El presidente Mauricio Macri tiene a mano la garlopa y la está por utilizar a fondo. ¿Qué es una garlopa? Una herramienta que utilizan los buenos carpinteros para alisar o corregir desperfectos, sacar astillas y emparejar lo que está desprolijo.
No se trata sólo de un cambio de nombres. La gente aspira a una sociedad moderna, justa y eficiente. ¿Algún funcionario, sin sonrojarse, podría afirmar que la Argentina alcanza alguna de esas tres condiciones?
Para lograrlo hay que pasar la garlopa gruesa. Entre otros objetivos, hay que reducir el déficit fiscal, bajar la inflación, incrementar los puestos de trabajo, desarrollar planes de ayuda a las pymes y hacer a la Argentina más competitiva.
Una de las cuestiones es reducir la burocracia estatal como un camino para alejar los riesgos de prácticas corruptas ya conocidas. La estructura actual del Gobierno es demasiado grande. Sus dimensiones se incrementaron con este gobierno un 25% más que con el gobierno anterior.
Son caminos para que lleguen realmente las inversiones productivas y no sólo las especulativas, que procuran sumarse a la bicicleta financiera. Los funcionarios insisten en que aquellas inversiones están llegando, pero la verdad es que la gente común no percibe mejoras concretas en sus vidas. Hay déficit de gestión, contradicciones, marchas atrás y en algunos casos mala praxis.
Desde el exterior tampoco se advierte un camino limpio de acechanzas. El reciente rechazo de Wall Street para subir a la Argentina a la categoría de emergente lo demuestra. Previamente hubo consultas con los principales inversionistas planetarios sobre si aceptarían títulos argentinos en sus carteras. La respuesta fue dubitativa en algunos casos y negativa en otros.
Las próximas elecciones PASO pueden arrojar alguna luz en torno del actual humor de la sociedad argentina. Pero Macri, como todo líder, sabe que tiene que mirar más allá de la coyuntura. Seguramente su mirada está puesta en su propia reelección en 2019.
La retórica progresista, rechazada en las últimas elecciones, se ha mostrado incapaz de dar soluciones sustentables. Ahora es el turno de los que dicen tener la fórmula exitosa a partir de la democracia liberal y el capitalismo productivo. Macri está a la cabeza de esa idea. Deberá demostrar que es cierto que conoce el camino adecuado. Para ello sabe que deberá afilar la garlopa.
El autor es periodista. Fue gerente de noticias de Radio Continental y editor de temas políticos en los diarios "La Prensa" y "La Nación". Actualmente es profesor de Periodismo en la Universidad de Palermo.
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