Pobreza, consumo de drogas y sustentabilidad deberían ser las preocupaciones de las PASO

Si analizamos que los gobiernos no toman en serio la lucha contra la desnutrición infantil y tampoco abordan con eficiencia el tema del consumo de la droga, estamos yendo hacia una Argentina en la cual sus generaciones de recambio se van diezmando

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La campaña formal para las PASO 2017 comenzará esta semana. Sobre este título hay vértices sobre los que se asienta Argentina. Estos deberían ser tenidos en cuenta por quienes aspiran a protagonizar la política nacional. Por estos días se conocieron tres trabajos de imprescindible lectura. El informe de la Sedronar y el de la UCA sobre drogas y adicciones muestran el incremento sostenido en el consumo y la venta desde el 2001 hasta la fecha. Lo más llamativo es que los estudiantes secundarios, casi en un 75%, ocasional o con cierta frecuencia, consumen. Es interesante destacar cómo el consumo de éxtasis, que en la década del 90 estaba reservado a jóvenes mayores entre 30 y 35 años, pasó en el 2011 a una franja etaria de 16 a 20, con el consabido riesgo de muerte por sobredosis. El inicio del consumo se registra entre los 12 y los 16 años.

También se observa el aumento de la venta de drogas entre el 2010 y 2015, a tal punto que 5 de cada 10 jóvenes identifican en su calle o su barrio un lugar de venta de droga. El 81% de los jóvenes señala que es fácil acceder a cualquier droga ilegal, el 76% de ellos sabe que en su entorno alguien consume. Y un dato aún más notorio es que el 70% afirma que la policía conoce o participa del tráfico de drogas en su barrio. Dos datos más: el 28% afirma que los punteros políticos participan en el negocio de la droga. Finalmente, el 49% tiene un familiar o un conocido que ha muerto por un tema relacionado con la droga. El padre Gonzalo Carbone del barrio La Lata de Rosario me decía: "Los chicos de mi parroquia acceden a la droga y a las armas como al chocolate".

El doctor Marcelo Sain, en su último libro Por qué preferimos no ver la inseguridad…, sostiene que la política sabe que la policía está relacionada con los ilícitos, pero compra gobernabilidad para tener tranquilidad. Cuando ocurren hechos como el asesinato de Candela en Buenos Aires, saben que al tiempo se diluye y termina no perjudicando al político de turno. La política le da autonomía a la policía y le reclama subordinación. Participa en la configuración del narcotráfico. Como la política hoy mayoritariamente tiene puesta la mirada en el corto plazo, este pacto con la Policía y la Justicia le conviene.

En el párrafo superior se alude a la gravitación que tiene la droga en la muerte prematura. Este dato cobra absoluto realismo en los cementerios, en los cuales las parcelas gratuitas se llenan con tumbas de jóvenes que no superan los 35 años.

Si analizamos que los gobiernos no toman en serio la lucha contra la desnutrición infantil como lo hizo Chile, que logró erradicarla, y tampoco abordan con eficiencia el tema del consumo de la droga, estamos yendo hacia una Argentina en la cual sus generaciones de recambio se van diezmando.

La UCA también ha señalado, a través de un informe de su Observatorio de la Deuda Social, que 6 de cada 10 niños y jóvenes hasta 17 años son pobres, con todo lo que ello implica. Todos estos datos convergen en la necesidad de tratar con urgencia y en forma sostenida en el tiempo un problema que no se soluciona con la inmediatez que la política lo trata.

También se conoció el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUDA), en el cual se observa detalladamente lo que debería ser la radiografía del país, dado que marca el grado de desarrollo y su sustentabilidad. Nos encontramos con un nivel desparejo de información, ya que en algunas provincias no hay registros, no hay datos. En el caso de sustentabilidad ambiental, salvo Capital Federal, el resto de los distritos no cuenta con mediciones.

Estos informes desnudan la precariedad de un país que debe ser atendido en sus necesidades. Lo informado por el PNUDA es de vital importancia para que el gobierno nacional intente, a través de sus políticas, lograr una Argentina más equitativa. Esta cronista ha solicitado, y lo sigue haciendo, políticas que tengan como protagonistas a las cadenas de valor, pero sin estos datos vitales; aun si hubiese conciencia de la necesidad, su resultado no sería óptimo. El Plan Belgrano, como el Patagonia, son títulos que además sacian la sed de circunstanciales dirigentes políticos que buscan empleo.

Como se observa, la complejidad de los problemas vitales argentinos excede en tiempo y voluntad la vida de un gobierno. El presidente Mauricio Macri tuvo la oportunidad de abordar estos temas. En su primer día como presidente convocó a las oposiciones. Si aquella foto hubiese tenido el correlato de la acción, aquel triunfo legítimo del 2015 hubiese sido su fortaleza. El consenso para lograr políticas de Estado no debilita a un presidente, lo robustece. El Presidente prefirió quedarse con el triunfo y su ego le impidió obtener la fortaleza. Por eso aplicó respiración artificial a quien estaba vencida y con pronóstico reservado en la política argentina: Cristina Kirchner.

Hoy resulta extraño el hecho político: podría llegar a perder en manos de quien estaba perdida. No es un juego de palabras, es la realidad política argentina. Si en sus primeros cien días de gobierno, el presidente Macri hubiese convocado con generosidad a un acuerdo para lograr un federalismo real, no mendicante y dependiente como el actual, hoy nuestro país estaría debatiendo otros temas.