El enigma Ducler

Según JMD, su padre disponía de información sensible que le quemaba las manos y la conciencia y estaba dispuesto a entregarla bajo ciertos resguardos

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Aldo Ducler se suma a la lista de los tantos otros que vagan como alma en pena por una perturbada eternidad. Murió en las vísperas, en circunstancias todavía confusas, llevando consigo lo que una saludable partida recomienda dejar a disposición del reino de los vivos. La crónica de su muerte irrumpió en los portales recién en la tarde-noche del jueves. El financista de los Kirchner, el que custodió el ir y venir de los trajinados fondos de Santa Cruz en su peregrinaje por los bancos del mundo se desvaneció en una vereda del Microcentro por donde caminaba solo.

Sin mayor revuelo o aspavientos lo recogió una ambulancia privada, lo dejaron en hospital Argerich con un hilo de vida, pero expiró de un infarto a poco de llegar. Cuando su familia fue informada, ya había muerto. La noticia que fría a las redacciones.

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Se habló de un intento de robo que le habría producido el letal sobresalto, pero no hay testigos ni evidencias. Conservaba valores y pertenencias y las cámaras de seguridad, que hoy todo lo registran, lo muestran caminando en soledad en el momento en que se derrumba sin más. Ni corrida ni forcejeo alguno alimentan esta hipótesis. Hasta aquí muerte imprevista pero natural.

Fue su hijo, Juan Manuel, quien, en medio del desconsuelo, desempolvó el diabólico fantasma de la duda. Su testimonio convalida una evidencia: la nota dejada en una oficina de la Unidad de Información Financiera (UIF), dirigida al titular de esa unidad, Mariano Federici, con quien pretendieron hablar personalmente sin lograrlo apenas 48 horas antes del deceso. En el papel, que llevaba como firma AD, pedía pista para aportar toda la verdad. Según JMD, su padre disponía de información sensible que le quemaba las manos y la conciencia, y estaba dispuesto a entregarla bajo ciertos resguardos. Reclamaba con urgencia seguridad personal para él y su familia.

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Las amenazas lo tenían, al parecer, agobiado. Si ese estado de cosas, ese apremio por sacarse de encima la carga del ocultamiento, y la eventual consecuencia de su decisión afectó su corazón, quedará como tantas otras cosas en el misterio. A sus 75 llegó habiendo sobrellevado otros tantos avatares. Durante varios años estuvo imputado e investigado en una causa relacionada con el narcotráfico, recién en 2008 quedó afuera de la sospecha de la Justicia.

La comparación con Alberto Nisman no tardó en llegar. Un hombre que sabe demasiado, una presentación ante la Justicia que compromete fuerte al poder y la muerte que irrumpe apenas un rato antes en el país de las "casualidades permanentes", tal como calificaba estos hechos extraños el inefable Carlos Saúl. Lo que AD tenía para contar y documentar y que, al parecer ahora se llevó con él, prometía echar luz sobre el itinerario de los más de seiscientos millones de los sufridos santacruceños.

Una fortuna que vagó por el mundo y que, conforme ahora se sostiene, sirvió para respaldar la compra del 25% de YPF por parte del Grupo Petersen por cuenta y orden del mismísimo Néstor Kirchner sin casi desembolsar plata fresca alguna. Una operación que terminó de mala manera cuando CFK dispuso la reestatización de YPF pagando seis mil millones de pesos a Repsol y dejando en un limbo a los socios locales que marcharon a la quiebra.

Tras una subasta las acciones de los Eskenazi terminan en manos de un fondo buitre replicando litigios todavía en curso. En su escrito ante la UIF, Ducler dijo tener como objetivo central evitar que prospere esa demanda vinculada con un reclamo de cuatro mil millones de dólares contra nuestro país. Hay un legítimo interés de todos por saber.

La muerte de Ducler, natural o confusa, actualiza estas legítimas inquietudes. No es bueno llevarse a otra vida secretos llamados a aliviar el presente y futuro de los que quedan. Tampoco parece muy saludable anticipar sin cuidado que se está dispuesto a hablar. "Ducler tenía la llave de muchos secretos" dijo Graciela Ocaña, quien años atrás integró la comisión bicameral que lo investigó por lavado de dinero a través de su financiera Mercado Abierto. La muerte repentina e inesperada abre otra caja negra que resulta imprescindible investigar.