Las tres lógicas de la gestión creativa

Juan Francisco Gómez

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Podemos identificar tres tiempos cuando deseamos gestionar nuestra creatividad. Cada uno de estos tiempos posee su propia lógica y, por ende, sus propias reglas. Muchos proyectos fracasan en su desarrollo debido a que utilizamos una lógica inadecuada para el momento en el que nos encontramos. Culturalmente, no nos han educado para la lógica creativa ni nos han enseñado sus laberintos y sus atajos.

A la primera lógica podemos identificarla con la figura del explorador. Un explorador que inicialmente recorre el territorio para identificarlo y saber con qué cuenta. Cuando uno explora, no está buscando nada en particular ni se queda en el primer lugar que encuentra. Es la actitud de quien entra en una librería a no buscar nada pero a ver todo. Para desarrollar esta lógica, debemos dejar de lado la ansiedad de querer concretar una idea en particular. Más bien se trata de incorporar una lógica de apertura, de búsqueda y de observación. Despertar la curiosidad y dejarnos guiar por ella. Para lograr esto, tenemos que permitirnos salir de una lógica éxito-fracaso y entender que fallar no es un inconveniente. Si no busco nada en particular, todo se convierte en una posibilidad. Parafraseando un dicho de la filosofía zen: "La mente del principiante ve todo como una posibilidad; la del experto, no".

La segunda lógica se expresa en la imagen del rastreador. Un rastreador comienza a explorar el territorio en búsqueda de indicios que lo acerquen a aquello que está buscando. Dicho de otro modo, una vez que exploré todo el territorio, comienzo a identificar aquello que me sirve y a descartar aquello que no. Pero no sólo esto, sino que también se trata de rastrear hacia dónde me llevan los indicios. Para lograrlo, debemos desarrollar una capacidad de flexibilidad y adaptación frente a las vueltas del camino, pero también mantener una conexión constante con nuestra intuición, para no perder el rumbo.

La tercera lógica tiene que ver con la imagen del cazador. Una vez que identifiqué qué es lo que quiero, no queda otro paso que ir por ello. En esta lógica, es común hablar de éxito-fracaso, porque, al identificar el blanco, solamente resta acertar o no. Esto no significa que debemos comprar al máximo esta forma de ver las cosas, pero sí comprender que, en esta etapa, se habla de lograr nuestros objetivos. Para superar y transitar este momento, debemos tener la suficiente claridad de entender qué nos hizo acertar y qué nos hizo fallar. Y, si hemos fallado, saber reponernos y descubrir si debemos seguir intentando o volver a las lógicas anteriores.

Un gran error que solemos cometer, por lo cual muchos proyectos fracasan, es el de evaluar, con la lógica del cazador, un momento y un tiempo que claramente son de exploración. Al igual que todo en la vida, una idea tiene tiempos de maduración y someter una idea en sus primeras etapas a un juicio exhaustivo es sofocarla. Como sofocamos un fuego que recién comienza al ponerle todos los troncos de una vez. Debemos permitirnos explorar sin juzgar para que nuestra idea crezca lo suficiente, para luego aprender a rastrear sin bloquear la información que se nos devela y, finalmente, elegir si deseamos cazar esa idea o no.

Cada una de estas tres lógicas posee su desafío y sus reglas, identificarlas y respetarlas es la clave para gestionar efectivamente nuestro objetivo de volvernos más creativos y no morir en el intento.

 

El autor es licenciado en Psicología de la Universidad del Salvador y socio de la consultora GOING Coaching & Desarrollo.