salir indemne de las investigaciones judiciales. Seguía disfrutando de su fortuna sin justificar mientras recorría los pasillos de los tribunales de Comodoro Py entre indagatorias y audiencias de los juicios orales.

La imagen de Boudou en el banquillo de los acusados era algo habitual y no llamaba la atención de los ciudadanos. Sin embargo, todo cambió y vimos a un Boudou descalzo y en pijama, a punto de ser detenido por asociación ilícita y lavado de dinero.

Inmediatamente recordé las palabras del entonces inspector general de Justicia, en el año 2012, cuando era funcionaria de ese organismo: "Hay que proteger a Amado Boudou y a la oposición, ni a los medios les vamos a entregar nada de la información que piden". El inspector general era militante de La Cámpora, muy ligado a Máximo Kirchner. La Inspección General de Justicia se había convertido, como la Unidad de Información Financiera, la Administración Federal de Ingresos Públicos y otros organismos de control, en medio de presión de opositores y en paraguas frente a los delitos que cometían los funcionarios públicos.

Me negué a ser cómplice y ahí empezó mi calvario. Me despidieron y acosaron durante años. No fui la única, ya que en estos años conocí miles de personas en mi misma situación.

Hoy los principales referentes del kirchnerismo, con Cristina Kirchner a la cabeza, hablan de persecución política y tratan de instalar que en la Argentina se persigue a los opositores. La conducta que ellos tuvieron durante años intentan endilgarla a un gobierno que tiene miles de defectos, pero que no se caracteriza por perseguir a quienes opinan diferente ni interviene en el Poder Judicial. El kirchnerismo reclama garantía de impunidad, creyendo que es un derecho adquirido y que forma parte de la Constitución K.

Como conclusión, no siento ni felicidad ni celebro. Todo lo contrario. Creo que como sociedad debemos replantearnos por qué en el mundo nos conocen por las causas de corrupción y los ex funcionarios detenidos, y no por virtudes o logros. También debemos exigir a nuestros gobernantes y jueces que estas detenciones no sean papelitos de colores y que realmente se avance rápido en las causas de corrupción, tanto en la instrucción como en las condenas. Para que alguna vez podamos ver ex funcionarios pobres y sin la posibilidad de volver a acceder a un cargo público como mejor condena efectiva.

La autora es abogada especialista en empresas, denunciante en causas de corrupción, asesora de Margarita Stolbizer.